<Sobre el terror rojo>
La letra del texto justificaba la actividad terrorista de la Cheka en virtud de la necesidad de <proteger la República soviética contra sus enemigos de clase aislando a éstos en campos de concentración, fusilar en el mismo lugar a todo individuo relacionado con organizaciones de guardias blancos, conjuras, insurrecciones o tumultos . ..>. Desde entonces, la Cheka, que en 1922 se institucionalizó permanentemente como GPU (más tarde optaría por el nombre de NKVD), fue utilizada de manera sistemática para aniquilar todo estorbo: desde revueltas campesinas hasta huelgas obreras; desde partidos y fuerzas políticas no subordinadas hasta amotinamientos en el seno del Ejército Rojo; desde intelectuales inconformes hasta protestas eclesiásticas. La persecución de presuntos enemigos políticos que se suponía una medida extraordinaria de los primeros tiempos de la revolución, en realidad se fue consolidando e institucionalizando cada vez más con el paso del tiempo y la consolidación del régimen. El artículo 58 del Código Penal de la URSS, que entró en vigor en 1927 con el fin de perseguir las actividades <contrarrevolucionarias >, es un ejemplo de esto último. Según su letra, cualquier acción que incluso <debilite> el poder de los comunistas queda encuadrada como <contrarrevolucionaria>, de la misma forma que cualquier omisión- como dejar de denunciar a un traidor- que tenga el mismo propósito o efecto. El hecho de <no informar una acción contrarrevolucionaria>, por ejemplo, constituye un delito <contrarrevolucionario> al que corresponden 6 meses de prisión (párrafo 12). Entablar comunicaciones con extranjeros constituye, bajo determinadas condiciones, también un acto contrarrevolucionario que lo convierte a uno en «enemigo del pueblo>, por lo que le corresponde la pena de ejecución (párrafo 3). El mismo destino se prevé para quien «ayude a la burguesía internacional» (párrafo 4), para quien promueva «propaganda y agitación contrarrevolucionaria> (párrafo 10), para «cualquier utilización de los prejuicios religiosos de las masas [. ..] que pretenda debilitar el Estado» (párrafo 10), y así sucesivamente. Es fácil apreciar que las categorías son tan amplias e indefinidas y con ese fin han sido precisamente diseñadas- que en la práctica cualquier acción puede ser eventualmente interpretada como «contrarrevolucionaria». Se prevé la pena capital, por ejemplo, para quien procure debilitar los «principales logros» (párrafo 1) de la revolución, así como también para el «cumplimiento intencionalmente insatisfactorio de ciertas obligaciones»> (párrafo 14). Como si esto fuera poco, el régimen soviético aplicó el llamado «principio de analogía», según el cual un determinado acto que no esté explícitamente codificado como delito
puede, sin embargo, considerarse tal cosa «por analogía», es decir, por su semejanza a otro tipo de acto debidamente codificado.
El momento totalitario del terror, no obstante, se despliega especialmente cuando el criterio colectivista orienta la política represiva del régimen. Esto Ocurre cuando determinados grupos sociales son señalados como intrínsecamente culpables según la lógica de la clave ideológica encumbrada (clase o raza; evolución económica o evolución biológica). Decir o hacer, en tanto que acción que brota de una decisión individual consciente, ya no determina la reacción violenta del aparato totalitario; la más completa sumisión ya no lo salva a uno necesariamente. Ahora basta con pertenecer al grupo señalado como culpable de refrenar el despliegue de la clave fundamental; o sea, ahora basta con ser. Las clases poseedoras refrenan la evolución económica hacia un mundo sin clases; las razas inferiores refrenan el mejoramiento biológico de la humanidad. Su exterminio es sencillamente una anticipación de algo que de todas maneras debe ocurrir y que, mientras no termine de ocurrir, nos condena a estar lejos de la plenitud prometida. Así pues, la violencia no se desata contra mí en tanto que responsable de una acción determinada, sino en tanto que portador de una identidad definida. La violencia es contra mí en tarnto que esto soy yo; y resulta que esto que soy ralentiza el advenimiento de una sociedad mejor.
Este es el momento propio de la ingeniería social totalitaria: se trata de construir una sociedad en la que el reino de los vivos revista una serie de características humanas previamente calculadas. Mientras tanto, el reino de los muertos reclama con impaciencia lo suyo. Bajar el cielo a la tierra implica, en la dialéctica totalitaria, hacer de ella previamente un infierno para los no salvos.
Martin Latsis, un alto funcionario de seguridad de la Cheka, no podía ser más claro al respecto:
Estamos exterminando a la burguesía como clase. No es necesario probar que fulano o zutano contravino los intereses del poder soviético en palabra u obra. Lo primero que deben preguntara un detenido es lo siguiente: ¿a qué clase pertenece, de dónde es, qué educación recibió y cuál es su profesión? Estas preguntas decidirán el destino del acusado. Ésta es la quinta esencia del Terror Rojo
Cheka: Policía política cuya función supuestamente temporal consistía en perseguir y aniquilar toda oposición al régimen
Courtois et al., El libro negro del comunismo, p. 107
*Las revueltas campesinas empezaron en 1918 y no terminaron hasta 1921. Los motivos principales tenían que ver con las requisas confiscatorias y el reclutamiento militar forzoso. Lenin llamó a emprender una «guerra inmisericorde y terrorista contra la burguesía campesina» (citado en Pipes, La revolución rusa, p. 794). La Cheka arrasó con aldeas completas, deportó en masa y masacró a las familias campesinas sin piedad. Las tierras cosacas del Don y del Kubán eran corrientemente calificadas como la «Vendée soviética», «Según las estimaciones más fiables, [en dichas regiones] entre 300.000 y 500.000 personas fueron muertas o deportadas en 1919-1920, sobre una población total que no superaba los 3.000.000 de personas» (Courtois et al., El libro negro del comunismo, p.
141).
* El 16 de marzo de 1919, por ejemplo, la Cheka irrumpió en la fábrica Putilov, cuyos obreros se encontraban en huelga. «Alrededor de novecientos obreros fueron detenidos. En el curso de los días siguientes, cerca de doscientos huelguistas fueron ejecutados sin juicio en la fortaleza de Schüsselburg» (Courtois et al., El libro negro del comunismo, p. 121). Otro ejemnplo ilustrativo se dio
casi al unísono en las huelgas obreras de la ciudad de Astracán, cuando del 12 al 14 de marzo «se fusiló y ahogó entre dos mil y cuatro mil obreros huelguistas y amotinados»
*La primera persecución bolchevique contra el clero tiene lugar en el período 1918-1922. «Según fuentes eclesiásticas, 2.691 sacerdotes, 1.962 monjes y 3.,447 monjas fueron asesinados en 1922» (Courtois et al., El libro negro del comunismo, p. 172). En el período 1929-1930, se desarrolla una segunda ofensiva: se expropian y cierran templos (para el 1 de marzo de 1930, 6.715 iglesias habían
sido cerradas), se persigue a quienes prestan servicio el culto asimilándolos a los kulaks (se calcula que en 1930 cerca de 30.000 ministros fueron «deskulakizados»), se les retira las cartillas de racionamiento, se los deporta y, en muchos casos, también se los ejecuta (véase Courtois et al., El libro negro del comunismo, pp. 230-233). La tercera ofensiva contra el clero, la más cruenta de todas, tendría lugar en 1937
*El 17 de mayo de 1922, cuando se estaba trabajando precisamente en un nuevo Código Penal, Lenin escribió a Kursky, comisario del pueblo para la Justicia, sobre el articulado referido a los delitos políticos: <La formulación debe ser lo más abierta posible, porque sólo la conciencia legal revolucionaria y la conciencia revolucionaria creanlas condiciones de aplicación fácticas> (citado en Courtois et al., El libro negro del comunismo, p. 174)
Aron, Democracia y totalitarismo, p. 280.
*Joseph Goebbels fue portada de la revista Time el 10 de iulio de 1933 baio la declaración: <Los judíos tienen la culpa>. Esta misma frase se convirtió en título de un artículo suyo de noviembre de 1941 publicado en el semanario Das Reich. La culpa que menciona no es en absoluto individual, sino colectiva: el mero hecho de ser judío lo convierte a uno en culpable.
*Hay una conversación que el dirigente menchevique Rafael Abramovich recuerda haber tenido en 1917 con Feliks Dzerzhinsky, futuro jefe de la Cheka, que pone de manifiesto la mentalidad ingenieril totalitaria a la que me refiero. Ambos se encuentran hablando sobre la esencia de una constitución, determinada por la relación de fuerzas sociales en un país y en un momentodado. Surge entonces el problema de cómo transformar esa correlación entre lo social y lo político, ante lo que Dzerzhinsky plantea: «¿Pero no se podría cambiar radicalmente esa correlación?, ¿por ejemplo, mediante la sumisión o el exterminio de algunas clases de la sociedad?» (citado en Courtois et al., El libro negro del comunismo, p. 106)
*La lógica colectivista explica en gran parte por qué la matanza (tanto nacionalsocialista como comunista) incluye también a los niňos. Al niño no le corresponde ninguna responsabilidad en tanto que individuo, pero carga sobre sus hombros su procedencia, su identidad. En ese sentido, se vuelve tan culpable como cualquier adulto de su grupo social.
Citado en Nolte, La guerra civil europea, 191 7-1945, p. 350. En efecto, fue una práctica habitual de la Cheka someter a poblaciones enteras a largos formularios en los que debían contestar preguntas sobre su origen social, su pasado, sus ingresos, sus actividades, su educación, etcétera. En el istmo de Perekop, por ejemplo, en función de estas respuestas la población fue dividida en tres grupos: los que debían ser fusilados, los que debían ser enviados a campos de concentración y los que recibían el perdón (véase Courtois et al., El libro negro del comunismo, pp. 147-148).
