Evangelio

San Mateo 20:1-16
«En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: `Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.’ Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontar a otros que estaban allí, les dice: `¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’ Dícenle: `Es que nadie nos ha contratado.’ Díceles: `Id también vosotros a la viña.’ Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: `Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.’ Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: `Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.’ Pero él contestó a uno de ellos: `Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.»

Palabra del Señor

Delante de Su Majestad y con limpia conciencia



Tengo por una de las grandes mercedes que me ha hecho el Señor este ánimo que me dio contra los demonios. Porque andar un alma acobardada y temerosa de nada sino de ofender a Dios, es grandísimo inconveniente. Pues tenemos Rey todopoderoso y tan gran Señor que todo lo puede y a todos sujeta, no hay qué temer, andando -como he dicho- en verdad delante de Su Majestad y con limpia conciencia. Para esto, como he dicho, querría yo todos los temores: para no ofender en un punto a quien en el mismo punto nos puede deshacer; que contento Su Majestad, no hay quien sea contra nosotros que no lleve las manos en la cabeza. Podráse decir que así es, mas que quién será esta alma tan recta que del todo le contente?, y que por eso teme. -No la mía, por cierto, que es muy miserable y sin provecho y llena de mil miserias. Mas no ejecuta Dios como las gentes, que entiende nuestras flaquezas. Mas por grandes conjeturas siente el alma en sí si le ama de verdad, porque las que llegan a este estado no anda el amor disimulado como a los principios, sino con tan grandes ímpetus y deseo de ver a Dios, como después diré o queda ya dicho: todo cansa, todo fatiga, todo atormenta. Si no es con Dios o por Dios, no hay descanso que no canse, porque se ve ausente de su verdadero descanso, y así es cosa muy clara que, como digo, no pasa en disimulación

El libro de la vida (1565) Santa Teresa de Jesús

En nombre de la diosa razón



Se ha producido aquí un giro sorprendente, un movimiento dialéctico notable. El concepto de despotismo como dominio arbitrario de los pocos sobre los muchos encuentra su motor en el concepto de privilegios; los privilegios surgen a su vez, de la ausencia de igualdad ante la ley que es intrínseca a un sistema estamental; la justificación de un ordenamiento social de estas caracteristicas se ha apoyado en la tradición y la historia. Frente a esta ecuación, se propone una que, empezando por la inversión del último término, modifique consecuen temente todos los demás: deshagámonos de la historia, olvidemos cualquier tradición, postulemos un hombre abstracto y, sobre esa base presuntamente <natural, y a partir de la razón que subsiste como principio de unificación universal, construyamos un nuevo orden basado en la igualdad formal. Lo que se tendrá como resultado es una relación de identidad entre el pueblo y la nación: el pueblo es la nación, porque la nación no es más que la asociación de individuos jurídicamente iguales. Esta definición jurídica determina la existencia de un todo homogéneo al que las voluntades particulares deben someterse. Los grupos intermedios necesariamente aparecen como facciones peligrosas en la medida en que representan voluntades distintas de las del todo. La organización de ese todo y su destino quedarán bajo los dictados de la razón de aquellos individuos que reclaman para sí las luces.

Por el momento, esos individuos curiosamente no son muchos. Más bien son una minoría. De ahí que Condorcet tuviera que reconocer con amargura que

<las luces no ocupan en el globo más que un espacio reducido>,

pues <el número de los que realmente las poseen desaparece ante la masa de los hombres entregados a los prejuicios y la ignorancias. Las minorías continuarán gobernando a las mayorías. Pero ya no lo harán por nacimiento, sino por detentar las ideas correctas>. El despotismo ha sido desafiado por los revolucionarios franceses, pero solo para regresar con un disfraz distinto; ha sido aparentemente destronado, pero solo para adquirir una nueva forma posible. Los hombres seguirán teniendo amos, solo que ahora esos amos Ies daran sus ordenes en nombre del pueblo y, sin mediaciones ni límites tradicionales, en nombre de la <diosa Razón>

*Dice Condorcet que <el fin del arte social> es <el de identificar el interés común de cada hombre con el interés común de todos>. El <arte social> debe <destruir esta oposición aparente> (Condorcet, Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano, p. 241)

Condorcet, Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espiritu humano, p. 220

Natasha Vita More y FM-2030



Las universidades fueron el tltimo bastión que los transhumanistas comenzaron a ocupar a inicios de los setenta siendo el académico estadounidense de origen iraní, Fereidoun M. Esfandiary, uno de sus primeros representantes. Dedicado al estudio del futurismo, enseñó esta materia en universidades de California, Florida y Nueva York. Esfandiary – quien cambió su nombre legalmente a FM-2030 – no tuvo tapujos en declararse públicamente transhumanista. En su libro ‘Up-Wingers: Un manifiesto futurista’ (1973) ratificó sus convicciones y resaltó la labor de todos los científicos y personas comprometidas con la transformación de la naturaleza humana. En sus aulas se formaron grupos de estudiantes universitarios que fundaron diversas organizaciones transhumanistas durante la década de los setenta y ochenta. La Universidad de California en Los Angeles se convirtió en el epicentro de esta subcultura donde comenzaron a debatirse las dimensiones políticas del transhumanismo. Junto a la artista estadounidense Natasha Vita More, quien en 1983 publicó uno de los primeros manifiestos transhumanistas, FM-2030 participó activamente en estos eventos estudiantiles. Cabe destacar que en 1983 se fundó la Universidad para el Avance de la Tecnología en Arizona, institución en la cual Vita More es actualmente profesora. En 1989, FM-2030 publicó ‘:Eres transhumanista? donde identificó el uso de prótesis, la fertilización in vitro (FIV), la androginia el ateismo y el rechazo al concepto de familia como elementos típicos del transhumanismo. Paso a paso, gracias a sus aportes, el movimiento comenzó a adquirir mayor presencia en la academia

Neo entes: Tecnología y cambio antropológico en el siglo 21. Miklos Lukacs de Pereny

Oración

Me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones

Evangelio

San Mateo 20:1-16
«En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: `Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.’ Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontar a otros que estaban allí, les dice: `¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’ Dícenle: `Es que nadie nos ha contratado.’ Díceles: `Id también vosotros a la viña.’ Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: `Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.’ Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: `Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.’ Pero él contestó a uno de ellos: `Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.»

Palabra del Señor

¿Qué es una excepción?



Hay quien objetará que ya existen excepciones y que la Iglesia latina ha ordenado sacerdotes a hombres casados que siguen viviendo more uxorio con sus esposas. Sí, se trata de excepciones en el sentido de que esos casos se deben a una situación particular que no debe repetirse. Eso es lo que sucede con los pastores protestantes casados que se ordenan al ser recibidos en plena comunión con la Iglesia. Las excepciones, por definición, son transitorias y constituyen un paréntesis dentro del estado normal y natural de las cosas. No es ese el caso de una región remota con escasez de sacerdotes. Su singularidad, no constituye un estado excepcional. Esta situación la comparten todos los países de misión, e incluso los países del Occidente secularizado. Una Iglesia naciente, por definición, sufre la escasez de sacerdotes. Esa fue la situación de la Iglesia primitiva que, como hemos visto, no renunció al principio de la continencia de su clero. La ordenación de hombres casados, aunque hayan sido hasta entonces diáconos permanentes, no es una excepción, sino una brecha, una herida infligida a la coherencia del sacerdocio. Hablar de excepción significaría un abuso del lenguaje o una falsedad

La falta de sacerdotes no puede justificar tal brecha, porque  -lo repito no se trata de una situación excepcional. Es más: la ordenación de hombres casados en las comunidades cristianas jóvenes impediría suscitar en ellas vocaciones de sacerdotes célibes. La excepción se convertiría en un estado permanente perjudicial para una noción correcta del sacerdocio. Por otra parte, afirmar que la ordenación de hombres casados solucionaría la penuria de sacerdotes no es más que una ilusión. Así lo senalaba ya san Pablo VI: <No se puede asentir fácilmente a la idea de que con la abolición del celibato eclesiástico crecerían, por el mero hecho y de modo considerable, las vocaciones sagradas: la experiencia contemporánea de la Iglesia y de las comunidades eclesiales que permiten el matrimonio a sus ministros parece testificar lo contrario>. El número de sacerdotes no aumentaría de forma notable. Lo que sí quedaría indefinidamente enturbiada es la auténtica noción del sacerdocio Con miras a la ordenación de hombres casados, algunos teólogos se han planteado incluso una adaptación del sacerdocio que lo reduciria a la mera administración de sacramentos. La propuesta que pretende separar los tria munera (santificar, enseñar, gobernar) está en total contradicción con la enseñanza del Concilio Vaticano II, que afirma su unidad sustancial ( Presbyterorum Ordinis, 4-6). Este proyecto teológicamente absurdo evidencia una concepción funcionalista del sacerdocio. Junto con Benedicto XVI, nos preguntamos cómo vamos a poder esperar vocaciones si adoptamos esta perspectiva. Y qué decir de la propuesta de yuxtaponer un clero casado y un clero célibe?: Se corre el peligro de que se instale entre los fieles la idea de un alto clero y un bajo clero

PABLO VI, Encíclica Sacerdotalis Caelibatus, 24 de junio de 1967, ne 49

FRITZ LOBINGER, Qui ordenner? Vers une nouvlle figure de prêtres IiA quiến ordenar? Hacia una nueva figura sacerdotal), Lumen Vitae, 2009

*En 1873, el obispo de Bérgamo, Mons. Pierluigi Speranza, quiso pasar de una pastoral de la visita a una pastoral de la presencia en los caserios y aldeas de montaña, y decidió dotarlos a todos de un sacerdote residente extraido de la comunidad local. En quince años fueron ordenados ciento cincuenta hombres maduros, viudos o solteros, después de proporcionarles una formación rudimentaria en un seminario específico. En 1888 la experiencia quedó interrumpida, ya que el pueblo cristiano sentia un profundo desprecio hacia esos sacerdotes que, en su mayoría, no confesaban nunca.

Intolerante y retrógrado, terminando por aterrizar en el ostracismo más impopular



Pero lo cierto es que la Leyenda Negra comenzó mucho antes, en la figura de González Montano (un seudónimo), fraile apóstata huído de España, con su Algunas Artes de la Inquisición, descubiertas y sacadas a la luz, publicado en el año 1567. Sobre éste se expide Pérez Villanueva: «Tuvo un gran éxito en Europa, porque servía a la lucha político-ideológica planteada, y ello le aseguró repetidas reimpresiones, relaciones populares, estampas, grabados, libros imaginativos» añadiendo que: «sirvió de fondo a la leyenda, alimento de los datos que convenían a toda una literatura hostil, hasta que Llorente publico su libro ..] Montano, que dispone de su propia experiencia, no utiliza documentación, no conoce la cuestión juridica y describe con prolijidad la tortura y los tormentos Ataca particularmente al Santo Oficio cuando se trata de protestantes, y lo disculpa cuando se trata de moriscos y judaizantes»

En el año 1559 se había publicado una narración novelada de un tal Francisco de la Mina, titulada My escape from the Auto de Fe at Valladolid -refiriéndose al más famoso Auto de Fe del siglo-, logrando varias reediciones hasta el siglo XX. En el mismo año, John Fox, un protestante exiliado de Inglaterra, había publicado un panfleto de nombre The Book of Martys -al que el mismo historiador judío Cecil Roth reconoce como «tremenda exageración» , en el que incluia como mártires a reconocidos criminales y hombres ignotos que nada habían tenido que ver con el martirio

Otro de los pioneros de la Leyenda Negra fue el agente inglés y protestante- ex secretario de Felipe II Guillermo de Orange, publicando en el año 1580 su Apología. El combo de difamadores se completaría con los trabajos de Bartolomé De las Casas -supuesto defensor de los indigenas- y Antonio Pérez, otro antiguo secretario de Felipe II. «Qué no se ha dicho de De las Casas y sus graves imprecisiones, por no hablar de palmarias mentiras? Es notable el descrédito universal de su conocida Brevísima relación de la destrucción de las Indias, cual ha servido de alimento a la leyenda negra en América. Tomemos la opinión del erudito francés Jean Dumont: «Ningún estudioso que se precie puede tomar en serio sus denuncias extremas». Luciano Perena, profesor de la Universidad de Salamanca, dice: «Las Casas se pierde siempre en vaguedades e imprecisiones No dice nunca cuándo ni dónde se consumaron los horrores que denuncia, tampoco se ocupa de establecer si sus denuncias constituyen una excepción. Al contrario, en contra de toda verdad, da a entender que las atrocidades eran el único modo habitual de la Conquista». No es un dato menor que haya sido, paradójicamente, De las Casas quien bregó por la instauración del Tribunal de la Inquisición en América, siendo además uno de los principales promotores del esclavismo de africanos en América. «Arma cínica de una guerra psicológica», es como define Pierre Chaunu al uso que las potencias protestantes hicieron, muy especialmente, de la obra de Las Casas. Cita Alec Mellor un caso interesante -más que nada por su procedencia; una revista masónica-: el de un panfleto publicado en el siglo XVIII por un masón inglés llamado Coustos, donde se quejaba por haber sido torturado por la Inquisición durante un viaje a Portugal. El redactor no sólo tiene el relato por exagerado sino que también advierte que había sido investigado en razón de un asunto de robo de alhajas (por tanto, no había sido torturado ni procesado por la Inquisición). «El favor del rey francmasón Jorge II de Inglaterra permitió a Coustos interesar al público inglés en sus pretendidas desgracias y el escándalo levantó gran ruido»

Empapado de esta tradición llorentezca ideará Dostoiewsky a su feroz inquisidor, el norteamericano Edgar Allan Poe su poema El Pozo y el Péndulo, Federico Garcia Lorca su La Casa de Bernarda Alba, Vicente Fidel López su Novia del Hereje, Umberto Eco su El Nombre de la Rosa y Marcos Aguinis su Gesta del Marrano por mencionar algunos de los más notorios. A su vez, por efecto multiplicador, se irán publicando más y más obras de mismo tinte, algunas de las cuales se convertirán prontamente en best-sellers,.

Sin perjuicio de abundar demasiado en este tópico, algo más se debe decir sobre la ficción como instrumento de propaganda. La insistencia en este tema tan particular, que a algunos podrá resultar molesta, irrelevante o incluso alejada de la temática propuesta, se justifica sobradamente si se entiende que la imagen equivocada que durante algunos siglos ha perdurado sobre la Inquisición no corresponde a la realidad o a la evidencia científica,  No se descubre nada nuevo advirtiendo que las leyendas negras deben más éxito a las ficciones literarias que a los malos libros de historia. La literatura, más asequible y dinámica, logra penetrar en el pueblo llano, donde no llegan, generalmente, ensayos como los de Llorente, Amador de los Rios o Lea, que no despiertan interés más que en ciertos círculos intelectuales adversos a Roma La novela de ficción bien tratada, atrae magnéticamente la atención del lector común, que encuentra en ella suspenso, misterio, adrenalina, personajes extraordinarios y «falsedades emocionantes», tejidas y entremezcladas con precisión de orfebre, ensambladas simétrica y discretamente, con porciones verdaderas y falsas de la historia, aun con la pretensión de cierto cientificismo. A tal punto logrado, que el lector termina por creer íntimamente que ha leído no una simple historia, sino verdadera Historia, aunque novelada.Se le impone de esta forma, por medio de la novela de ficción, un conocimiento sesgado, ideológico, dirigido, a menudo sin que siquiera se percate

Si la intención de estos novelistas fuera la de la difamación, se puede decir que la efectividad de esta metodología es casi perfecta, pues no ofrece demasiados flancos descubiertos. Permite tanto al autor como a la obra emerger siempre airosos ante cualquier acusación u observación que se les hiciera. Si
el historiador de oficio les criticara sus inexactitudes históricas, ellos siempre podrán argüir que se trata tan sólo de una novela de ficción. Si el fiel de determinada religión les criticara cierta animosidad o ensañamiento contra su fe, le responderán lo mismo que a aquellos moralistas que les achacaran incurrir en la apología al delito o la perversión: «Es una novela», En resumidas cuentas, pareciera que todo es válido so pretexto de la ficción y libertad literaria. Su impunidad no conoce límites

El problema, en rigor, no es tanto la mentira o el error en sí, en tanto se detecte; lo cual, en verdad, no sucede muy a menudo. Indudablemente, quien descubra y denuncie el embuste llevará sin dudas la peor parte, tanto más si su razón fuera mayor. A lo menos será tildado de intolerante y retrógrado, terminando por aterrizar en el ostracismo más impopular (que para el escritor resulta poco menos que el infierno). Por esto mismo, no son muchos los dispuestos a «echar por la borda» Su prestigio, merecido no, denunciando este tipo de atropellos culturales y sus naturales consecuencias sociológicas. El objetivo primordial de quienes así proceden es infundir en el lector un profundo sentimiento de animadversión hacia la Iglesia, y al católico, vergüenza y rechazo. Pero hay un también un objetivo mínimo y básico, que siempre es el mismo: sembrar confusión e inquietud sobre aquellos asuntos en los que no debiera haber ninguna duda ni discusión

Un claro ejemplo de la influencia y el efecto que este tipo de obras pueden suscitar en las sociedades es sin dudas el conocido best-seller El Código Da Vinci, de Dan Brown. Sobre éste, la Foundation for a Christian Civilization, en un conocido opúsculo donde lo refuta sintéticamente, advierte lo que veníamos diciendo: «Personas que nunca hojearían un libro de instrucción religiosa, con frecuencia sí están más que dispuestas a leer una novela en la cual, en medio de suspenso, la aventura y el misterio, un novelista propaga los principios y la historia de una religión. Atrapados por la excitación de la trama, tales lectores asimilan fácilmente, al menos, partes del mensaje religioso del libro [.. El Código Da Vinci es precisamente uno de esos libros [.. Su mensaje es gnóstico y anticatólico». Observan sus autores cómo la ficción ha servido de arma contra el cristianismo durante mucho tiempo, advirtiendo (especialmente a los católicos): «Que El Código Da Vinci sea presentado como una ficción no disminuye la gravedad de : SUS afirmaciones y falsedades blasfemas contra la Iglesia Católica»

Consultar ensayo de Pérez Villanueva/ Escandal Bonet, Historia de la Inquisición en España y América, T. I.

Cecil Roth, La Inquisición española., Martínez Roca, Madrid, 1989, p.21. El reconocido académico norteamericano Edward Peters (Inquisition, University of California Press, Berkeley, 1989) se refiere a la Inquisición como «invento de los protestantes». Dice: «Todos eran mártires para los protestantes, hasta los criminales más alevosos»,

*Recuerda, entre otros, el historiador español Antonio Sánchez Martínez, que fue justamente Bartolomé de las Casas uno de los primeros que maltrató a los indios, y años más tarde, ya como sacerdote arrepentido, introdujo la Inquisición en América, en contra del parecer del emperador Carlos V. Señala incluso que fue De las Casas el inventor de la esclavitud moderna cuando, compadecido de la debilidad de los indios del Caribe, convenció al emperador de que sería conveniente traer negros de África, más resistentes, para sustit uir a los indios en las tareas más pesadas. Antonio Sánchez Martínez, ob. cit., p.13.

*Consultar ensayo de Pérez Villanueva ya citado (Historia de la Inquisición en España y América, T. I). Un conocido libelo (mas bien panfleto) de la época fue el de Luis de Páramo, en el siglo XVI, De origine et progressu Sanctae inquisitionis. El estudio recién citado de Pérez Villanueva y Escandall Bonet provee de una completísima lista de casi todos los libelos, folletos y panfletos anticatólicos y antiespafoles. Entre fines del siglo XVII y principios del XIX publicaría Juan Antonio Llorente – apostata y traidor a su patria- su Historia de la Inquisición española, escrita, en su mayor parte, gracias a los cuantiosos archivos que robó del tribunal cuando cumplia funciones como Secretario del Santo Oficio. Tiempo después, lejos de devolver la documentación, la venderá a cambio de un dineral al Museo Nacional de Francia (hecho debidamente documentado en HIEA). El mismo Llorente admitirá luego haber quemado gran parte de la documentación de la que dijo haberse servido para confeccionar sus voluminosos tomos -procurando deshacerse así de la documentación que no cuajaba a su tesis de un «tribunal sangriento» . Hay que mencionar también los notables prejuicios de las Cortes de Cádiz; a
quien refutará valientemente, mediante sus «cartas críticas», el padre Francisco Alvarado de 1824. Bastante tuvo que ver sin dudas un libelo publicado un año antes (1811) en la misma ciudad, de título La Inquisición sin Máscara, a la que podemos sumar el conocido panfleto Cornelio Barroquia, también publicado en tiempos de la invasión napoleónica en España. Durante la segunda mitad del siglo xIx encontramos libelos de menor importancia como la de Julio Melgares y su Procedimientos de la Inquisición. La línea detractora del siglo XIX estaría marcada principalmente por Llorente, seguida a principios del XX por Lea y Sabatini entre los más notorios. Algunas décadas después surgirán obras de mismo tinte, como aquellas de Thomas Hope y Cecil Roth. Entre los denominados apologistas encontramos en el siglo XIX las «cartas» del prestigioso Conde Joseph de Maistre. En esta línea reivindicatoria del tribunal debemos mencionar los profusos trabajos del Padre Fidel Fita, Jaime Balmes, Orti y Lara, De la Pinta Llorente y del santanderino Menéndez Pelayo con su eximia Historia de los Heterodoxos españoles. Alrededor de la primera mitad del siglo XX habían surgido ya grandes trabajos como los de Bernardino Llorca y Thomas Walsh, sin dejar de lado al dominico argentino Tomás Baruta. Sin dudas, una obra de gran valor, por su procedencia y ciencia, será la del prestigioso historiador Ernst Schaefer, de principios del siglo xx

Dice Henry Kamen: «Fray Bartolomé de las Casas suplicaba al Cardenal Cisneros en 1516 que mandara enviar a aquellas islas de Indias la Santa Inquisición. El propio Las Casas proclamo una Inquisición particular en su diócesis de Chiapas» (Ver La Inquisición española, Ed. Aguilar, Madrid, 2003)

Publicado en The speculative mason, 1934, p.293. Cit. en Alec Mellor, La Tortura, Editorial Sophos, Buenos Aires, 1960, p.99.

*Como «malos» nos referimos a aquellos libros, aun los medianamente documentados, escritos desde el prejuicio y la animadversión personal del autor. No podemos decir sin injusticia, que los trabajos de Lea, Llorente y Amador de los Rios sean meramente panfletarios. No está en duda la capacidad intelectual de estos hombres, no obstante resulta evidente en casi todo el desarrollo de estas obras la tendenciosidad e irresponsabilidad con que son tratadas cuestiones fundamentales. Un claro ejemplo de esto son las graves omisiones en las que incurren, citando, por ejemplo, fuera de contexto a sus fuentes, truncando documentos y eligiendo de la documentación sólo aquellos procesos que le son convenientes, ignorando todo el resto. Por eso decimos que son «malos libros», pues no basta a una obra, para ser considerada científica, la transcripción de ciertos documentos.

*Una maniobra muy común de quienes así proceden, es, por ejemplo, dotar al personaje central, «el bueno, valiente y popular», de ciertos vicios contranatura, haciéndolos ver como algo «bueno»

Información tomada de En Oposición al Codigo Da Vinci, realizada por The Foundation for a Christian Civilization Comitee on American Issues, The American Society for The Defense of Tradition, Family and Property (Pennsylvania, 2006). Editada en Argentina por la Fundación Argentina del Mañana, El Alba Editores, Buenos Aires, 2006, pp.7-14

Consecuencias similares trajeron las ficciones de Victor Hugo y Alejandro Dumas

Oración

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón

Evangelio

San Mateo 20:1-16
«En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: `Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.’ Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontar a otros que estaban allí, les dice: `¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’ Dícenle: `Es que nadie nos ha contratado.’ Díceles: `Id también vosotros a la viña.’ Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: `Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.’ Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: `Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.’ Pero él contestó a uno de ellos: `Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.»

Palabra del Señor