Evangelio

San Juan 12:24-26
En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.

Palabra del Señor

Oración

¡Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida y dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve!

Evangelio

San Mateo 1:1-16
Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán: Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engrendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrón, Esrón engendró a Arán, Arán engendró a Aminadab, Aminadab engrendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David. David engendró, de la mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia. Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Ajín, Ajín engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo.

Palabra del Señor

Oración

Gózate y alégrate, Virgen María. Aleluya.
Porque en verdad resucitó el Señor. Aleluya

Evangelio

San Lucas 17:11-19
De camino a Jerusalén, pasó por los confines entre Samaría y Galilea. Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»

Oración

Reina del Cielo, alégrate. Aleluya.
Porque el que mereciste llevar en tu seno. Aleluya

Evangelio

San Lucas 10:23-37
Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.» Se levantó un legista y dijo, para ponerle a prueba: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?» Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.» Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.» Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?» Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de salteadores que, después de despojarle y darle una paliza, se fueron, dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión. Acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y le montó luego sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al posadero, diciendo: `Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.’ ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» Él dijo: «El que practicó la misericordia con él.» Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo.»

El tiempo como flujo incesante



Imagina que estás de pie a la orilla de un río. El agua pasa frente a ti sin detenerse, llevándose todo lo que arrastra: hojas, ramas, reflejos del cielo. No puedes detenerla, ni devolver una gota a su lugar anterior.

Así es el tiempo: una corriente que fluye sin pausa, arrastrando cada instante hacia el pasado y empujando tu existencia hacia adelante, sin promesa de retorno. Cada segundo que intentamos aferrar como «presente’ ya ha escapado. En realidad, no vivimos el presente, sino su estela, como si siempre estuviéramos llegando tarde al momento exacto en que ocurre. Y al mismo tiempo, nos anticipamos constantemente: pensamos lo que vamos a decir, planificamos lo que vamos a hacer, caminamos hacia lo que aún no ha sucedido. En este sentido, podríamos decir que nuestra
conciencia se adelanta a nuestro cuerpo, como si viviéramos suspendidos entre lo que ya fue y lo que aún no es.

De allí nace una idea provocadora: ày si en realidad habitamos el futuro? No un futuro lejano, sino el próximo instante. Cada palabra que pronunciamos está en camino antes de salir de nuestros labios. Cada paso es la realización de una intención proyectada. Construimos el futuro con cada decisión, como artesanos que cincelan una escultura sin molde previo.

Pero entonces surge una pregunta inquietante: itenemos control sobre ese flujo o simplemente somos arrastrados por él? Algunos filósofos, como el estoico Marco Aurelio, veían el tiempo como algo que
debe ser aceptado con serenidad, pues el destino está escrito en una razón cósmica inmutable, Otros, como Kierkegaard o Sartre, sostuvieron lo contrario: el ser humano es libre, está condenado a elegir, y cada decisión reescribe su futurol

Marco Aurelio, Meditaciones, LibroIV,$36
Søren Kierkegaard, La enfermedad mortal (1849), especialmente en la idea de la angustia como resultado de la libertad.
Jean-PaulSartre, El ser y la nada (1943), en particular su tesis sobre que el hombre está
«condenado a ser libre» (ParteIV,Cap.I)

Oración

Derrama, Señor, Tu gracia en nuestros corazones; que habiendo conocido la Encarnación de Jesucristo, Tu Hijo, por la voz del Angel, por los méritos de Su Pasión y de Su Cruz seamos llevados a la gloria de la Resurrección. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén

Evangelio

San Lucas 14:26-33
«Si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. «Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: `Éste comenzó a edificar y no pudo terminar.’ O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío