Los «pobres» y los oprimidos», principales locus theologicus

Los «pobres» y los oprimidos», principales locus theologicus

De acuerdo a la Teologia de la liberación, esta Revelación inmanente en la historia se manifestaría preferentemente –se diría que casi exclusivamente – a través de a través de uno de sus aspectos
concretos: los «pobres» y los «oprimidos» emnpeñados en una «praxis subversiva». «La teologia de la liberación – según Gustavo Gutiérrez – es unintento de comprender la fe desde la praxis concreta, histórica, liberadora y subversiva de los pobres de este mundo, de las clases explotadas, razas despreciadas, culturas marginadas», En otras palabras, los «pobres» es decir, cualquier categoría considerada oprimida, despreciada o marginada – son el locus theologicus privilegiado-en la práctica, el único- de la Tdl, especialmente cuando se involucran en una praxis histórica liberadora y subversiva, esto es, cuando actủan como agentes de las transformaciones revolucionarias.

El teólogo de la liberación español Jon Sobrino escribe a este propósito: «El espiritu de Jesús está en los pobres. (…) La historia de Dios pasa indefectiblemente por los pobres, el espíritu de Jesús toma carne historica en los pobres, y sóla desde ellos se observa la dirección que debe tomar la historia
según Dios (…) Los pobres son el auténtico locus theologicus de la comprensión de la verdad y de la praxis cristiana»

En los esquemas preliminares del congreso mundial de teólogos de la liberación celebrado en Brasil en setiembre de 2012, Sobrino va más allá, afirmando: «El absoluto es Dios, y el coabsoluto (sic) son los pobres», una frase filosóficamente absurda, que da pena encontrar en un jesuita graduado en la Hochschule de Frankfut. En sus versiones originales, la Tdl hablaba preferentemente de «los pobres». No obstante, dicha expresión no debe entenderse en su sentido estricto, es decir, referida a las personas necesitadas materialmente. En la lógica de la Tdl, «pobre» es todo aquel que pueda sentirse en cualquier manera oprimido, marginado o discriminado, es decir, víctima de una desigualdad. Tal visión, en su sentido más amplio es asumida, por ejemplo, por el teólogo de la liberación negro James Cone: «La revelación de Dios viene a nosotros a través de la situación cultural de los oprimidos» De las citas anteriores se desprende ya que para la Tdl no todos los «pobres» son fuente de Revelación. Aquellos pacíficos y resignados no lo son en absoluto mientras que sí lo son, por cierto, aquellos efectivamente involucrados en una praxis subversiva. Únicamente estos últimos retar de un meonectados privilegiado, se diría que casi exclusivo, la voz del «Dios escondido en la historia». Es esto lo que entienden los teólogos de la liberación cuando emplean la abstrusa expresión «privilegio hermenéutico de los pobres en lucha», acuñada por el teólogo uruguayo Juan Luis Segundo, Nótese bien: no todos los pobres, sino sólo aquellos «en lucha». Según este punto de vista, únicamente los seguidores de doctrinas subversivas, los revolucionarios que luchan, los militantes que difunden animosidad y rebelión podrían interpretar la voz de Dios en la historia. Sus actividades subversivas pasan a ser lugar privilegiado de la Revelación, la materia prima de la Tdl. En este enfoque están ausentes la serenidad de espíritu y la distancia psicológica de los hechos, condiciones esenciales para una interpretación equilibrada y objetiva de la realidad. A los teólogos de la liberación no les interesa la objetividad. La suya es una doctrina abiertamente parcializada. Según el jesuita Alfred Hennelly, los teólogos de la liberación se distinguen por la «rabia» y la «capacidad de contestación y rebelión»

Sería superfluo resaltar cuánto tales actitudes están en las antípodas del Magisterio social de la Iglesia. En el corazón del mensaje cristiano encontramos el llamado a la paz. Por su propia naturaleza, los seres racionales anhelan fervientemnente la paz. Esto presupone una actitud amorosa hacia el prójimo, la cual está en la base del ser cristiano. Sobre estas verdades fundamentales, la Iglesia
ha construido una doctrina social apoyada en los conceptos de orden, armonía y equilibrio: armonía interior en las personas, armonía en la familia, armonía entre las instituciones, armonía entre las clases sociales, armonía entre las naciones. La Iglesia rechaza los sistemas fundados en el odio, la envidia, la división y el enfrentamiento. Aparentemente maliciosa, a estas alturas surge una pregunta que toca, en realidad, en el corazón del problema: ¿qué ocurre cuando el «pobre» no lucha? ¿Continúa sierndo fuente de Revelación? La respuesta de la Tdl es: ¡no, de ninguna manera! Juan Luis Segundo y su colega Alfred Hennelly son muy explícitos al resaltar que los «pobres» son el lugar privilegiado de la Revelación sólo cuando actúan como agentes revolucionarios. En cambio, cuando se comportan de manera conservadora (lo cual, sea dicho, ocurre frecuentemente) simplemente pierden su privilegio hermenéutico. «Estoy de acuerdo [con Juan Luis Segundo] en que el teólogo debe ser crítico respecto de las convicciones teológicas de los pobres confiesa Hennelly – En mis años de trabajo en el Tercer Mundo he tenido amplia, diria cotidiana, experiencia de cuánto interiorizan las personas más pobres las creencias dominantes de sus opresores, y de la profundidad y tenacidad con que las defienden», Al
parecer, para los teólogos de la liberación estas actitudes profundamente arraigadas en el pueblo no constituyen Revelación…

En una conferencia en el «VIII Congreso de Teología», celebrado en Madrid en 1998, el teólogo de la liberación italiano Giulio Girardi se lamentaba amargamente de la ausencia de fervor revolucionario de los «pobres»: «Uno de los hallazgos más chocantes es que esta perspectiva (de la liberación] sea considerada imposibles por el propio pueblo, por la misma clase trabajadora, la cual, según nuestra perspectiva, deberia ser más bien el eje de la transformación. Muchas veces no creen que tal perspectiva [de liberación] sea realizable». En la versión escrita de su ponencia, el lamento se torna aún más acuciante: «Perseguir la utopia popular signifca (.) sobre todo, y esto es, quizás, lo más dramático,
entregarse a la causa popular sin poder contar con el apoyo masivo ni siquiera el reconocimiento del mismo pueblo. (.) Significa a veces llegar a sentirse extranjero en su propio ambiente», He aquí el verdadero rostro de los teólogos de la liberación: extranjeros en su propio ambiente. Por tanto, no campeones de los pobres e intérpretes de sus aspiraciones, sino indiferentes a sus aspiraciones, incluso desconfiados hacia ellos.

Locus theologicus, expresión acuñada en el siglo XVI por el teólogo dominico español Melchior Cano,
quiere decir fuente u origen da la teología. Cfr. Michaele NICOLAU, Ioachim SALAVERRI, Sacrae Theolo
giae Summa, vol. I, pp. 20-22. Cfr. Melchior CANO, De locis theologicis, Salamanca 1562

Gustavo GUTIRREZ, The Power of the Poor in History, Orbis Books, New York 1983, p. 37

Jon SOBRINO, Ressurreição da Verdadeira Igreja. Os Pobres, Lugar Teologico da Eclesiologia, Edições Loyola, São Paulo 1982, p. 102

Jon SOBRINO, O absoluto è Deus e o coabsoluto são os pobres, p. 7

James CONE, A Black Theology of Liberation, Orbis Books, New York 1987, p. 28

Juan Luis SEGUNDO, Liberación de la Teología, in «Cuadernos Latinoamericanos», Buenos Aires, Carlos Lohlé, 17, 1974

Alfred HENNELLY, Theology for a Liberating Church, p. 6.

Giulio GIRARDI, Conferencia “Utopía Popular y Esperanza Cristiana», VIII Congreso de Teologia, Madrid, 7-11 setiembre 1988. Sacado de la grabación magnetofónica, archivo TFP

Giulio GIRARDI, Utopía Popular y Esperanza Cristiana, in Utopia y Profetismo. VIII Congreso de Teologia,
ed. José María GONZÁLEZ FAUS, Evangelioy Liberación, Madrid 1989, p. 104.

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Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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