Castígueme el justo con misericordia y repréndame

Graves dificultades han experimentado los hombres al buscar a Dios en la medida de su debilidad humana y aplicar su inteligencia al conocimiento de la Trinidad, ya sea por parte de la mirada de la mente en afanes de contemplar la luz inaccesible, ya a causa de las múltiples y diversas expresiones de los Libros santos, ante las cuales, a mi entender, el alma ha de humillarse, para que, iluminada por la gracia de Cristo, se adulzore. Los que, disipadas las dudas, Ileguen a la certeza, deben perdonar con facilidad al que en la búsqueda de misterio tan insondable errare. Dos son los defectos, dificilmente tolerables, en el error de los mortales: la presunción antes de conocer la verdad y la testarudez en defender el error una vez de mostrada la verdad. De estos dos vicios, tan opuestos a la verdad ya la reverencia debida a las Escrituras inspiradas, espero verme libre, si el Señor me defiende, como se lo suplico y espero, con el escudo de su bondad (Sal. 5, 13) y la gracia de su misericordia; y prometo no ser indolente en la investigación de la esencia divina a través de la creación visible y de las Sagradas Escrituras.

Estos dos medios se nos proponen a nuestra consideración, con el fin de llegar al conocimiento y amor de aquel que inspiró éstas y creó aquéllas. No vacilaré en exponer mi sentencia, pues amo más el examen crítico de los rectos que temo la dentellada de los impíos. Con alegría su complace la hermosa y modestísima caridad en aceptar la sencillez de la mirada colombina, mientras evita la cauta humildad el diente canino y embota la sólida certeza el filo del error. Prefiero ser criticado por un
cualquiera que alabado por el que yerra o adula. No la crítica el enamorado de la verdad, pues o se censura como adversario o como amigo. Si el enemigo insulta, se ha de tolerar; si yerra el amigo, se le ha de adoctrinar, y si enseña, ha de ser escuchado. La alianza del que desbarra es confirmación del error; la adulación incita y arrastra al engaño. Castígueme el justo con misericordia y repréndame; mas no ungirá mi cabeza el óleo del pecador (Sal. 141,5)

LA TRINIDAD
De Hipona, San Agustín

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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