Evidencia bíblica de la institución de los presbíteros por medio de los Apóstoles u otros presbíteros / obispos previamente ordenados

Evidencia bíblica de la institución de los presbíteros por medio de los Apóstoles u otros presbíteros / obispos previamente ordenados

Como hemos visto, estaba clara la conciencia que tenían los Apóstoles de que el ministerio del apostolado no queda vacante (posteriormente este ministerio será desempeñado por los obispos). Los Apóstoles también estaban conscientes de la obligación que tenían de que sus sucesores pudieran ejercer su ministerio de forma cabal, de organizar Iglesias y poner al frente hombres capaces, de manera de poder continuar la misión de llevar el Evangelio a todas las naciones. Así vemos como en el libro de los Hechos de los Apóstoles se nos narra como una de las principales actividades de los Apóstoles era fundar Iglesias y designar en ellas presbíteros:

«Designaron presbíteros en cada Iglesia y después de hacer oración con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creido.»

Los presbíteros eran en un comienzo nombrados exclusivamente por los Apóstoles, posteriormente también por los obispos. No es posible encontrar ningún caso ni en la Biblia ni en la historia de la Iglesia primitiva, en donde se funden iglesias locales de la manera que lo hace hoy el protestantismo,
en el cual, alguien con carisma decide fundar una Iglesia y toma para si el puesto de pastor
Ejemplos claros los vemos en las cartas paulinas, donde Pablo hace mención de la ordenación de
Timoteo como obispo por medio de la imposición de manos, y le exhorta a no instituir presbítero a cualquiera queda claro que alguien no podía nombrarse a sí mismo presbítero):

«Por esto te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza. No te avergüences, pues, ni del testimonio que has de dar de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; sino, al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios, que nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa, no por nuestras obras, sino por su propia determinación y por su gracia que nos dio desde toda la eternidad en Cristo Jesús.»

«No descuides el carisma que hay en ti, que se te comunicó por intervención profética mediante la imposición de las manos del colegio de presbíteros.»

«No te precipites en imponer a nadie las manos, no te hagas partícipe de los pecados ajenos. Consérvate puro.»

La mención que Pablo hace se refiere a la ordenación que Timoteo recibió por medio de la imposición de manos del colegio de presbíteros. Lo cierto es que para que una ordenación fuera válida, tenía el aspirante que ser ordenado siempre en línea directa hasta llegar a los Apóstoles. A ésta legítima línea de sucesión donde los obispos reciben y continúan el oficio de los Apóstoles lo llamamos sucesión apostólica. Lo mismno ocurre con Tito, quien sierndo también obispo, Pablo le ordena organizar las Iglesias, e instituir presbíteros para su gobierno.

«El motivo de haberte dejado en Creta, fue para que acabaras de organizar lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené.»

La finalidad era siempre clara:

«Tú, pues, hijo mío, mantente fuerte en la gracia de Cristo Jesús; y cuanto me has oído en presencia de muchos testigos confialo a hombres fieles, que sean capaces, a su vez, de instruir a otros.»

Pablo dejó en sus cartas gran cantidad de recomendaciones referentes a los asuntos del gobierno de la Iglesia. Él tenía que asegurarse que los candidatos a estos ministerios fueran irreprochables, porque sabía que en el rebaño se infiltrarían lobos rapaces. Con estas directrices la Iglesia iba a poder identificarlos y librarse de ellos: “Es cierta esta afirmación: Si alguno aspira al cargo de epíscopo, desea una noble función. Es, pues, necesario que el epíscopo sea irreprensible, casado una sola vez, sobrio, sensato, educado, hospitalario, apto para enseñar, ni bebedor ni violento, sino moderado, enemigo de pendencias, desprendido del dinero, gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con toda dignidad; pues si alguno no es capaz de gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios? Que no sea neófito, no sea que, llevado por la soberbia, caiga en la misma condenación del Diablo. Es necesario también que tenga buena fama entre los de fuera, para que no caiga en descrédito y en las redes del Diablo. También los diáconos deben ser dignos, sin doblez, no dados a beber mucho vino ni a negocios sucios; que guarden el Misterio de la fe con una conciencia pura. Primero se les someterá a prueba y después, si fuesen irreprensibles, serán diáconos.»

«Los presbíteros que ejercen bien su cargo merecen doble remuneración, principalmente los que se afanan en la predicación y en la enseñanza. La Escritura, en efecto, dice: «No pondrás bozal al buey que trilla>», y también: «El obrero tiene derecho a su salario», No admitas ninguna acusación contra
un presbítero si no viene con «el testimonio de dos o tres», Alos culpables, reprendeles delante de
todos, para que los demás cobren temor:»

«Al sectario, después de una y otra amonestación, rehúyele; ya sabes que ése está pervertido y peca, condenado por su propia sentencia.»

Hechos 14,23
2 Timoteo 1,7-9
1 Timoteo 4,14
1 Timoteo 5,22
Nota: Por el temprano testimonio de Ignacio de Antioquía se sabe que los colegios de presbiteros eran encabezados por un obispo (episcopado monárquico)
Tito 1,5
2 Timoteo 2,1-2
1 Timoteo 3,1-10
1 Timoteo 5,17-20
Tito 3,10-11

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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