Si alguien no oye mis palabras, no le juzgaré. Pregunto cuál es el sentido de esta sentencia. Quizá haya dicho no lo juzgaré en el mismo sentido que dijo no toca a mí el otorgarlo. Mas ¿qué sigue? No vine a juzgar al mundo sino a salvar al mundo. Luego añade y dice: El que me rechaza y mis palabras no recibe, tiene ya quien le juzgue Aquí todos entenderíamos que alude al Padre, si no dijese a continuación: La palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Luego, ino juzgará el Hijo, pues dice: Ya no le juzgaré, ni le juzgará el Padre, sino la palabra que ha proferido el Hijo? Escucha aun lo que sigue: Porque yo no he hablado de mí mismo. El Padre, que me envió, es quien me dio mandamiento de lo que he de hablar y decir. Y sé que su precepto es vida eterna. Así, pues, lo que yo hablo, lo hablo según el Padre me lo ha dicho (jn. 12, 47-50) Si, pues, no juzga el Hijo, sino la palabra pronunciada por el Hijo; entonces esta palabra del Hijo juzga, no en cuanto ha hablado de sí mismo, sino en cuanto el Padre que le envía, es quien le ordena lo que ha de hablar y decir.
Luego el Padre, cuya palabra es el Hijo, juzga, porque el Verbo del Padre es el mismo Hijo de Dios. No es posible distinguir entre mandato del Padre y Verbo del Padre Mandato y verbo, dijo
LA TRINIDAD
De Hipona, San Agustín
