Evangelio

San Marcos 6:27-56
Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura. Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.» Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas Era ya una hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: «El lugar está deshabitado y ya es hora avanzada. Despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer.» Él les contestó: «Dadles vosotros de comer.» Ellos le dicen: «¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?» Él les dice: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.» Después de haberse cerciorado, le dicen: «Cinco, y dos peces.» Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba. Y se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los fueran sirviendo.También repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron. Y recogieron las sobras, doce canastos llenos y también lo de los peces. Los que comieron los panes fueron cinco mil hombres. Inmediatamente obligó a sus discípulos a subir a la barca y a ir por delan-te hacia Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar. Al atardecer, estaba la barca en medio del mar y él, solo, en tierra. Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo. Pero ellos, viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, pues todos le habían visto y estaban turbados.Pero él, al instante, les habló, diciéndoles: «¡Ánimo!, que soy yo, no temáis.» Subió entonces junto a ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos, pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada. Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.

Oración

Fieras y ganado, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos

Evangelio

San Mateo 5:43-48;6:1-4
«Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

estudio científico

El estudio científico hace tiempo que se ha convertido en un producto. Se puede comprar y venderla a la carta como en un mercado

Kerstin Kohlenberg y Yassin Musharbash: Die gekaufte Wissenschaft [«La ciencia vendida»], Die Zeit, agosto de 2013

Los años de la fermentación intensa



El «problema teológico» fue la primera jugada de un partido que estaba apenas comenzando. En el panorama había un nuevo factor que cambiaría sustancialmente las reglas del juego: la Acción Católica, o mejor algunos de Sus sectores. Más que la locuacidad, lo que selló la ruina de la camarilla modernista fue su escaso peso sobre el gran público. Por importante que fuese a nivel teológico, el
Modernismo fue siempre un fenómeno de élites intelectuales. Comenta Ernesto Buonaiuti: «Quedo muchas veces sorprendido por la distonia entre los fines del movimiento modernistico, tan radicalmente renovadores, y la naturaleza de su propaganda, tan aristocráticamente intelectualista. (…) Ese amplio consenso popular hasta hoy constante mente ha faltado», Al comienzo también los nuevos teólogos sintieron esta falta. Pero la situación cambiará sustancialmente desde los años 1930. Como hemos señalado en el capítulo anterior, casi desde el comienzo muchos sectores de Acción Católica se mostraron receptivos a las nuevas tendencias. Tal receptividad provenía de un profundo cambio de mentalidad, fruto de la infiltración en ambientes católicos de las tendencias revolucionarias dominantes en la sociedad. En tales sectores de Acción Católica las novedades se difundían de modo capilar, contaminando amplios sectores del laicato. Muchos nuevos teólogos eran asistentes eclesiásticos de Acción Católica. Ellos podían contar así con algo que faltó a sus antecesores modernistas: un movimiento de masas que permitiese la aplicación concreta de sus doctrinas, produciendo una onda de choque al interior de la Iglesia que detonará en los años 1960.
«Los años 1944-1946 fueron un período de fermentación intensa» recuerda el P. Yves Congar, protagonista de tal «fermentación», Las ideas progresistas se difundieron ampliamente sobre todo a través de tres colecciones publicadas a cargo de la facultad jesuita de Lyon-Forvière, que detonaron la polémica sobre la Nouvelle Théologie. Firmaban estas colecciones nombres que dominarán el panorama teológico del siglo XX: Henri de Lubac, Jean Daniélou, Marie-Dominique Chenu, Yves Congar, Hans Urs von Balthasar, Karl Rahner, Henri Bouillard, Theodore Camelot y otros. A los nuevos teólogos se opuso con fuerza un grupo de teólogos de gran autoridad. En Espaňa se destacan los jesuitas Joaquín Salaverri, Miguel Nicolás, Timoteo Zepelena, E. Sauras, Jesús Iturrioz y otros. En Francia, los dominicos Michel Labourdette e Réginald Garrigou-La grange. A ellos se suman los dominicos de la provincia de Toulouse. En Italia, imposible no recordar la obra del P. Mariano Felice Cordovani, docente de Teología en la Universidad Católica de Milán, después rector del Angelicum de Roma. Más reciente y no menos importante, la obra del P. Cornelio Fabro, otro crítico de la Nouvelle Théologie, sobre todo en el campo filosófico. Con su habitual agudeza, el P. Garrigou-Lagrange así resumía las aprensiones acerca de la nueva teología: Dónde irá a parar esta nueva teologia con sus nuevos maestros en los que se inspira? ¿Dónde va, si no hacia el escepticismo, la fantasia y la herejía? (…) ¿Dónde va la nueva teologia? Retorna al modernismo». El eminente teólogo advierte por tanto a sus colegas: «Es un preciso deber de conciencia para los teólogos tradicionales responder [a este desafio]. De otro modo faltarán gravemente a sus deberes y de ello deberán dar cuenta a Dios»

Ernesto BUONAIUTI, Lettere di un prete modernista, cit. in Gabriele DI ROSA, Storia del movimento cattolico in Italia, p. 306
Yves CONGAR, Situation et taches présentes de la théologie, p. 12
Réginald GARRIGOU-LAGRANGE, la nouvelle théologie ou va-t-elle?, pp. 134-135, 143

Gloria de tu pueblo Israel

Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel

Lucas 2,29-32

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Oración

Aves del cielo, bendecid al Señor

Evangelio

San Mateo 8:5-13
Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.» Dícele Jesús: «Yo iré a curarle.» Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: `Vete’, y va; y a otro: `Ven’, y viene; y a mi siervo: `Haz esto’, y lo hace.» Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.» Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído.» Y en aquella hora sanó el criado.

El que no tiene tiempo para orar

El que no tiene tiempo para orar, no tiene tiempo para vivir

Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección, cap. 26,1