San Juan 4:46-53
Llegó, pues, otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un cortesano cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm.
Oyendo que llegaba Jesús de Judea a Galilea, salió a su encuentro y le rogó que bajase y curase a su hijo, que estaba para morir.
Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creéis.
Díjole el cortesano: Señor, baja antes que mi hijo muera.
Jesús le dijo: Vete; tu hijo vive. Creyó el hombre en la palabra que le dijo Jesús y se fue.
Ya bajaba él, cuando le salieron al encuentro sus siervos, diciéndole: Tu hijo vive.
Preguntóles entonces la hora en que se había puesto mejor, y le dijeron: Ayer, a la hora séptima, le dejó la fiebre.
Conoció, pues, el padre que aquella misma era la hora en que Jesús le dijo: «Tu hijo vive». Y creyó él y toda su casa
