Eutanasia



Se entiende por eutanasia “la intervención intencionalmente programada para interrumpir de manera directa y primaria una vida, cuando esta se encuentra en condiciones particulares de sufrimiento o de incurabilidad o de proximidad a la muerte.”[5]

Hay que decir que los promotores de la eutanasia tienen una concepción de la persona humana desprovista de carácter trascendente, al mismo tiempo que ven la vida como un bien secundario respecto a la libertad. Por ello vemos como tales personas empiezan por argumentar tal práctica valiéndose de casos extremos, como pacientes terminales, para poco a poco ir llegando a la permisividad total. Es así como en Holanda, por ejemplo, “la eutanasia se legalizó inicialmente para pacientes con cáncer terminal, luego las cortes se volvieron más flexibles y ahora se permite la eutanasia a personas deprimidas sin ninguna enfermedad terminal o incluso para recién nacidos con alguna malformación.”[6]

Esta práctica, tan difundida hoy, se vende bajo el rótulo de “muerte digna” como si el sufrimiento, el dolor o la enfermedad hiciesen de la persona que lo padece alguien indigno. Ésta, es producto de una sociedad materialista, donde la dignidad de la persona se mide en términos de su productividad y de su capacidad de disfrute, de experimentar placer. La sociedad quiere liberarse de todas aquellas personas que le representan una carga, que le demandan cuidados pero que no le aportan en términos económicos. Para el estado es más fácil y menos costoso brindar la posibilidad de la eutanasia a pacientes con enfermedades terminales que invertir en cuidados paliativos. Detrás de esta mentalidad hay, sin duda, muchos intereses económicos. Y es que una sociedad que aprueba el aborto y ataca la familia, y en la que, por tanto, no se renueva su población, no hay mano de obra joven que sostenga las pensiones de los más ancianos y enfermos, ni familias que los cuiden, por tanto, hay que buscar una “solución” al problema; y lo mejor, hay que venderlo bajo el rótulo de “derecho”, de esta manera la persona terminará pidiendo su propia muerte. Esta es la trampa de la cultura de la muerte, que es toda una red, en la que una cosa lleva a la otra.

La eutanasia es moralmente ilícita bajo toda circunstancia, ya que se debe reconocer y respetar la vida de la persona desde su concepción hasta su muerte natural. El Papa Juan Pablo II, en un discurso pronunciado ante los obispos de Estados Unidos, el 5 de octubre 1979, afirmó que “la eutanasia o la muerte por piedad… es un grave mal moral…; tal muerte es incompatible con el respeto a la dignidad humana y la veneración a la vida”.

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