Categoría: Nuevo Testamento

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dad gracias siempre, unidos a Cristo Jesús, pues esto es lo que Dios quiere que hagáis.
Aleluya.

EVANGELIO
Lc 17, 11-19.

¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
–Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: –Id a presentaros a los sacerdotes.
Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: –¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: –Levántate, vete: tu fe te ha salvado.

Palabra del Señor.

Placeres y diversiones ilícitos

Asistimos a una sociedad hedonista, caracterizada por una obsesiva búsqueda del placer e incapaz de sufrir; por lo tanto, cada vez más incapaz de amar. Una sociedad que enseña a los hombres a “vivir para sí”, ignorando que la desesperanza más absoluta del hombre es no tener para quién vivir, por quién dar la vida, y vivir para sí, simplemente para procurarse placeres. Se trata de placeres momentáneos y desordenados, que esclavizan y hacen dependiente a la persona éalcohol, drogas, sexo desordenado- que rápidamente pasan y no brindan alegría profunda al corazón; son momentos de disfrute, mas no de alegría duradera.
Teatros, cines, discotecas, bares, bailes inmorales, centros de perversión, playas y piscinas con inmoral promiscuidad de sexos, revistas, periódicos, novelas, vitrinas, conversaciones torpes, que lo único que hacen es erotizar cada vez más al hombre robándole su capacidad reflexiva. En el mundo no se piensa ni se vive más que para la diversión, a la que se le sacrifica muchas veces el descanso, el compartir familiar y hasta lo materialmente necesario para vivir

Distribución

Al venir al mundo, el hombre no dispone de todo lo que es necesario para el desarrollo de su vida corporal y espiritual. Necesita de los demás. Ciertamente hay diferencias entre los hombres por lo que se refiere a la edad, a las capacidades físicas, a las aptitudes intelectuales o morales, a las circunstancias de que cada uno se pudo beneficiar, a la distribución de las riquezas (GS 29).

Los “talentos” no están distribuidos por igual (cf Mt 25, 14-30, Lc 19, 11-27) 1937 Estas diferencias pertenecen al plan de Dios, que quiere que cada uno reciba de otro aquello que necesita, y que quienes disponen de “talentos” particulares comuniquen sus beneficios a los que los necesiten.

Las diferencias alientan y con frecuencia obligan a las personas a la magnanimidad, a la benevolencia y a la comunicación. Incitan a las culturas a enriquecerse unas a otras: «¿Es que acaso distribuyo yo las diversas [virtudes] dándole a uno todas o dándole a éste una y al otro otra particular? [] A uno la caridad, a otro la justicia, a éste la humildad, a aquél una fe viva [] En cuanto a los bienes temporales, las cosas necesarias para la vida humana las he distribuido con la mayor desigualdad, y no he querido que cada uno posea todo lo que le era necesario, para que los hombres tengan así ocasión, por necesidad, de practicar la caridad unos con otros [] He querido que unos necesitasen de otros y que fuesen mis servidores para la distribución de las gracias y de las liberalidades que han recibido de mí» (Santa Catalina de Siena, Il dialogo della Divina provvidenza, 7).

Evangelio

Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra, y mi Padre lo amará y haremos en él nuestra casa, dice el Señor.
Aleluya
EVANGELIO
Lc 17, 7-10.
Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo, dijo el Señor: «Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: “Enseguida, ven y ponte a la mesa?” ¿No le diréis: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú?” ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros. Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: “Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».
Palabra del Señor

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Iluminad al mundo con la luz del Evangelio reflejada en vuestra vida.
Aleluya

EVANGELIO
Lc 17, 1-6.

Si siete veces vuelve a decirte: «lo siento» , lo perdonarás.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
–Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: «lo siento», lo perdonarás. Los apóstoles le pidieron al Señor:
–Auméntanos la fe. El Señor contestó: –Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería.

Palabra del Señor

Burlas y persecuciones

Cuando una persona está en un cuarto oscuro por un largo tiempo, y viene alguien y de repente enciende una bombilla, ésta se siente encandilada, siente que la luz le fastidia, no la soporta e intenta apagarla. Esto mismo le ocurre al mundo, se encuentra sumergido en las tinieblas del pecado, y es por ello que cuando viene un cristiano con la luz de Cristo, le fastidia, le incomoda y por ello intenta apagarlo. Es así como, cuando el mundo no logra seducirnos y conformarnos a su mentalidad entonces intenta desanimarnos y apabullarnos a través de burlas y persecuciones.
Pero no hay que olvidar que el cristianismo siempre ha estado marcado por la persecución, el mismo Cristo la padeció y nos advirtió que sus discípulos serían aborrecidos y perseguidos por el mundo: “Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan, y cuando, por mi causa, os acusen en falso de toda clase de males” (Mt 5,11). En sus inicios, el cristianismo fue víctima de violentas y sangrientas persecuciones, que se daban abiertamente, y en las que cientos de mártires derramaron su sangre. Ahora, asistimos a una persecución solapada pero feroz, a una persecución moral que se da a través del lenguaje -chistes y burlas que ridiculizan lo sagrado, lo piadoso y lo moral-, de los medios de comunicación -que se encarnizan mostrando aquellas noticias escandalosas en que aparece involucrado un sacerdote o una religiosa-, de las leyes -que atentan contra la vida, la familia, el matrimonio, la libertad religiosa-. En fin, es una persecución cultural, donde tal vez no se prohíbe abiertamente el cristianismo, pero donde la estrategia es crearle un ambiente totalmente adverso. Una persecución que busca acorralar el cristianismo, que quiere sacar la fe del ámbito público y reducirla a lo privado.
Pero Jesús nos dijo “felices los perseguidos por causa mía”, por ello debemos estar alegres, tener la frente en alto y estar dispuestos a dar la batalla. Debemos ser valientes, ir contra corriente y no resignarnos a la mediocridad de este mundo, pues los mediocres solo se burlan de aquellos a quienes no pueden imitar

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesucristo es el primogénito de entre los muertos;
a él, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Lc 20, 27-38.

No es Dios de muertos, sino de vivos.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos
no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».

Palabra del Señor