Aquellos cobardes que huían vergonzosamente aún en vida de su Divino Maestro, ahora ya nada temen. Todo el poder de los Césares con sus amenazas y suplicios, no será capaz de hacerles callar ni mucho menos de detenerles en SU misión de dar testimonio de lo que han visto. Se les azota y vuelven radiantes de alegría por haber sufrido algo por en Nombre del Señor
Hechos 5,41
