No hay ni pobreza, trabajos ni respetos humanos
que le dispensen de mantener a sus hijos y de
educarlos por sí mismos. Lectores, me podéis creer. Yo pronostico que cualquiera que tenga entrañas y abandone tan sacrosantos deberes, derramará durante mucho tiempo amargas lágrimas por su error y jamás hallará consuelo
Rousseau, Emilio, p. 24
