En todo ve Colón la mano de Dios providente. Ante un evento favorable, escribe:
«Nuestro Señor, en cuyas manos están todas las victorias, adereza todo lo que fuere su servicio» (5
nov).
No se trata, al menos siempre, de frases hechas, pues cambian mucho las expresiones. Y la misma confianza en la Providencia le asiste en lo adverso, también, por ejemplo, cuando encallan en Navidad; y así considera el lugar muy indicado para hacer un primer asiento en el Nuevo Mundo:
«»Así que todo es venido mucho a pelo, para que se haga este comienzo». Todo esto dice el Almirante. Y añade más para mostrar que fue gran ventura y determinada voluntad de Dios que la nao allí encallase porque dejase allí gente» (26 dic).
Advierte en otra ocasión que en Palos calafatearon muy mal las naves.
«Pero no obstante la mucha agua que las carabelas hacían, confía en Nuestro Señor que lo trujo lo tornará por su piedad y misericordia, que bien sabía su Alta Majestad cuánta controversia tuvo primero antes que se pudiese expedir de Castilla, que ninguno otro fue en su favor sino El, porque El sabía su corazón, y después de Dios, Sus Altezas, y todo lo demás le había sido contrario sin razón alguna» (14 en).
En la gran tormenta del 14 de febrero, ya de regreso a España, cuando se sentían perdidos, todos se confían a la Providencia divina.
«El orden que se echase [a suertes] un romero que fuese a Santa María de Guadalupe y llevase un cirio de cinco libras de cera y que hiciesen voto todos que al que cayese la suerte cumpliese la romería, para lo cual mandó traer tantos garbanzos cuantas personas en el navío tenían y señalar uno con un cuchillo, haciendo una cruz, y metellos en un bonete bien revueltos. El primero que metió la mano fue el Almirante y saco el garbanzo de la cruz; y así cayó sobre él la suerte y desde luego se tuvo por romero y deudor de ir a cumplir el voto».
Y aún sacaron otro romero para ir a Santa María de Loreto, en Ancona, y otro para que velase una noche en Santa Clara de Moguer.
«Después de esto el Almirante y toda la gente hicieron voto de, en llegando a la primera tierra, ir todos en camisa en procesión a hacer oración en una iglesia que fuese de la invocación de Nuestra Señora. Allende los votos generales o comunes, cada uno hacía en especial su voto, porque ninguno pensaba escapar, teniéndose todos por perdidos, según la terrible tormenta que padecían>,
Llegados a las AZores, «dieron muchas gracias a Dios» (18 feb), y en lo primero que se ocuparon fue en buscar una iglesia, donde ir en procesión, y en hallar un sacerdote que celebrara una misa en cumplimiento del voto
Hechos de los Apóstoles en América, José María Iraburu
El sepulcro de Cristóbal Colón, en el brazo sur del crucero de la catedral de Sevilla, (España).
