Oración

El hombre que tiene fervor y diligencia, a todo está dispuesto

Evangelio

San Lucas 11:33-36
«Nadie enciende una lámpara y la pone en sitio oculto, ni bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que los que entren vean el resplandor. Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo. Cuando tu ojo está sano, todo tu cuerpo está iluminado; pero cuando está malo, también tu cuerpo está a oscuras. Mira, pues, que la luz que hay en ti no sea oscuridad. Si, pues, tu cuerpo está enteramente iluminado, sin parte alguna oscura, estará tan enteramente luminoso, como cuando la lámpara te ilumina con su fulgor.»

¿Destino escrito o camino abierto?

¿Destino escrito o camino abierto?

Uno de los dilemas más antiguos y profundos del pensamiento humano es la tensión entre el destino y la libertad. ¿Está todo escrito, o escribimos nuestra historia al andar? Desde la tragedia griega hasta los debates contemporáneos sobre el libre albedrío, esta pregunta ha provocado incontables reflexiones… y decisiones.

Hablemos con claridad: aunque usamos el término «destino» en el título de este apartado, no debemos entenderlo en el sentido determinista que muchas corrientes culturales o religiosas han defendido. La noción de un destino fijo e ineludible, ajeno a nuestra voluntad, es contraria tanto a la antropología cristiana como a la experiencia humana más íntima. La idea fatalista de que todo está escrito y que el ser humano solo puede resignarse ante su «suerte» ha sido sostenida por visiones como el estoicismo, ciertos sistemas esotéricos o el karma en algunas religiones orientales. Pero estas cosmovisiones, aunque puedan tener elemnentos de sabiduría, anulan en buena parte la libertad personal, que es precisamente el don más sagrado que hemos recibido. Desde una perspectiva apologética, esta es una gran diferencia con el cristianismo. El cristianismo no enseña que el futuro esté trazado de manera inalterable, sino que el hombre ha sido creado libre-a imagen y semejanza de Dios-para elegir el bien o el mal, la vida o la muerte.

Como afirma la Escritura: «Mira, hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal»
(Deuteronomio 30,15). «Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia» (Dt 30,19). Aquí no hay rastro de un destino ciego. Hay una propuesta amorosa y una invitación a responder con libertad. El Catecismo de la Iglesia Católica lo explica con claridad: “Dios es soberano del mundo y de la historia. Pero el modo de su acción soberana es siempre respetuoso con la libertad de su criatura» (CIC 302). Sí, Dios es omnisciente y conoce todos los posibles caminos, pero no los impone. Como un Padre amoroso, propone, inspira, corrige… pero nunca obliga. Nos da el tiempo como escenario de decisiones. Cada elección, por pequeña que parezca, es un acto creativo en nuestra historia. Este drama de la libertad es parte de la grandeza del tiempo. No estamos condenados a repetir un guion inquebrantable, sino invitados a escribir una nueva historia con cada acto de amor, de fe y de entrega.

El tiempo no es un muro que nos encierra, sino una puerta que se abre hacia la eternidad.


Carta de Clemente de Roma

Carta de Clemente de Roma a los Corintios #42

Los apóstoles recibieron el Evangelio para nosotros del Señor Jesucristo; Jesucristo fue enviado por Dios. Así pues, Cristo viene de Dios, y los apóstoles de Cristo. Por lo tanto, los dos vienen de la voluntad de Dios en el orden designado. Habiendo recibido el encargo, pues, y habiendo sido asegurados por medio de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, y confirmados en la Palabra de Dios con plena seguridad por el Espíritu Santo, salieron a proclamar las buenas nuevas de que habia llegado el
Reino de Dios. Y así, predicando por campos y ciudades, por todas partes, designaron a las primicias (de sus labores), una vez hubieran sido probados por el Espíritu, para que fueran obispos y diáconos de los que creyeran. Y esto no lo hicieron en una forma nueva; porque verdaderamente se había escrito respecto a los obispos y diáconos desde tiempos muy antiguos; porque así dice la escritura en cierto lugar: «Y nombraré a tus obispos en justicia y a tus diáconos en fe».

Oración

El religioso que se ejercita intensa y devotamente en la santísima Vida y Pasión del Señor, halla allí cumplidamente todo lo útil y necesario para sí, y no tiene que buscar cosa mejor fuera de Jesucristo

Evangelio

San Lucas 12:35-40
«Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos ellos! Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. Estad también vosotros preparados, porque cuando menos lo penséis, vendrá el Hijo del hombre.»

Oración

Acuérdate del propósito que hiciste, y pon delante de ti la imagen del Crucifijo

Evangelio

San Mateo 22:15-21
Entonces los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra. Y le envían sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: «Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas. Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?» Mas Jesús, conociendo su malicia, dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Mostradme la moneda del tributo.» Ellos le presentaron un denario. Y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Dícenle: «Del César.» Entonces les dice: «Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios.»

Oración

Has usado con tu siervo, misericordia sobre toda esperanza, y sobre todo merecimiento le diste tu gracia y amistad

Evangelio

San Mateo 5:1-12
Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y, tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.