Una de las víctimas de septiembre fue la desdichada princesa de Lamballe,que había regresado de la emigración para reunirse con los reyes en su desgracia; sacada de la prisión de La Force, y despedazada por las turbas, su cabeza fue llevada al Temple, para que la viera María Antonieta, y de allí al Palais-Royal para mostrársela al duque de Orleans que era su cuñado.Fue él precisamente quien la había iniciado en la Masonería, donde la nombraron Gran Maestra de <todas las logias escocesas
de Francia>>, cuando tal cosa parecía solamente una experiencia apasionante y transgresora propia de espíritus libres que no tenían en cuenta las condenas pontificias Ni el duque ni la princesa podían imaginar, en plena douceur de vivre, que sería un masón el responsable del atroz final de la dama,
Viuda de Luis de Borbón-Penthièvre, príncipe de Lamballe. Dama y amiga de María Antonieta, superintendente de su Casa, regresó de la emigración para acompañarla en las Tullerías; apresada, junto con la familia real tras el asalto al palacio, el 10 de agosto de 1792, acompañó a la familia real hasta la torre del Temple, siendo trasladada días más tarde a la prisión de la Force. Fue asesinada y descuartizada el 3 de septiembre […]>.
Alberto Bárcena, La guerra de la Vendée.., p. 132n.
Claude Dufresne, o. c., p. 272
José Menéndez-Manjón y Frank G. Rubio, La Masoneria: cara o cruz. Conspiradores o benefactores?, Ed. Áltera, 2010, p. 77, en Manuel Guerra, Masoneria…, p. 305
