HÁGASE TU VOLUNTAD ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO



En efecto, mientras el alma estuvo sujeta a Dios, tan sujeta estuvo la carne al espíritu que no experimentó ni la corrupción de la muerte o de enfermedad alguna ni otras alteraciones; pero desde que el espíritu y el alma, que era el medio entre Dios y la carne, se le rebeló a Dios por el pecado, empezó entonces a experimentar la muerte y las enfermedades, y una continua rebelión de la sensibilidad contra el espíritu. Romanos 7, 23: «Advierto otra ley en mis miembros que resiste a la ley de mi razón»; y Gálatas 5, 17: «La carne tiene apetencias contrarias al espíritu y el espiritu las tiene contrarias a la carne». Así hay una guerra incesante entre la carne y el espíritu, y el hombre continuamente se echa a perder por el pecado.

Sin embargo, la voluntad de Dios es que el hombre sea restablecido en su primer estado, o sea, que en su carne no haya nada contrario a su espíritu: 1 Tesalonicenses 4, 3:»La voluntad de Dios es vuestra santificación» Ahora bien, esta voluntad de Dios no puede cumplirse en esta vida sino que se cumplirá con la resurrección de los Santos, cuando sus cuerpos resucitarán glorificados, y serán incorruptibles y espléndidos: 13 Corintios 15, 43: «Sembrado en la ignominia, resucitará en la gloria». Sin embargo, la voluntad de Dios está en los justos en cuanto al espíritu por su justicia, su ciencia y su vida. Por lo cual, cuando decimos «Hágase tu voluntad» oramos por que eso sea también en nuestra carne. De modo que por cielo entendemos nuestro espíritu, por tierra nuestra carne.

Comentarios sobre el Padre Nuestro y los Diez Mandamientos
Santo Tomás de Aquino

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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