Categoría: Biblia

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dios nos amó y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados.
Aleluya.
EVANGELIO
Lc 19, 1-10.
El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: –Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver ésto, todos murmuraban diciendo: –Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: –Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: –Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.
Palabra del Señor.

Evangelio

Aleluya, aleluya.Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.Aleluya.


Evangelio Lc 18, 35-43.
¿Qué quieres que haga por ti? Señor, que vea otra vez.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: –Pasa Jesús Nazareno. Entonces gritó: –¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: –¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: –¿Qué quieres que haga por ti? El dijo: –Señor, que vea otra vez. Jesús le contestó: –Recobra la vista, tu fe te ha curado. Enseguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.
Palabra del Señor.

La solidaridad humana

El principio de solidaridad, expresado también con el nombre de “amistad” o “caridad social”, es una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana (cf SRS 38-40; CA 10):

Un error capital, “hoy ampliamente extendido y perniciosamente propalado, consiste en el olvido de la caridad y de aquella necesidad que los hombres tienen unos de otros; tal caridad viene impuesta tanto por la comunidad de origen y la igualdad de la naturaleza racional en todos los hombres, cualquiera que sea el pueblo a que pertenezca, como por el sacrificio de redención ofrecido por Jesucristo en el altar de la cruz a su Padre del cielo, en favor de la humanidad pecadora” (Pío XII, Carta enc. Summi pontificatus).

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.

Levantaos, alzad la cabeza:
se acerca vuestra liberación.

Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Lc 21, 5-19.
Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decía:
«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes.
Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Palabra del Señor.

Falsos modelos

Falsos modelos
Un modelo es un “arquetipo o punto de referencia para imitarlo o reproducirlo”. En las acciones morales es un ejemplar que se debe seguir e imitar por su perfección.
En este orden de ideas, hay que decir que toda persona adopta un modelo en su vida, alguien a quien admira y considera digno de imitar. Hoy, los medios de comunicación, con su gran capacidad de influenciar, son los encargados de fijar dichos modelos tanto a adolescentes, como a adultos y niños. Pero, ¿qué clase de modelos nos fijan? ¿Qué personas nos incitan a imitar? Se miden estos modelos por una capacidad artística o por su belleza o su fama o por su dinero; y eso sí que es difícil de imitar, en la mayoría de los casos, imposible. Por lo general son “modelos” escandalosos, que viven de espaldas al Evangelio y que incitan a lo pecaminoso, que, en muchos casos, sirven de instrumentos al “príncipe” de este mundo para llevar las almas a la perdición. Los falsos modelos que hoy se ponen como punto de referencia son cantantes, artistas, modelos, famosos, hombres de ciencia que se jactan de ser ateos, prototipos, en la mayoría de los casos, superfluos y vacíos, que incitan a la impureza, a la promiscuidad, al culto del cuerpo, a la ambición, a la rebeldía, e incluso a la incredulidad y al rechazo y oposición a la fe.
El cristiano sabe que los auténticos modelos, dignos de imitar, son los santos: personas arrolladoras, líderes, valientes, entusiastas, arriesgadas, emprendedoras, virtuosas y muy heroicas que dejaron su huella en la historia. Todas ellas, personas que han dado su vida para que otros tengan vida, personas que le han aportado a la sociedad y que han hecho algo verdaderamente noble por la humanidad sin esperar retribución alguna. Madre Teresa, Don Bosco, Juan Pablo II, ellos sí que son dignos de imitar, pues ¡han llevado una vida grande! Ellos han encarnado el Evangelio en sus vidas, han vivido la imitación de Cristo y de su Santísima Madre, quienes deben ser nuestros principales modelos. Los santos nos hacen creíble el Evangelio.
Mientras estudiaba en la universidad de París, San Francisco Javier, tuvo la fortuna de encontrarse con el gran San Ignacio de Loyola, quien le repetía incansablemente aquellas palabras del Evangelio: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?” Palabras que lo llevaron a renunciar a su vida mundana y a entregar su vida a Jesucristo. Y es que un verdadero cristiano sabe que este mundo es un lugar de peregrinación y que su patria definitiva es el Cielo, mientras que un mundano (palabra que usamos para designar a la persona que se encuentra invadida, y es guiada, por el espíritu del mundo) se aferra a él incansablemente.
En definitiva, no queda duda que el mundo es un enemigo del alma con el que el hombre tendrá que luchar hasta el último instante de su vida: “esta situación dramática del mundo que “todo entero yace en poder del maligno” (1 Jn 5,19; cf. 1 Pe 5,8), hace de la vida del hombre un combate: A través de toda la historia del hombre se extiende una dura batalla contra los poderes de las tinieblas que, iniciada ya desde el origen del mundo, durará hasta el último día, según dice el Señor… ”. Ante dicha realidad, el hombre está llamado a combatir, pues es imposible pertenecer a Jesús y al mundo. No se puede conciliar el espíritu del Evangelio con el espíritu del mundo. Es hora de dejar de ser mundanos y de permitir que sea el Espíritu Santo quien conduzca nuestras vidas. Desde el inicio (Gén 3,15), el mismo Dios dividió la humanidad en dos bandos, los descendientes de la Mujer, Cristo y sus discípulos, y los descendientes de la serpiente, los que pertenecen al mundo dominado por el diablo. ¿De qué bando queremos estar? No hay punto medio, o se está de un lado, el del Evangelio de Jesucristo, o se pertenece al mundo, dominado por el diablo.

Diferencia económica

Existen también desigualdades escandalosas que afectan a millones de hombres y mujeres. Están en abierta contradicción con el Evangelio:

«La igual dignidad de las personas exige que se llegue a una situación de vida más humana y más justa. Pues las excesivas desigualdades económicas y sociales entre los miembros o los pueblos de una única familia humana resultan escandalosas y se oponen a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la persona humana y también a la paz social e internacional» (GS 29).

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dios nos ha llamado, por medio del Evangelio, a participar de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
Aleluya.
EVANGELIO
Lc 18, 1-8.
Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: –Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara». Y el Señor añadió:
–Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?
Palabra del Señor.