Pecados que se cometen habitualmente por el apetito de las cosas temporales

Pecados que se cometen habitualmente por el apetito de las cosas temporales

El quinto vicio es la ingratitud. Que alguien se ensoberbezca por las riquezas y no reconozca que las tiene de Dios es algo demasiado malo. Porque todo lo que tenemos, tanto lo espiritual como lo temporal, proviene de Dios. 19 Crónicas 29, 14: «Tuyas son todas las cosas, de tu mano las hemos recibido». Por lo cual, para descartar este vicio dice Él: «Danos» y «el pan nuestro», para que sepamos que todos nuestros bienes vienen de Dios. Y de esto tenemos advertencia: porque ocurre que alguno que tiene grandes riquezas ninguna utilidad obtiene de ellas sino daño espiritual y temporal. Porque algunos se perdieron por sus riquezas. Eclesiástico 6, 1-2:»Hay otro mal que he visto bajo el sol, mal que es frecuente entre los hombres. El hombre a quien Dios dio riquezas y hacienda y honores, y nada le falta a su alma de cuantas cosas desea; mas Dios no le permite disfrutar de ello, sino que un extraño lo ha de devorar». También Eclesiástico 5,12: «Las riquezas acumuladas para dařño de su dueño». Así es que debemos pedir que nuestros bienes nos sean útiles. Y esto lo pedimos cuando decimos: «Danos nuestro pan», o sea, haz que los bienes nos sean útiles. Job 20, 14-15: «Supan se convertirá dentro de su vientre en hiel de áspides. Vomita las riquezas que engulló, y Dios se las arranca de su vientre». Otro vicio es la excesiva solicitud en las cosas del mundo. Porque hay algunos que ahora se inquietan por los bienes temporales de hasta un año entero, y cuando ya los poseen jamás descansan. Mateo 6,31: «No andéis preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer? o ¿qué vamos a beber? o ¿con qué nos vestiremos?».

Por lo cual el Señor nos enseñó a pedir que hoy se nos dé nuestro pan, o sea, lo necesario para el momento presente. Hay, en verdad, otras dos clases de pan: a saber, el pan sacramental y el pan de la palabra de Dios. Así es que pedimos uestro pan sacramental, que diariamente se consagra en la Iglesia, a fin de que tal como lo recibimos en el Sacramento se nos dé para nuestra salvación. Juan 6, 51: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo». 19 Corintios 11, 29: «Quien lo come y bebe indignamente traga y bebe su propia condenación». El otro pan es la palabra de Dios. Mateo 4,4: «No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Así es que le pedimos que nos dé el pan, esto es, su palabra. Y de esta palabra proviene para el hombre la bienaventuranza que es hambre de justicia. Porque cuando se poseen los bienes espirituales más se desean; y de este deseo proviene el hambre, y de tal hambre la saciedad de la vida eterna.

Comentarios sobre el Padre Nuestro y los Diez Mandamientos
Santo Tomás de Aquino

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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