dos mnodos de ser Para nosotros, Vivir es avanzar en el tiempo: nacemos, crecemos, tomamos decisiones, envejecemos y morimos. Todo lo vivimos en sucesión, como una secuencia que no podemos detener. Eso es el tiempo: una sucesión de momentos donde solo el presente nos pertenece fugazmente.
La eternidad, en cambio, no es un «tiempo sin fin», como a veces se piensa. La eternidad es la posesión total, simnultánea y sin cambio de la plenitud del ser. No hay ayer ni mañana, sino un «hoy» permanente y perfecto. Así lo de fine Boecio, y lo retoma Santo Tomás de Aquino: «La eternidad es la posesión total, perfecta y simultánea de una vida interminable.»
Dios es eterno porque no cambia. Él es el «Yo Soy» (Éxodo 3,14), y por tanto, no transcurre de momento en momento como nosotros. Para Dios todo está «presente», no porque no le importe nuestra historia, sino porque su mirada no está limitada por la sucesión.
Boecio, La consolación de la filosofía, V
