San Lucas 12:32-34 «No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino. «Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla corroe; porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
San Juan 4:46-53 Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún. Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque estaba a punto de morir. Entonces Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis.» Le dice el funcionario: «Señor, baja antes que se muera mi hijo.» Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive.» Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. Él les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: «Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.» El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: «Tu hijo vive», y creyó él y toda su familia.
¡Oh, cuántas y cuán graves tribulaciones padecieron los Apóstoles, los Mártires, los Confesores, las Vírgenes, y todos los demás que quisieron seguir las pisadas de Jesucristo, pues en esta vida aborrecieron sus almas, para poseerlas en la eterna!
San Juan 15:17-25 Lo que os mando es que os améis los unos a los otros. Los discípulos y el mundo. «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado. El que me odia, odia también a mi Padre. Si no hubiera hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y nos odian a mí y a mi Padre. Pero es para que se cumpla lo que está escrito en su Ley: Me han odiado sin motivo.
Tentación es la vida del hombre sobre la tierra. Por tanto, cada uno debe tener mucho cuidado, velando y orando para que no halle el demonio ocasión de engañarle, que nunca duerme, sino que busca por todos lados nuestra perdición
San Juan 4:46-53 Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún. Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque estaba a punto de morir. Entonces Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis.» Le dice el funcionario: «Señor, baja antes que se muera mi hijo.» Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive.» Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. Él les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: «Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.» El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: «Tu hijo vive», y creyó él y toda su familia.
El despotismo, bajo su nueva forma, podía vestirse con los ropajes del pueblo y proceder en nombre de la razón, la igualdad, la libertad y la virtud. El hombre del momento es Robespierre, <Luis debe morir, porque es preciso que la patria viva>, exclama en el debate que se impulsa en la Convención en torno al proceso del rey. Robespierre argumenta que no hay proceso alguno que incoar: el rey debe ser muerto cuanto antes, bajo la lógica del derecho de guerra, porque la ley común solo protege al pueblo, y el rey no pertenece a él. <Los pueblos no juzgan como las cortes judiciales. No pronuncian sentencias, sino que lanzan el rayo>, y esta justicia es absolutamente válida, porque los principios de justicia descansan necesariamente en el pueblo. <iPero el pueblo! :Qué otra ley puede seguir sino la justicia y la razón apoyadas en su omnipotencia?>, pregunta retóricamente Robespierre.
Discurso del 3 de diciembre de 1792, reproducido en Maximilien Robespierre, Por la felicidad y por la libertad. Discursos (Barcelona: El viejo topo, s.f.), p. 174.
Louis de Saint-Just, El Arcángel del Terror: El rey debe ser juzgado como un enemigo, tenemos que combatirlo más que juzgarlo
Discurso del 13 de noviembre de 1792, reproducido en Louis Antoine de Saint-Just, La libertad pasó como una tormenta. Textos del periodo de la Revolución Democrática Popular (Barcelona: El viejo topo, 2006), p. 53.