campo de acción en el que el hombre se inventa y reinventa a sí mismo. Así pues, cuando ya no se aprende del pasado, cuando las condiciones de vida se separan cada vez más de todo pasado, más aún, cuando la exigencia estriba en superar constantemente lo pasado, entonces la historia redirige su vista hacia el futuro y busca una lógica inmanente a su propio movimiento en el sentido del progreso El progreso será el modo moderno por excelencia de experimentar el ritmo inmanente al nuevo tiempo histórico de la modernidad. La modernidad es un tiempo de aceleración. Los hombres experimentan la aceleración de sus vidas y sus sociedades. El hiato que las nuevas ideologías producen en las expectativas que ponen en relación pasado y futuro, por un lado, y los cambios producidos al nivel de las experiencias concretas en plazos de tiempo cada vez más acotados, hacen del presente un tiempo efimero en ex tremo. Las experiencias efectivas y las expectativas de futuro se separan cada vez más: el ritmo del tiempo no está dado por lo sucedido, sino por lo que suce derá. La pregunta que surge entonces es hacia dónde se dirige la aceleración: ca dónde se dirige la historia, a dónde se encaminan todos estos sucesos?, ccómo representar su recorrido?
Cuando se supone que el sentido de esa aceleración apunta de modo indefectible hacia una mejora de la condición humana, se tiene a disposición el concepto de progreso. El fin de los tiempos de la escatología cristiana y el movimiento cíclico de la naturaleza se reemplazan, por lo tanto, por una marcha indefinida de progreso histórico. El valor de las historias pasadas se intercambia, a su vez, por pronósticos, planificación social y política, y filosofia de la historia. La historia se convierte, por todo ello, en un punto de convergencia fundamental de las ideologías políticas de la modernidad. El discurso ideológico buscará descubrir la lógica misma del progreso histórico, el mecanismo por el cual se progresa, las vías por las que avanzan los acontecimientos, con el fin de acelerar la locomotora de la historia por medio de la acción política.
No es una casualidad que podamos encontrar en Condorcet, precisamente, uno de los más claros ejemplos al respecto. Este se concibe a sí mismo como un continuador de Turgot, Price y Priestley en esta materia al escribir, en 1794, su Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano. La revo- lución se come a sus hijos, y Condorcet no será una excepción: este texto fue escrito mientras el filósofo se escondía de los jacobinos, con quienes se había enfrentado por criticar su proyecto de Constitución. Muy poco después sería encontrado y encarcelado, y terminaría muriendo preso en circunstancias todavía discutidas
Globalismo, ingeniería social y control total en el Siglo XXI. Agustín Laje


