Los teólogos de la liberación se complacen en autodefinirse como «intelectuales orgánicos», término acuñado por el comunista Antonio Gramsci. En contraste con los intelectuales de salón, que elaboran sus doctrinas a puerta cerrada, completamente aislados de los procesos históricos, los intelectuales orgánicos de la Tdl estarían inmersos, formando parte de ellas, en las luchas de liberación. A ellos competiría teorizar sobre las luchas revolucionarias, las cuales serían la actividad fundamental y el criterio propio de todo esfuerzo teológico. «El teólogo de la liberación – explican Leonardo y Clodovis Boff – no es un intelectual de salón. Él es, por el contrario, un ‘intelectual orgánico’, un teólogo militante que se coloca dentro de las luchas del Pueblo de Dios. (..) Tiene un pie en la reflexión y otro en la vida de la comunidad. Este último, de hecho, es el pie derecho» «La teología de la liberación – afirma por su parte Robert McAfee Brown – es una teologia del pueblo, un subproducto de la lucha continua de los pobres para superar la opresión, más que una teología de los expertos forjada en la tranquilidad de las bibliotecas y luego ofrecida a las masas’
Robert MCAFEE BROWN, Preface: After Ten Years, in Gustavo GUTIÉRREZ, The Power of the Poor in History, p. vi
Robert MCAFEE BROWN, Preface: After Ten Years, in Gustavo GUTIÉRREZ, The Power of the Poor in History, p. vi.
