Totalitarismo



A través de la propaganda, la masa percibe la magnitud del poder totalitario y cree en él (o al menos se ve inducida a fingir que lo cree). La propaganda le enseña, en concreto, que para sus lideres todo resulta posible; después de todo, por medio de la propaganda la realidad se acomoda al lider, y no el líder a la realidad. Esto genera entusiasmo y temor, al mismo tiempo. Se juega de esta manera con las dos emociones más caras a la psicología política de los hombres, que son a la vez los principios psicológicos sobre los que descansa el totalitarismo. El arte de movilizar a las masas, después de todo, es el arte de saber cómo y cuándo inducirles entusiasmo y cuándo y cómo provocarles terror

Apostolicidad de la iglesia

Apostolicidad de la iglesia

Jesús concedió a los Apóstoles la triple potestad de enseñar, santificar y gobernar su Iglesia hasta el fin de los siglos. Así pues la Iglesia debe ser apostólica: en su origen, es decir, que debe ser la misma
hoy que la fundada sobre los Apóstoles; en su doctrina enseñando las mismas verdades que los Apóstoles; en su sucesión, es decir, gobernada, instruida y santificada por los legítimos sucesores de los Apóstoles. No sería, como asumieron otros: sobre la gran apostasia, una Iglesia que se ausentaría
por siglos.

Mateo 28,18-20

Dinero sucio

Por eso, hoy en día los estudios clínicos son planificados por la industria farmacéutica y, en realidad, los realizan los científicos como puro trabajo por encargo. No importa si los estudios se realizan en hospitales universitarios o en consultas médicas. La empresa financiadora se queda con los datos, y en los estudios en los que participan varias instituciones incluso los propios científicos pueden no llegar a ver todos los datos

Los estudios clínicos ya no los deciden los científicos, sino los financiadores

Marcia Angell, ex redactora jefe del
New England Journal of Medicine

Doble cara

Ya existen cientos de estudios científicos y numerosos libros que revelan cómo las empresas farmacéuticas pervierten los métodos científicos y, respaldadas por enormes fondos, van con demasiada frecuencia en contra de los intereses de los pacientes a los que supuestamente intentan ayudar

Dr. Rennie, antiguo editor asociado del prestigioso
Journal of the American Medical Association, junio de 2013

Oración

A Ti te ensalza el blanco ejército de los Mártires

Evangelio

San Juan 7:14-31
Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. Los judíos, asombrados, decían: «¿Cómo entiende de letras sin haber estudiado?» Jesús les respondió: «Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado. Si alguno quiere cumplir su voluntad, verá si mi doctrina es de Dios o hablo yo por mi cuenta. El que habla por su cuenta, busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le ha enviado, ese es veraz; y no hay impostura en él. ¿No es Moisés el que os dio la Ley? Y ninguno de vosotros cumple la Ley. ¿Por qué queréis matarme?» Respondió la gente: «Tienes un demonio. ¿Quién quiere matarte?» Jesús les respondió: «Una sola obra he hecho y todos os maravilláis. Moisés os dio la circuncisión (no que provenga de Moisés, sino de los patriarcas) y vosotros circuncidáis a uno en sábado. Si se circuncida a un hombre en sábado, para no quebrantar la Ley de Moisés, ¿os irritáis contra mí porque he devuelto la salud plena a un hombre en sábado? No juzguéis según la apariencia. Juzgad con juicio justo.» Decían algunos de los de Jerusalén: «¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que este es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es.» Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que es veraz el que me ha enviado; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de él y él es el que me ha enviado.» Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora. Y muchos entre la gente creyeron en él y decían: «Cuando venga el Cristo, ¿hará más signos que los que ha hecho éste?»

Oración

A Ti te ensalza la multitud admirable de los Profetas

Evangelio

San Juan 2:13-25
Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado.» Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu casa me devorará. Los judíos entonces replicaron diciéndole: «Qué signo nos muestras para obrar así?» Jesús les respondió: «Destruid este santuario y en tres días lo levantaré.» Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se ha tardado en construir este santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del santuario de su cuerpo. Cuando fue levantado, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús. Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver los signos que realizaba. Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que hay en el hombre.

Oración

A Ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles

Evangelio

San Juan 6:1-15
Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían los signos que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Dónde nos procuraremos panes para que coman éstos?» Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.» Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?» Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente.» Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.» Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente el signo que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.» Sabiendo Jesús que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.