Oración

Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria

Evangelio

San Juan 8:1-11
Mas Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?» Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.» E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» Ella respondió: «Nadie, Señor.» Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.»

Oración

Los querubines y serafines te cantan sin cesar: Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios del Universo

Evangelio

San Juan 4:5-42
Llega, pues, a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber.» Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice la mujer samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.) Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.» Le dice la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?» Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.» Le dice la mujer: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla.» Él le dice: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá.» Respondió la mujer: «No tengo marido.» Jesús le dice: «Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad.» Le dice la mujer: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.» Jesús le dice: «Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad.» Le dice la mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo desvelará todo.» Jesús le dice: «Yo soy, el que está hablando contigo.» En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: «¿Qué quieres?» o «¿Qué hablas con ella?» La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?» Salieron de la ciudad e iban hacia él. Entretanto, los discípulos le insistían diciendo: «Rabbí, come.» Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis.» Los discípulos se decían unos a otros: «¿Le habrá traído alguien de comer?» Les dice Jesús: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya el segador recibe el salario, y recoge fruto para vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador. Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador: yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga.» Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho.» Cuando llegaron a él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: «Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.»

Antiguo testamento

Julio Trebolle, Presidente de la Sociedad Española de Ciencias de las Religiones, confirma esta visión:

«El primer Cristianismo heredó una enorme cantidad de literatura apócrifa que el propio Judaísmo rabínico tradicional rechazó. Los evangelios nacieron justamente cuando nadaban en esa abundancia de textos, antes de la constitución del canon judío». En otras palabras, los judios del siglo I no nos dieron a los cristianos un volumem completo ya listo y editado con el título «Antiguo Testamento»

Poder total



La mentira se transforma, pues, en una característica circunstancial del discurso que puede convertirse en su opuesta de inmediato, con la única condición de que el partido totalitario ejerza el poder total. La propaganda es una mentira que promete convertirse en verdad por obra de la fuerza del liderazgo totalitario y de los recursos del Estado. Todo puede ser dicho, todo puede ser anunciado si se dispone de los medios necesarios para ajustar la realidad a lo que se dice, en lugar de ajustar lo que se dice a la realidad. La Idea se convierte en ens realissimum; aquellos aspectos de la realidad -incuidos determinados grupos de la sociedad que no coinciden con la Idea tienen fecha de vencimiento. Así, el totalitarismo hace volar por los aires el concepto de verdad como correspondencia:  la verdad del totalitarismo es una mentira que, por medio de la fuerza, podría terminar siendo realidad. Más aún: el grado de realidad del totalitarismo es una función del grado de sumisión de las masas a sus mentiras. El totalitarismo será más real cuanto más vivan las masas por credulidad o por cinismo, poco importa- en Sus mentiras

En este contexto, las masas están sociológicamente predispuestas a perder la brújula del sentido común, a desconfiar de la realidad que tienen frente a sus narices, y por eso resulta especialmente fácil engañarlas o, al menos, tornarlas apáticas y cínicas. Hannah Arendt lo explica con toda claridad. Vale la pena citarla in extenso:

La evasión de la realidad por parte de las masas es un veredicto contra el mundo en el que se ven forzadas a vivir y en el que no pueden existir, dado que la coincidencia se ha convertido en el dueño supremo y los seres humanos necesitan la transformación constante de las condiciones caóticas y accidentales en un molde fabricado por el hombre y de relativa consistencia. La rebelión de las masas contra el «realismo», el sentido común y todas las <plausibilidades del mundo» (Burke) fue el resultado de su atomización, de su pérdida de estatus social, junto con el que perdieron todo el sector de relaciones comunales en cuyo marco tiene sentido el sentido común. En su situación de desarraigo espiritual y social, ya no puede funcionar una medida percepción de la interdependencia entre lo arbitrario y lo planeado, lo accidental y lo necesario. La propaganda totalitaria puede atentar vergonzosamente contra el sentido común sólo donde el sentido común ha perdido su validez.

<… dice la verdad el que juzga que lo separado está separado y que lo unido está unido. Y dice falsedad aquel cuyo juicio está articulado al contrario de las cosas: cuándo se da o no se da lo que llamamos verdad o falsedad? En efecto, ha de analizarse en qué decimos que consiste esto. Desde luego, tú no eres blanco porque sea verdadero nuestro juicio de que tú eres blanco, sino al contrario, porque tú eres blanco, nosotros decimos algo verdadero al afirmarlo> (Aristóteles, Metafísica, libro noveno, cap. X, 1051b [Madrid: Gredos, 2014], p. 318)

Friedrich y Brzezinski han destacado el efecto vacío» que genera a la larga el monopolio de la información y los excesos de la propaganda totalitaria. Habitualmente ocurre, en efecto, que la población se vuelve incrédula, pero, como no cuenta con otras fuentes informativas, cae en la más profunda apatía. Los líderes totalitarios terminan siendo presos de sus propias mentiras y toman decisiones políticamente irracionales. Véa se Dictadura totalitaria y autocracia.

Arendt, Los orígenes del totalitarismo, p. 488.

Visibilidad perpetua:

No podría ser luz del mundo una iglesia que no pudiera ser identificada ni reconocida

Oración

Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran

Evangelio

San Lucas 4:38-44
En saliendo de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre; y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él les conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo. Al hacerse de día salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando hasta él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.» E iba predicando por las sinagogas de Judea.

Salvación

«Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel. »

Lucas 2,29-32