No cambiaría ese sufrimiento



«El alma en el purgatorio sufre más de lo que puede decirse, y sin embargo, no cambiaría ese sufrimiento por ningún consuelo terreno, porque sabe que está en camino hacia el Amor»

La lógica del purgatorio es la lógica del amor auténtico: purificarse no es sufrir para pagar, sino para amar mejor. Y eso es lo que lo convierte en un don divino: justo y misericordioso a la vez.

Santa Catalina de Génova, Tratado del Purgatorio

Saint Catherine of Alexandria by the Master of Frankfurt, oil on panel, 12 3/4 x 8 9/16in (32.4 x 21.7cm), McNay Art Museum

Oración

Bienaventurado el que conoce lo que es amar a Jesús y despreciarse a sí mismo por Jesús

Evangelio

San Lucas 3:1-6
En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea; Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios.

Evangelio

San Lucas 3:1-6
En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea; Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios.

Eucaristía

Se abstienen de Eucaristía y de oración, porque no confiesan el Eucaristía ser la carne de nuestro Salvador Jesucristo, que sufrió por nuestros pecados y que el Padre», de su bondad, se ha levantado de nuevo.

Aquellos, por lo tanto, que hablan en contra de este don de Dios, incurrir en la muerte en medio de sus
disputas. Pero era mejor para ellos tratarlo con respeto, que también pudieran levantarse nuevamente.
Es apropiado, por lo tanto, que se mantenga alejado de tales personas no hablar de ellos ni en privado ni en público, sino prestar atención a los profetas, sobre todo, al Evangelio [en el cual la pasión de Cristo] nos ha sido revelada, y la resurrección ha sido completamente probada. Pero evite todas las divisiones, como el comienzo de males.

Epístola a los Esmirnos (San Ignacio de Antioquia)

Gregorio XVI condena el catolicismo liberal y excomulga a Lamennais



En julio de 1832, catorce obispos franceses dieron a conocer un documento que condenaba el catolicismo liberal. Un mes después, con la encíclica Mirari Vos, el Papa Gregorio XVI condenaba formalmente esta corriente. Lamennais rehúsa someterse, resbalando hacia posiciones
libertarias, agnósticas y socialistas. Su ruptura con la fe es inevitable. En 1833 renuncia a las funciones eclesiástica y abandona cualquier profesión exterior de fe. En 1834 publica el insolente libro Paroles d’un croyant, que provoca su inmediata excomunión. Dando vía libre a su violento temperamento, Lamennais denuncia la «conjura de los reyes y de los sacerdotes contra el pueblo», llama al Vaticano «la cloaca más infecta que jamás haya ensuciado ojos humanos», y al Papa «ese viejo cobarde e imbécil» L’Avenir tiene que cerrar sus puertas. Abandonado por sus amigos,
Lamennais sobrevive como diputado socialista. Muere en 1854 en la miseria y el aislamiento, rechazando cualquier asistencia de la Iglesia.

Adrien DANSETTE, Histoire religieuse de la France contemporaine, p. 307

Evangelio

Yo confieso, Señor, mi vileza, y reconozco tu bondad; ensalzo tu misericordia, y te doy gracias por tu caridad infinita

Evangelio

San Lucas 3:1-6
En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea; Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios.

El infierno



El infierno no es una trampa, es una posibilidad… y una que solo se vuelve realidad cuando alguien, libre y conscientemente, rechaza el amor de Dios hasta el final. Jesús no habló de él para paralizarnos con miedo, sino para despertarnos del letargo. Su voz es la del Buen Pastor que no se resigna a perder ni una sola oveja.

A mí mismo este tema me ha sacudido muchas veces. No es fácil pensar que alguien pueda decirle «no» a Dios para siempre… pero es parte del misterio profundo de nuestra libertad. Una libertad que, lejos de ser capricho, es la prueba más grande de cuánto nos toma en serio Dios.

Y ahora que hemos contemplado esa posibilidad dolorosa pero real -con los ojos abiertos y el corazón en vela, estamos en condiciones de mirar lo que sigue: no con temor, sino con confianza. Porque no todo termina en el umbral de la muerte. Existe también un estado de purificación para aquellos que mueren en gracia, pero aún no del todo transformados por el amor.

A ese estado lo llamamos purgatorio. No es un castigo, sino una gracia. No es la negación del cielo, sino su antesala. Es allí donde la misericordia y la justicia no se oponen, sino que se abrazan. Y es allí donde muchas almas, que amaron a Dios pero aún necesitaban ser sanadas, terminan de prepararse para entrar en la plenitud del Reino.

Oración

¿cómo Tú tienes por bien de venir al pecador?