Categoría: Libros

Noticias de última Hora

Si la promesa de Jesús es el marco del relato, el punto focal es el así llamado “relato de la institución”. Las palabras de la institución son ciertamente extrañas, aunque los cristianos nos hemos acostumbrado a ellas a lo largo de estos dos milenios, Jesús, el rey y el ungido, se identifica a sí mismo con el pan partido y con el vino: “Esto es mi cuerpo… este cáliz es la nueva alianza en mi sangre” (Lucas 22, 19-20). Luego, en el relato de Lucas y Pablo, se recoge el mandato de Jesús de reiterar esta comida “en conmemoración” suya. Este mandato hace del pasaje el relato de la última comida de Jesús antes de su muerte. Pero Jesús manda a los apóstoles que repitan la cena cuando Él ya no esté visiblemente presente. Y así, la narración de la Última Cena se convierte en el relato fundacional para la actuación de la Iglesia, como vemos en los Hechos de los Apóstoles (2, 42, 46; 20, 7, 11;27, 35)

La fe es razonable (Scott Hahn)

De la fervorosa enmienda en toda nuestra vida

Tienes que esmerarte y dedicarle con esfuerzo a trabajar por Dios, recordando a menudo para qué has sido creado, y para qué has venido al mundo.

No fué para conocer, amar y servir a Dios, y llegar a ser una persona espiritual?

Llénate pues de deseos de progresar en la vida espiritual, pues en breve pronto recibirás el premio de tus fatigas, y en la otra vida ya no habrá dolor ni temor.

21:4 Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado.
(Apocalipsis)

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

Sacrificios en el Antiguo Testamento


En la antigua Ley había cuatro especies de sacrificios: el holocausto o sacrificio de Latría, por el cual se reconocía la soberana Majestad de Dios. El sacrificio de alabanza, o sea Eucaristía por el cual le daban gracias por sus beneficios. El Sacrificio Impetratorio, para implorar su socorro, el Sacrificio expiatorio, en en cual Dios era honrado como Juez, se ofrecía por la remisión del pecado y expiación de la culpa. Cada uno de estos sacrificios tenía su rito particular.


Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem)

Vanidad

Supongamos que hasta ahora hayas vivido gozando de honras y placeres, ¿de qué te habrá servido todo eso si ahora en este momento tuvieras que morir? “Te reclamarán el alma”. “Insensato y necio quien atesora riquezas para sí y no se enriquece en orden a Dios (Lucas 12)

Recuerda que todo es vanidad, menos el amar y servir a Dios y hacer lo que Él manda “De muchas cosas te preocupas, pero sólo una es necesaria (Lucas 10, 41)

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

El Reino de Dios

Ardientemente he deseado comer esta pascua con vosotros, antes de padecer, porque os digo que no la volveré a comer hasta que tenga su cumplimiento en el Reino de Dios. Y tomando el cáliz, dio gracias y dijo: Tomadlo y distribuidlo entre vosotros; pues os digo que a partir de ahora no beberé el fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios (Lucas 22, 15-18)

Jesús recalca aquí que, de alguna manera, la Cena se relaciona con el Reino y con la llegada de éste; y también con el hecho de que el Reino está llegando a ese momento. Asocia el Reino con el comer y beber, como se observa en algunos versículos posteriores, al asegurar a sus discípulos que ellos “comerán y beberán… a mi mesa en mi Reino (v. 30). Aquellos dos declaraciones enmarcan el relato de la Cena, y establecen una promesa: comer y beber con Jesús será manifestación de la presencia del reino. Pocos días después, Cristo resucitado como con los discípulos. Al compartir esa comida, Jesús les ofrece garantías de que el Reino ya estuvo presente allí realmente.

La fe es razonable (Scott Hahn)

Dominio de si mismo

Proverbios 16:32 Más vale hombre paciente que valiente, mejor dominarse que conquistar ciudades.

Papa Urbano IV y el Milagro de Orvieto

en 1263, había en Bolsena, Diócesis de Orvieto, Italia, un sacerdote que, después de haber pronunciado sobre el pan las palabras de la consagración, cediendo a la instigación de Satanás, se puso a dudar de la transubtanciación. Este desgraciado se decía a sí mismo: No siento nada, no veo el menor indicio de cambio! No, no es cierto que Jesucristo esté bajo esta apariencia. No contento con alimentar esta duda, llegó a negar positivamente la presencia real de Jesucristo, cayendo así en una verdadera herejía. No obstante esto, continuó diciendo Misa y consagrando. Un día, al elevar la Hostia después de la consagración, la Sangre corrió como una lluvia que cae de las nubes. Ya se considerará el estupor del sacerdote al ver este espectáculo; permaneció inmóvil, muy emocionado, y se percibió que esta lluvia misteriosa venía de la Hostia. El pueblo veía el mismo milagro y exclamaba: !Oh Preciosa Sangre!, Oh Sangre Divina! ¿Cuál es la causa de tu efusión? Oh Lluvia Sagrada, corre sobre nuestras almas, purificados de nuestros pecados! Unos se daban golpes de pecho, otros derramaban lágrimas ardientes.

Al oír los clamores del pueblo, el sacerdote volvió en sí, bajó la santa Hostia y quiso colocarla sobre el corporal, pero éste quedó tan humedecido, que apenas encontró un lugar seco donde pudiera depositarla. Ante semejante manifestación, los ojos de su alma se abrieron, reconoció su falta, se arrepintió sinceramente de su incredulidad, y continuó la celebración de los divinos misterios con tal abundancia de lágrimas, que varias veces se vio en la necesidad de suspender sus oraciones. Después de la comunión dobló el corporal lo mejor que pudo, con objeto de que el prodigio quedase oculto; más cuando terminó la Misa los fieles fueron a interrogarle para cerciorarse de si era verdad lo que habían visto. El sacerdote se vió obligado a enseñarles el corporal, y al verlo, los asistentes cayeron de rodillas, golpeándose el pecho e implorando la Divina Misericordia. Este acontecimiento tan extraordinario atrajo gran número de curiosos a Bolsena. Urbano IV lo supo, y ordenó que el celebrante fuese con el corporal a Orvieto, donde él estaba. El desgraciado eclesiástico fué temblando, se prosternó ante el Papa pidiéndole perdón, le contó sus dudas pasadas, la efusión de la preciosa Sangre, y le mostró como prueba los vestigios sobre el corporal. El Papa, sobrecogido de emoción se arrodilló y besó el lienzo milagroso. Urbano IV hizo construir más tarde una iglesia magnífica en Bolsena, en honor de la preciosa Sangre, y ordenó que una procesión recorriese la ciudad, el día del aniversario de este prodigio. El milagroso corporal se ve hoy todavía en la catedral de Orvieto. Este admirable suceso fue una de las principales razones para que el Papa confirmase la institución de la fiesta del Santísimo Sacramento.

Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem)

Las 3 Comidas

El tema del Reino caracteriza a estas tres comidas:

Las cinco mil personas quedan “satisfechas” y se recogen doce cestos con el pan sobrante; lo cual indica la plenitud de las doce tribus de Israel bajo el Hijo de David (1 Reyes 4, 20; 8, 65-66)

La Última Cena está estrechamente asociada con la inminente llegada del Reino (Lucas 22, 16 18 y 29-30)

y la secuencia de Emaús se inicia con el comentario de los discípulos: “Nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel”; es decir, quien restauraría el Reino de David (Lucas 1, 68-69)

Al compartir aquellas comidas, Jesús actuaba como su antepasado real. David prolongó fielmente la alianza a través de la participación en su mesa real (2 Samuel 9 7, 10, 13; 1 Reyes 2, 7). Los salmos de David emplean imágenes de comidas y bebidas para celebrar la provisión de los dones de Dios; y los profetas describen la restauración de la ciudad de David (Isaías 25, 6-8) Jeremías 31, 12-14) y de la alianza con David (Isaías 55, 1-5) con imágenes de banquetes. En Ezequiel el papel primario del “pastor” es “alimentar” a Israel (Ezequiel 34, 23)

La fe es razonable (Scott Hahn)

Un Manjar digno de reyes

El relato de Lucas sobre la Última Cena constituye un texto clave para relacionar la identidad de Jesús como “hijo de David” y la Iglesia como el davídico “Reino de Dios”. En la mesa, Jesús constituyó a los apóstoles como vice-regentes suyos. A partir de ese momento, ejercerán la autoridad en su nombre. En los Hechos de los Apóstoles -el libro que Lucas escribió como secuela de su Evangelio- observamos a los apóstoles ejerciendo la autoridad que Jesús les había conferido para el gobierno de la iglesia

Lucas, más que ninguna otro evangelista, asocia las imágenes del Reino con el compartir la mesa. Los exégetas identifican diez comidas distintas en el Evangelio de Lucas. Todas pueden interpretarse como anticipo del banquete del Mesías anunciado por los profetas del Antiguo Testamento (Isaías 25, 6-8; Zacarías 8, 7-8; 19-23). Lo cual resulta todavía más evidente en las comidas que preside el propio Mesías: la que alimenta a cinco mil personas (9, 10-17), La Última Cena (Lucas 22, 7-38), y la comida en Emaús (24, 13-35). En las tres comidas que refiere Lucas -y sólo en ellas- se habla de un pan que es partido. Se utilizará la misma expresión en Hechos 2, 42 y 46; 20, 7 y 11; 27, 35

La fe es razonable (Scott Hahn)

Sufrir con paciencia


Grande y saludable purgatorio tiene ya en este mundo la persona que sabe sufrir con paciencia, y que al recibir un mal trato le entristece más el pecado que comete el otro que la ofensa que ha recibido; que reza cariñosamente por quienes le ofenden, y perdona de todo corazón sus ofensas, que si le sucede ofender a otros se apresura a pedirles perdón y a presentarles excusas; que se inclina más fácilmente a compadecerse que a disgustarse.


Prefiero la misericordia al sacrificio (Mateo 9,13), y que frecuentemente se hace violencia para lograr que el cuerpo y lo sensible sean dirigidos por la voluntad y el espíritu

Es mejor purificarse ahora de los pecados y luchar por dominar los propios vicios que esperar a purificarse de ellos en la otra vida, “porque entonces no saldrás de la cárcel hasta haber pagado el último céntimo de tu deuda (Mateo 5,25)


Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)