¿Qué mayor tortura podría haber para un alma que ha odiado a Dios en vida, que ser forzada a estar eternamente en su presencia?


Eso no sería cielo, sería infierno para ella. Por eso, el infierno no es una celda impuesta, sino una puerta cerrada desde dentro. Dios no quiere que nadie se pierda (cf. 2 Pe 3,9), pero ama tanto al
hombre que respeta incluso su negativa. Así lo explicaba el Papa Benedicto XVI:

«El infierno existe y está poblado, pero no porque Dios lo quiera, sino porque el ser humano tiene el poder terrible de decirle que no a su amor para siempre.»

El Catecismo también es claro: «Morir en pecado mortal sin estar arrepentido y sin acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separado de El para siempre por nuestra propia elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra ‘infierno»

Esto cambia radicalmente nuestra manera de hablar del infierno:

No es una amenaza arbitraria, sino una advertencia amorosa.

No es imposición, sino consecuencia de una libertad llevada al extremo.

No es una falla en la misericordia de Dios, sino el respeto total de su justicia y nuestro libre albedrío.


Benedicto XVI, Homilía en la Misa de Difuntos, 2 de noviembre de 2006
Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1033.

Oración

¿Por qué pues temes tomar la Cruz por la cual se va al Reino? En la Cruz está la salud

Evangelio

San Mateo 5:13-19
«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.

INFIERNO – LA ETERNIDAD SIN DIOS



El infierno como elección libre y v definitiva. Hablar del infierno incomoda. Incluso entre muchos cristianos, el tema se evita, se minimiza o se tergiversa. Pero si algo demuestra su importancia es precisamente el hecho de que Jesús mismo lo mencionó muchas más veces de las que hoy se está dispuesto a admitir. No lo hizo para asustar, sino para alertar: el infierno es real, y es una posibilidad para quien libremente se excluye del amor de Dios. Yo mismo, durante los primeros pasos de mi conversión, no entendía nada de esto. Venía de un pasado ateo, luego agnóstico, y más adelante me había adentrado en el ocultismo. En cada etapa, tenía una visión distinta del mal, del bien y del destino final del alma. Pero hubo algo que me hizo cambiar radicalmente de perspectiva. Fue una frase que
me dijo mi padrino de Confirmación, Juan Mazo:

«El inferno también es misericordia de Dios.»

Confieso que, al escucharlo por primera vez, me explotó la cabeza ¿Cómo podía ser eso posible? ¿Acaso no era el infierno lo contrario absoluto de la misericordia? Yo pensaba que era un lugar de castigo vengativo, una especie de cárcel eterna para los que Dios ya no quería Pero lo que Juan me explicó fue todo lo contrario: el infierno es precisamente el respeto perfecto de Dios por nuestra libertad. Y eso, paradóiicamente, también es una forma de misericordia. Si Dios obligara a todos a ir al cielo, incluso a los que lo han rechazado radical y conscientemente, no sería justo, ni bueno, ni misericordioso. Porque estaría ignorando el libre albedrío, anulando nuestras decisiones, y haciendo del amor algo forzado

Contra el Tiempo: La Batalla por la Eternidad. Toro, William

San Cirilo y la tradición

Debemos hablar de la fe «como la hemos recibido desde el principio de las divinas Escrituras y de la tradición de los santos padres»

San Cirilo de Aleiandría, carta a Juan de Antioquía Denzinger 271 pág. 151: Se muestra en la carta de San Cirilo de Alejandría a Juan de Antioquía leida en el Concilio de Calcedonia

Bodas republicanas forzadas para los que están fuera de la igualdad, fraternidad y libertad



La guerra de exterminio contra la Vendée, un pueblo francés campesino y fervientemente católico, comenzó a principios de 1793 y terminaría, a pesar de las expectativas de Westermann, a principios de 1796. Se trató de uno de los episodios más sanguinarios de la Revolución francesa. Se decidió que el exterminio de la población, indiscriminado y sistemático, fuese allí total. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 ya había consagrado el derecho de «resistencia a la opresión» en su artículo 2. Lo mismo había establecido la declaración homónima redactada por Robespierre en 1793, en su artículo 27. Pero ningún derecho le fue reconocido al pueblo vendeano, que se había decidido a resistir a los opresores que hablaban en nombre de la «libertad», la «igualdad» y la «fraternidad». Presentar resistencia a aquellos que encarnaban «el pueblo» constituía el peor de los crímenes. Para llevar adelante el exterminio de la Vendée, los revolucionarios planificaron la matanza con métodos de los más variados. Los asesinatos en masa funcionaron durante algún tiempo por obra de la guillotina y de los fusilamientos, pero estos mecanismos muy pronto se mostraron lentos y costosos, respectivamente. Fue entonces cuanto se idearon otras prácticas, como la de llenar barcos con vendeanos para luego dejarlos ahogarse en medio de las aguas. Cuando entre los capturados
había sacerdotes y monjas se los ataba desnudos, en posiciones obscenas, en lo que los revolucionarios denominaron «bodas republicanas», para luego arrojarlos al agua o simplemente
matarlos a sablazos.

Otro método que se pensó implementar fue el de envenenar los ríos con arsénico, pero esta maniobra resultó desaconsejada porque pondría en riesgo otras zonas de Francia. En su lugar, surgió la idea de fabricar gas venenoso, pero también se detectaron muy pronto algunos inconvenientes operativos. Finalmente, se optó por encerrar a los habitantes en determinados edificios o construcciones, generalmente iglesias, y derribarlos a cañonazos. Mientras tanto, la guillotina y los fusilamientos seguían funcionando a toda marcha. Los cadáveres se arrojaban en fosas comunes o incluso se los reducía a cenizas en hornos construidos a esos efectos. Existen informes oficiales que dan cuenta de que se aprovechaba la grasa y la piel humana para diversos usos.  Enel Museo de Historia Natural de Nantes se expone todavía al público la piel de un rebelde debidamente curtida

El exterminio de la Vendée estuvo motivado, entre otras cosas, por el odio religioso. Los revolucionaros se ensañaron especialmente con aquellos que profesaban la fe católica. Los sacerdotes que se negaron a jurar fidelidad a la revolución, y todos aquellos que les dieron apoyo, fueron asesinados de las maneras más brutales.

Alfredo Sáenz, La Revolución Francesa. Cuarta parte: La epopeya de la Vendée (Buenos Aires: Gladius, 2009), pp. 214-215.

En un informe a la Convención, un testigo declara: «Se curte, en Meudon, la piel humana. La piel que proviene de los hombres es de una consistencia y de una bondad superior a la de la gamuza. La de las mujeres es más suave pero menos sólida» (citado en ibíd., p. 215).

https://noticiascarlistas.blogspot.com/2011/05/bandera-de-la-vendee-1793.html

Oración

La meta de nuestro ministerio –escribe San Pablo– es construir el cuerpo de Cristo; hasta que todos, sin excepción, alcancemos la edad madura y la plenitud total de la divinidad

Evangelio

San Marcos 16:15-18
Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estos son los signos que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»

La Historia: aduladora de los vicios y promotora de las corrupciones



En tanto, apenas se percibe lo dañino que resulta para la historia la visión mundana de aquellos que, volcándose a los estudios pretéritos de un modo parcial (como quien estudia sólo las bajezas humanas) concluirán que la historia no será ya maestra de la vida ni luz de la verdad, como los antiguos -con buen tino- dijeron que debía ser, sino, todo lo contrario: una aduladora de los vicios y promotora de las corrupciones. Esto, sobre todo, ocasiona un daño entre los más jóvenes, cuyas mentes se verán llenas de locuras y de prejuicios desviando sus almas de la honestidad y de la modestia. La historia, en efecto, golpea con grandes seducciones sus apasionadas y vivaces mentes.

Saepenumero considerantes
Carta Apostólica de Su Santidad LEÓN PP. XIII
Sobre el estudio de la Historia de la Iglesia, con ocasión de la apertura de los Archivos Secretos Vaticanos

El que ama a Cristo cumpla los mandamientos de Cristo



Que el que ama a Cristo cumpla los mandamientos de Cristo. ¿Quién puede describir el vínculo del amor de Dios? ¿Quién es capaz de narrar la majestad de su hermosura? La altura a la cual el amor exalta es indescriptible. El amor nos une a Dios; el amor cubre multitud de pecados (1P. 4, 8; Pr. 10, 12; St. 5, 20; Sal. 85, 3); el amor soporta todas las cosas (1 Cor. 13, 4-7; Ef. 4, 2), es paciente en todas las cosas. No hay nada burdo, nada arrogante en el amor. El amor no tiene divisiones, el amor no hace sediciones, el amor hace todas las cosas de común acuerdo. En amor fueron hechos perfectos todos los elegidos de Dios; sin amor no hay nada agradable a Dios (1 Cor. 13, 1-3); en amor el Señor nos tomó para sí; por el amor que sintió hacia nosotros, Jesucristo nuestro Señor dio su sangre por nosotros por la voluntad de Dios, y su carne por nuestra carne, y su vida por nuestras vidas.

EPÍSTOLA A LOS CORINTIOS
CLEMENTE DE ROMA