Cuando Cristo nombró a sus Apóstoles les confirió autoridad:
«Cuando se hizo de dia, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también Apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a
Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.» Lucas 6,13-16
«Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades.» Lucas 9,1
Los Apóstoles siempre tuvieron claro que su autoridad provenía del mismo Cristo quien les había nombrado Apóstoles.
«Aunque pudimos imponer nuestra autoridad por ser Apóstoles de Cristo, nos mostramos amables con vosotros, como una madre cuida con cariño de sus hijos.» 1 Tesalonicenses 2,7
Ellos habían sido enviados como el Padre había enviado a Cristo (con su misma autoridad):
Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envio.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espiritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» Juan 20, 2 1-23
Eran los Apóstoles quienes fundaban Iglesias y quienes establecían las ordenanzas a ser obedecidas, ordenando con toda autoridad:
«Conformne iban pasando por las ciudades, les iban entregando, para que las observasen, las decisiones tomadas por los Apóstoles y presbiteros en Jerusalén. Hechos 1 6,4
En las cartas paulinas se ve como algo común a San Pablo ordenando en todas las Iglesias:
«Por lo demás, que cada cual viva conforme le ha asignado el Señor, cada cual como le ha llamado Dios. Es lo que ordeno en todas las Iglesias.» 1 Corintios 7, 17
Si bien en la Iglesia primitiva se ven casos en donde algunas personas tratan de apropiarse de una autoridad que no les corresponde, sus actitudes son severamente condenadas. Ejemplos los vemos en las personas de Alejandro, Himeneo y Fileto, quienes por cuenta propia amenzaron a predicar doctrinas extrañas, desconocieron la autoridad del Colegio Apostólico y fueron excomulgados.
«Esta es la recomendación, hijo mío Timoteo, que yo te hago, de acuerdo con las profecías pronunciadas sobre ti anteriormente. Combate, penetrado de ellas, el buen combate, conservando la fe y la conciencia recta; algunos, por haberla rechazado, naufragaron en la fe; entre éstos están Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendiesen a no blasfemar.» 1 Timoteo 1,18-20
«Evita las palabrerias profanas, pues los que a ellas se dan crecerán cada vez más en impiedad, y palabra irá cundiendo como gangrena. Himeneo y Fileto son de éstos: se han desviado de la verdad al
afirmar que la resurrección ya ha sucedido; y pervierten lafe de algunos.» 2 Timoteo 2,16-18
