En cuanto Dios, todo lo que tiene el Padre, suyo es (Jn. 16, 15) y puede decir al Padre: Todas tus cosas son mías, y lo mío tuyo (Jn. 17, 10); en cuanto hombre, confiesa que su doctrina no es suya, sino de aquel que le envió (Jn. 7, 16), y además dice: Cuanto a ese dia y hora(del juicio), nadie la conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre (Mc. 13, 32). Ignora lo que no quiere dar a conocer, es decir, no lo sabía para comunicarlo entonces a sus discípulos. Así se dice a Abrahán: Ahora sé que temes a Dios (Gn. 22, 12); que fue decir: Ahora te lo di a conocer, pues, probado en la tentación, quedó el temor patente. Cristo se proponía revelar a sus discípulos este secreto en tiempo oportuno, como lo insinúan aquellas palabras donde habla del futuro como de tiempo pretérito, y dice: Ya no os llamaré siervos, sino amigos. Porque el siervo ignora la voluntad de su señor; pero yo os digo amigos, porque todo lo que oí a mi Padre os lo he dado a conocer (Jn. 15,15). Aún no lo había hecho, pero como lo había, con toda certeza, de ejecutar, habla como de cosa cumplida. Muchas cosas, les dice, tengo aún que deciros, pero no las podéis llevar ahora (Jn. 16, 12). Entre ellas se entiernde el día y la hora
LA TRINIDAD
De Hipona, San Agustín
