Oración

Espíritu Santo, Me consagro hoy de nuevo a Ti, para que me invadas con tu gracia, ordenes mis facultades y sentidos, me ilumines, fortalezcas, serenes y bendigas

Evangelio

San Juan 15:1-7
«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la palabra que os he dicho. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.

Palabra del Señor

Hoy más que nunca, el mundo necesita el celibato sacerdotal.



Lo necesitan los sacerdotes, pero también es indispensable desde el punto de vista pastoral. Posee una ardiente actualidad misionera, Para concluir, retomemos los fundamentos esenciales de lo que hemos dicho. Cristo Jesús es sacerdote. Todo su ser es sacerdotal, entregado y ofrecido Antes de Él los sacerdotes ofrecían a Dios animales en sacrificio. Jesús nos revela que el verdadero sacerdote se entrega é] mismo. A partir de ese momento, para ser sacerdotes hemos de formar parte de esa gran ofrenda de Cristo al Padre Hemos de hacer del sacrificio de la Cruz la forma de toda nuestra vida. Esa entrega adopta la forma del sacrificio del esposo por su esposa. Cristo es el verdadero Esposo de la Iglesia. El sacerdote, a su vez, se dona a toda la Iglesia.

El celibato manifiesta esa entrega: es su signo concreto y vital. El celibato es el sello de la Cruz sobre nuestra vida de sacerdotes.Es un grito del alma sacerdotal que proclama el amor al Padre y la entrega personal a la Iglesia. Mediante el celibato el sacerdote renuncia a desarrollar humanamente su capacidad de ser esposo y padre según la carne. Por amor elige despojarse de ella para vivir como esposo exclusivo de la Iglesia. El deseo de relativizar el celibato equivale a despreciar esa entrega radical que tantos sacerdotes fieles han vivido desde su ordenación. El celibato es signo e instrumento de nuestra entrada en el ser sacerdotal de Jesús. Reviste un valor que por analogía podríamos calificar de sacramental. Desde esta perspectiva, no entendemos cómo se podría alentar y proteger la identidad sacerdotal si se suprimiera en esta o en aquella región la exigencia del celibato tal y como lo ha querido Cristo y como la Iglesia latina lo ha conservado celosamente. Como recuerda el Concilio Vaticano II, el celibato del clero no es una mera norma de la ley eclesiástica, sino <un don precioso de Dios> Por eso el papa Francisco, haciendo suyas las firmes y valientes palabras de san Pablo VI, ha afirmado: <Prefiero dar mi vida antes que cambiar la ley del celibato. Perso- nalmente, pienso que el celibato es un don para la Iglesia. Yo no estoy de acuerdo en permitir el celibato opcional>.
Entre el sacerdocio y el celibato existe un vínculo ontológico-sacramental. Cualquier debilitamiento de ese vínculo significaría poner en tela de juicio el magisterio del concilioy de los papas Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Suplico humildemente al papa Francisco que nos proteja definitivamente de esta posibilidad vetando cualquier debilitamiento de la ley del celibato sacerdotal, ni siquiera restringiéndolo a una U otra región

JUAN PABLO II, Pastores dabo vobis, no 50

VATICANO II, Presbyterorum Ordinis, ne 16

PAPA FRANCISCO, Conferencia de prensa durante el vuelo de regreso de la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Panamá, 2 7 de enero de 2019

Desde lo más hondo de nuestros corazones (Mundo y Cristianismo) Sarah, Cardenal Robert

Oración

Espíritu Santo, Divino Consolador y Huésped de mi alma, te adoro, te alabo y te bendigo

Evangelio

San Lucas 10:1-9
Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las ciudades y sitios adonde él había de ir Y les dijo: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. En la casa en que entréis, decid primero: `Paz a esta casa.’ Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros Permaneced en la misma casa, comed y bebed lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: `El Reino de Dios está cerca de vosotros

Palabra del Señor

Oración

¡Oh Dios! Tú has instruido los corazones de tus fieles enviándoles la luz de tu Espíritu Santo. Concédenos, por el mismo Espíritu, valorar rectamente las cosas y disfrutar siempre de su ayuda. Por Cristo Nuestro Señor.  Amén

Evangelio

San Juan 20:19-31
Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.» Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.» Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.» Jesús realizó en presencia de los discípulos otros muchos signos que no están escritos en este libro. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre

Palabra del Señor

Oración

¡Oh Dios Espíritu Santo! Postrados ante tu divina majestad, venimos a consagrarnos a Ti con todo lo que somos y tenemos

Evangelio

San Juan 20:1-9
El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio los lienzos en el suelo; pero no entró Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve los lienzos en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a los lienzos, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos

Palabra del Señor

Problema político y, finalmente una cuestión teológica



Asi estaban las cosas para cuando los Reyes Católicos decidieron terminar de reconquistar totalmente España; para entonces, reaparecia el recuerdo de la ayuda judía a la medialuna por lo que, dondequiera se encendiese de nuevo la guerra contra los moros, se temía virtualmente, una posible ayuda judía. Esta era la situación de judios, marranos y cristianos en 1491. Es decir, se trataba de un problema político y, finalmente, de una cuestión teológica, al decir de Donoso Cortés Recordemos: el Talmud, la acusación de la Peste Negra, los marranos y las infiltraciones en la misma Iglesia y, encima, la posibilidad de un colaboracionismo con el Islam, hacían del tema un verdadero problema político; un verdadero problema social. Tanto Isabel como Fernando debian mantener el orden social y la paz social, pero encontraban <en el judaísmo un elemento antisocial> como decía el mismo Karl Marx

La reina no creía que la antipatía entre cristianos y conversos naciera de una cuestión racial. (…) Las diferencias entre ambos, como Isabel supo muy bien adivinar, eran principalmente religiosas y no raciales. La reina carecía de prejuicios contra aquellos conversos que intentaban practicar de corazón la doctrina cristiana. Hasta los últimos días de su vida se contaron entre sus hombres de confianza muchos conversos; y era de la opinión de que los judíocristianos sinceros que habian abandonado por completo las costumbres que señalaban a los judíos como pueblo aparte se llevaban perfectamente bien con sus vecinos cristianos. La asimilación de judíos que se acabó produciendo por parte de los españoles parece apoyar bastante su teoría. No obstante, la impresión que prevalecía en España era la de que la mayoría de los conversos iban a Misa los domingos y los sábados a la sinagoga. Resultaba difícil descubrir cuáles de ellos eran auténticos cristianos y cuáles judíos. Así que la chusma mataba a todos indiscriminadamente. Isabel contemplaba avergonzada y llena de horror semejante injusticia. Pero cómo distinguir al cristiano sincero del falso?


KARL MARx, Sobre la cuestión judía, Prometeo Libros, Buenos Aires 2004, 43.

WILLIAM T. WALSH, Op. cit., 215