PRIMERO LA ABOLICIÓN DEL HOMBRE, LUEGO LA ABOLICIÓN DE LOS GęNēRºS



En el camino de convertirse en un ciudadano sin vínculos La colectivización de la educación infantil es una importante aspiración e instrumento de todos los enemigos de la libertad. Con supuestos argumentos como el éxito en el aprendizaje, la competencia social, etc., los políticos llevan muchos años exigiendo con vehemencia una educación infantil obligatoria cada vez más larga. Los pequeños deben ser apartados cuanto antes de la influencia nociva, por ser incontrolable, de la familia y entregados al cuidado del Estado. Cuanto antes, mejor. Por eso también hay que reintegrar a la mamá en el proceso de trabajo lo antes posible. Lo quiera o no. Se trata de un monopolio estatal de la educación y de la completa incapacitación de los padres. La educación debe dejar de ser un asunto privado.

El Estado niñera socialista se encarga de todo, incluso de la educación, es decir, del adoctrinamiento, para que el ciudadano desarraigado y sin vínculos parentales y familiares más estrechos se vuelva lo más dependiente posible del Estado y sus servicios. Si bien el Estado, sus órganos y los ideólogos de izquierda no tardan en alcanzar los límites de su poder en el caso de los clanes familiares de la región árabe, con sus fuertes estructuras, su firme sistema de valores y su cohesión, el ciudadano europeo autóctono, desprovisto de vínculos, tradición, orientación y cada vez más también de GęNēRº e identidad, es muy fácil de dirigir y manipular.

Desde hace años, la clásica familia nuclear padre- madre- hijo ha sido retratada por los neosocialistas de la política, los medios de comunicación, la cultura y el mundo académico como un lugar de violencia, abuso sēxû@l, burguesismo y otros horrores. ¿Cuándo fue la última vez que vio una familia feliz e intacta en la televisión, en una película o en el escenario? Las llamadas familias de retazo y arco iris se presentan como formas de convivencia modernas y especialmente deseables. La televisión estatal al servicio del Estado. Esto tampoco es nada nuevo. La cineasta de izquierdas Ruth Beckermann lo dijo abiertamente en un programa del Club 2 en ORF (radio pública de Austria), sin los habituales tapujos y pretextos. En la ronda de discusión afirmó que los niños deberían ser acogidos por las instituciones educativas estatales lo antes posible, porque de todos modos solo se contaminarían con ideas derechistas y nacionalistas por los progenitores alcohólicos. Ya no son el padre y la madre, o el padre1 y el padre2, como suelen decir los genderistas particularmente progresistas, los que deberían poder determinar qué valores y actitudes se enseñan a sus hijos, sino el Estado neosocialista. Todo esto se hace apetecible para las madres con argumentos y palabras de moda como «autorrealización», «oportunidades de carrera profesional», «independencia», etc. El hecho de que, a pesar de esta propaganda constante, la mayoría de las madres preferirían cuidar a sus hijos durante más tiempo si pudieran permitírselo económicamente, es ignorado gustosamente por los representantes del pueblo. Cualquiera que quiera cuidar de sus hijos más tiempo del que el Estado y los socialistas quisieran es difamada como «modelo que ha pasado de moda para siempre» o como una «tontita». La mujer moderna, en cambio, se orienta por los planes de vida de «Sēx0 en Nueva York», etc. Según esto, los que no nadan por ese cauce están influenciados por el espíritu reaccionario de sus padres.

Cuando un cantante extremadamente popular, como Andreas Gabalier, se atreve a decir en una entrevista que «es bueno para los niños que su madre se quede más tiempo en casa y los cuide», entonces se desata una enorme tormenta de crítica política y mediática contra él, y en las redes sociales los bien entrenados, políticamente correctos de a pie echan espumarajos. Sus colegas músicos, predominantemente de izquierdas, se distancian indignada, asqueada y públicamente del reaccionario roquero folk, e incluso lo consideran un acto de coraje y valentía. A nadie se le permite cuestionar impunemente los dogmas y los objetivos de los genderistas. La intolerancia y el odio de los «tolerantes» hacia otras opiniones y estilos de vida sorprende una y otra vez en su virulencia y vehemencia. Paso a paso, estos fanáticos ideológicos consiguen restringir los logros democráticos, como la libertad de opinión y la libertad de prensa, de facto y, cada vez más, también de iure.

El empeño de los políticos de izquierda, los académicos y los medios de comunicación en la escolarización de jornada completa también tiene una motivación puramente ideológica; el objetivo es mantener a los niños alejados de sus padres el mayor tiempo posible. La familia, la vida privada, la libertad, la independencia de pensamiento y de acción, todo esto debe combatirse en el camino hacia una sociedad «más justa». El Estado neosocialista quiere extender su poder a todos los ámbitos de la sociedad.

spiegel.de, Staat kuscht vor kriminellenclans, 26/10/2010
oe24.at, «Club2» als politischer Aufreger, 05/02/2009

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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