Sobre la simplicidad de Dios
Cuando de algo se sabe que existe, falta por averiguar cómo es, para que se puede llegar a saber qué es. Como quiera que de Dios no podemos saber qué es sino qué no es, al tratar de Dios no podemos centrarnos en cómo es, sino, mejor, en cómo no es. Por lo tanto, lo primero a tratar será cómo no es; lo segundo, cómo es conocido por nosotros; lo tercero, cómo llamarle.
El cómo no es Dios puede demostrarse no aplicándole todo lo que es incompatible con ÉI: la composición, el movimiento y cosas parecidas. Primero investigaremos su simplicidad, para lo cual no se aplica la composición. Y puesto que en las cosas corporales lo simple es imperfecto y divisible, en segundo lugar investigaremos su perfección. En tercer lugar su infinitud. En el cuarto lugar su inmutabilidad. En el quinto lugar su unidad
Lo primero plantea y exige respuesta a ocho problemas:
1. ¿Es o no es cuerpo Dios?
2. iHay o no hay en ÉI composición a partir de la materia y la forma?–
3. ¿Hay o no hay en Él composición de esencia-naturaleza y de sujeto?
4. ¿Hay o no hay en El composición derivada de Su esencia y existencia?
5. ¿Hay o no hay en ÉI composición de género y diferencia?
6. ¿Hay o no hay en ÉI composición de sujeto y accidente?
7. ¿Es de algún modo compuesto o absolutamente simple?
8. ¿Forma o no forma compuesto con otras cosas?
C.2: ML 40,236.
Summa theologiæ, Thomas Aquinos
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