porque aunque éstos son dulces para el alma, sin embargo para la carne son amargos, a la que continuamente mortifican: Salmo 125, 5: «Cuando iban sembraban llorando», en cuanto a la carne; «más cuando vuelvan vendrán con gran regocijo», en cuanto al alma.
…, de la lucha que continuamente existe entre la carne y el espíritu proviene el llanto. En efecto, no es posible que el alma no sea debilitada cuando menos por los pecados veniales, por parte de la carne: y por esto, para expiarlos, está en llanto: Salmo 6, 7: «Cada noche», o sea durante las tinieblas de mis pecados, «baño mi lecho», esto es, mi conciencia. Y quienes así lloran llegan a la Patria, a la que Dios nos conduzca
Comentarios sobre el Padre Nuestro y los Diez Mandamientos
Santo Tomás de Aquino
