Lo que el Padre apareja lo dispone también el Hijo, porque el Padre y El son uno (Jn. 10, 30). Probé ya con abundancia de testimonios tomados de las divinas Escrituras que en esta Trinidad, a causa de la inseparabilidad de operaciones de esta única esencia, se dice en singular de una persona lo que es propiedad de todas. Por ejemplo, dice del Espíritu Santo: Cuando yo me vaya, os lo enviaré (Jn. 16, 7). No dijo: Os lo enviaremos; sino como si el Hijo solo, y no el Padre, lo hubiera de enviar, siendo así que
en otro lugar dice: Os he dicho estas cosas mientras permanezco entre vosotros; pero el Abogado, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo (Jn. 14, 25-26). Parece aquí como si lo enviara el Padre solo, sin la intervención del Hijo. Pero tanto en este pasaje como en aquel otro donde se lee: para aquellos que mi Padre lo ha dispuesto, se ha de entender que, juntamente con el Padre, aparejará un trono resplandeciente de gloria para aquellos que El decretare.
Podría alguien objetar: En el pasaje donde promete el Hijo enviar al Espíritu Santo, no excluye al Padre, ni en el otro testimonio aducido se excluye a sí mismo; pero aquí expresamente dice: No toca a mí el otorgarlo; y añade: Estas cosas sólo el Padre las concede. Y prosigue como si estas cosas sólo el Padre las preparara. Mas la puerta a esta dificultad quedó cerrada de antemano al probar cómo ha de entenderse de Cristo según su forma de siervo. Y las palabras: No toca a mi el otorgarlo, significan
Que no pertenece al humano poder el concederlo; entendiendo por dar, el poder de su forma divina, en la que es igual al Padre. No toca a mi, dice, el otorgarlo; esto es, no os concedo estas cosas en cuanto hombre, sino a quienes fue dispuesto por el Padre. Pero tú has de entender que si todo cuanto el Padre tiene es mío (Jn. 16, 15), mío es también este poder y juntamente con el Padre he dispuesto estas
Cosas.
LA TRINIDAD
De Hipona, San Agustín
