El rechazo de la trascendencia
Fue precisamente a partir de este punto crucial que los modernistas de comienzos del siglo XX buscaron destruir la teología católica, conscientes de que, modificándolo, el edificio entero se derrumbaría. Crearon así una confusión resbalosa en torno del concepto de inmanencia, usándolo en sentidos cada vez más amplios, sin nunca apuntalarlo con las clásicas distinciones escolásticas que, al contrario, escarnecían como «intelectualismo». Alimentada por su dinamismo interno, esta confusión tendía a confundir la distinción entre Dios y la creación abriendo, en último análisis, el camino al panteísmo. En su encíclica Pascendi contra los modernistas, San Pío X distingue tres grados de inmanentismo: «Qué opinan realmente los modernistas sobre la inmanencia, difícil es decirlo: no todos sienten la misma cosa. Unos la ponen en que Dios, por su acción, está más íntimamente presente en el hombre que éste a sí mismo; lo cual nada tiene de reprensible si se entendiera rectamente. Otros, en que la acción de Dios es una misma cosa con la acción de la naturaleza, como la de la causa primera con la segunda. Por último, hay quienes la explican de suerte que den sospecha de significación panteísta, lo cual concuerda mejor con el resto de su doctrina».
Los teologos de la liberación retoman la ambiguedad de los modernistas y la agravan ulteriormente. Las versiones originales de la teología de la liberación caían en la segunda categoría de inmanentismo denunciada por San Pío X, el inmanentismo historicista. Algunas versiones más actualizadas llevan el error a las últimas consecuencias, rozando en el tercer grado, es decir en el panteísmo.
Ya vimos cómo la teología de la liberación rechaza la revelación sobrenatural contenida en las Sagradas Escrituras y en la Tradición como fuente de verdad, y se vuelve en cambio hacia las experiencias personales y a los procesos históricos en busca de la palabra de Dios. De ese modo tiende a suprimir la idea de un Dios trascendente, un Dios esencialmente extrínseco a la creación. «Las concepciones clásicas de Dios- escribe Robert McAfee Brown analizando la Tdl- lo describen como omnipotente omnisciente, y lejano de la tierra. Trascendente «es el término usual». Brown contesta esta concepción y propone en su lugar un Dios inmanente en las luchas revolucionarias de los «pobres» y «oprimidos»: «Al contrario, el Dios de aquellos que están empeñados en la opción
preferencial por los pobres es un Dios inalterablemente empeñiado en la causa de los pobres. (…) Si preguntamos [a los teólogos de la liberación]: adónde podemos encontrar a Dios? Responderán:
Mira entre los pobres, mira donde los oprimidos están luchando por su liberación». «Lo que ocurre es un choque entre dos visiones de la trascenderncia divina’, comenta el teólogo y perito conciliar Gregory Baum. Y prosigue: “La piedad tradicional(…) veía a Dios como el Señor supremo por encima de la historia humana. Este Dios estaba disponible a los creyentes sólo cuando Lo buscaban, sea en su interior, sea mirando a lo alto, pero siempre extrínsecamente a la situación histórica concreta en la que vivían. La trascendencia de Dios no tenía ninguna relación con la historia. (…) Contrariamente a ello, la espiritualidad asociada a muchas formas de teología contemporánea sostiene que la trascendencia de Dios es mediada a través de la historia». «El misterio trascendente -concluye Baum- es inmanente en la vida humana y en el cosmos»
Hablando de una inmanencia divina, no más solamente en la vida humana y en la historia sino también en el cosmos, Baum hace ver cuánto el inmanentismo historicista es resbaloso y puede llevar a concepciones que rozan en el panteísmo. Descendiendo por esta rampa, algunos teólogos de la liberación van más lejos en el inmanentisno historicista. Después de haber afirmado que Dios es buscado en la «experiencia de los negros», en la «historia de los negros» y en la «cultura de los negros», como si fuese una energia interior que impulsa la “liberación» del pueblo afroamericano, el ideólogo de la Black Theology of Liberation James Cone adrnite las consecuencias de sus doctrinas: «Me doy cuenta de las posibles distorsiones panteístas de mi análisis. Pero este riesgo debe correrse». Paramejor entender el inmanentismo de la teología de la liberación, conviene echar una mirada a su núcleo doctrinal, antes de examinar las diversas áreas en que se manifiesta.
S. PÍO X, Pascendi Domninici Gregis, 8 setiembre 1907.
Robert MCAFEE BROWN, The Preferential Option for the Poor, in Churches in Struggle. Liberation Theologies and Social Change in North Amnerica, ed. William K. TABB, pp. 10-11
Gregory BAUM, The Christian Left at Detroit, in Theology in the Americas, ed. Sergio TORRES e John
EAGLESON, pp. 417-418
James CONE, A Black Theology of Liberation, p. 30.
