El pontificado del papa Francisco se abrió en un clima de incertidumbre y de grandes interrogantes sobre el futuro de la Iglesia, pero el sensus fidei que conservamos nos pone la fdelidad a aquella Tradición que únicamente los Pastores tienen el derecho de aclarar y enseñar, pero que todos los bautizados tienen el derecho de guardar y transmitir como la recibieron.
Entre los grandes patronos de la Tradición no se debe olvidar a Santa Teresa la Grande, quien nos transmite una máxima que nos debe confortar en los días dificiles de nuestra vida y de nuestra historia: “Nada te turbe, nada te espante. Todo se pasa, Dios no se muda. Quien a Dios tiene nada le falta: Sólo Dios basta, Estas palabras son un manifiesto de la Tradición. La Tradición no es únicamente la regula fidei de la Iglesia; es también el fundamento de la sociedad. La Iglesia, de hecho, no es únicamente maestra de la Fe sino también de la moral. La moral de una sociedad se expresa en usos, costumbres, hábitos, en una palabra, en una tradición histórica y concreta que refleja la moral divina y natural. La tradición histórica es representada por las costumbres de un pueblo que no son sino las disposiciones morales de una sociedad. Esa tradición es guardada por las familias, por las élites sociales que sienten resonar en el corazón su voz. Y, dirigiéndome a un público brasileño, ¿cómo olvidar el último lamamiento a esas élites, hecho por Plinio Corrêa de Oliveira, en un texto tan actual como lo es «Nobleza y Elites Tradicionales Análogas en las Alocuciones de Pio XIl al Patriciado y a la
Nobleza Romana»
ROBERTO DE MATTEI. APOLOGIA DE LA TRADICION
