¿Abrazo mortal?



En su discurso a la Curia Romana del 20 de diciembre de 2010D Benedicto XVI comparó la crisis actual a aquella que, en el siglo V, antecedió a la decadencia y la caída del Imperio Romano.

Las analogías entre las dos épocas son reales. Si el Imperio Romano cayó por causa de las invasiones bárbaras, pero sobretodo como consecuencia de su desmoronamiento interno, del mismo modo hoy nuestra civilización está sometida a una creciente presión exterior mientras, en su interior, padece una situación de disgregación cultural y moral creciente.

Existe, sin embargo, una diferencia fundamental entre las condiciones de la sociedad de entonces y las del Occidente contemporánco. En la época sombría de las invasiones bárbaras, en los siglos V y VI, cuando las instituciones políticas y sociales se desmoronaron y la Iglesia Católica se afirmó como único centro de orden y estabilidad en el caos generalizado, los nombres de San León y San Gregorio, Papas a los cuales la Iglesia atribuyó el apelativo Magno, nos recuerdan el papel decisivo que la institución pontificia tuvo en aquellos siglos.

En nuestros días la Iglesia, sufriente y debilitada, está siendo atacada pero no resiste, como en el siglo V, a las vicisitudes de la Historia sino que parece casi aplastada. El remolino de la autodestrucción la dilacera y, como lo admite su misma autoridad suprema, atraviesa una de las crisis internas más profundas de su existencia.

Esta crisis tuvo un punto focal en el Concilio Vaticano II que se desarrolló en Roma entre octubre de 1962 y diciembre de 1965. Desde entonces, la Iglesia parece haberse dejado seducir por el mundo moderno, al cual debería oponerse, y hoy se debate en su abrazo mortal. Benedicto XVI -quien vivió como joven protagonista los años del Concilio, y, después, como Prefecto de la Doctrina de la Fe, pudo evaluar la profundidad y la extensión de la crisis postconciliar- conoce más que nadie lo dramático del problema. En un célebre discurso a la Curia Romana del 22 de diciembre de 2004, él propuso utilizar el método de la “hermenéutica de la continuidad’ opuesta a la de la discontinuidad y la ruptura. De ese modo, Benedicto XVI condujo la discusión del Concilio tanto hacia la reflexión teológica como a la discusión histórica. De ese modo indicó a los historiadores que, en el estudio del Concilio, al lado del trabajo hermenéutico de los teólogos, es necesaria la reconstrucción de los hechos, de sus raíces
y de sus consecuencias.

APOLOGIA DE LA TRADICION
ROBERTO DE MATTEI

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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