Por más que fuera contra la cultura, era un gran éxito de la Ilustración radical, la de los impíos y masones cuyo objetivo, como reconocían algunos, era «matar a la Iglesia». Voltaire, exultante, saludaba al conde de Aranda, ejecutor material de la medida en España, como «Hércules Vencedor de la Hidra», entre el regocijo universal de ilustrados y masones; incluso de los reyes que habían colaborado en la campaña sin imaginar el desastre que significaría para sus propias dinastías. El
muy piadoso Carlos III, que tanto apoyó la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, no llegó a atisbar los perniciosos efectos que el éxito de los «impíos» tendría para la iglesia. Debe añadirse que la mayor parte del clero español, tampoco: ciego por completo en este asunto, apoyó la disolución por inquina hacia los jesuitas
La Iglesia y la masoneria, Las dos ciudades. Alberto Bárcenas
Francisco de Zurbarán: Hércules lucha con la hidra de Lerna, 1634. Museo del Prado, de Madrid
