El Señor, hermanos, no tiene necesidad de nada. Él no desea nada de hombre alguno, sino que se confiese su Nombre. Porque el elegido David dijo: Confesaré al Señor y le agradará más que becerro con cuernos y pezuñas. Lo verán los oprimidos y se gozarán (Sal. 69, 31-33). Y de nuevo dice: Ofrece a Dios sacrificio de alabanza y paga tus votos al Altisimo; e invócame en el día de la angustia, y yo te
libraré, y tủ me glorificarás (Sal. 50, 14-15). Porque sacrificio a Dios es el espiritu quebrantado. (Sal. 51, 19)
Clemente de Roma, Epistola a los Corintios
Padres Apostólicos Siglo I
