En efecto, la hubo, y la hubo en Francia y en Europa: fue una civilización llamada la Civilización Cristiana. En qué se diferencian estas dos civilizaciones? Se diferencian por la concepción en que ellas fundan el fin último del hombre, y por los efectos diversos e incluso opuestos que de una y otra concepción proceden dentro del orden social como dentro del orden privado. «Todo hombre busca ser feliz», dice Bossuet!. Eso le es tan propio, es el objeto hacia el cual tienden todas las inteligencias sin excepción. El gran orador no ahorra punto en reconocerlo: «Las naturalezas inteligentes, sólo tienen voluntad de decidir por la felicidad». Y añade: «Nada de más razonable, ya que, ¿qué hay de mejor
que desear el bien, es decir, la felicidad?». Así, encontramos dentro del corazón del hombre un impulso invencible hacia la búsqueda de la felicidad. Su voluntad no podría negarse a ello. Es el fondo de todos sus pensamientos, el gran móvil de todas sus acciones; y al mismo tiempo que se lanza hacia la muerte, es porque se convence de encontrar en la nada una suerte preferible a la que tiene estando vivo. El hombre puede equivocarse, y de hecho se equivoca a menudo en la búsqueda de la felicidad, en la elección del camino que debe seguir para encontrarla. «En buscar la felicidad, está la fuente de todo bien, continúa diciendo Bossuet, y la fuente de todo mal es buscar lo contrario.» Esto es tan verdadero para la sociedad como para el individuo. El impulso hacia la felicidad viene del Creador, y Dios le da al hombre la luz que le ilumina el camino, directamente por la gracia, indirectamente por las enseñanzas de su Iglesia. Pero pertenece al hombre, ya sea como individuo o sociedad, le pertenece a su libre arbitrio de dirigirse, de ir en busca de su felicidad allí donde le plazca ponerla, en lo que es realmente bueno, y, por encima de toda bondad, que es el bien absoluto, Dios; o en lo que tiene apariencias de bien, o en lo que no es más que un bien relativo, Desde la creación del género humano el hombre fue engañado. En lugar de creer en la palabra de Dios y de obedecer a sus mandamientos, Adán escuchó la voz seductora que le decía poner su fin en sí mismo, en la satisfacción de su sensualidad, en las ambiciones de su orgullo. «Seréis como dioses»; «el fruto del árbol era bueno al paladar, bello a la vista, de un aspecto que excitaba el deseo».
Habiéndose así desviado, y una vez dado el primer paso, Adán comprometió a toda su descendencia en la falsa dirección que acababa de elegir. En esa dirección marchó, avanzó, y se extravió durante el transcurso de los siglos. La historia, se puede decir, son los males que encontró en su largo extravío.
Dios tuvo piedad de él. Bajo su designio de infinita misericordia y de infinita sabiduría, resolvió volver a poner al hombre en la vía de la verdadera felicidad. Y con el fin de hacer su intervención más eficaz, quiso que una Persona divina viniera sobre la tierra a mostrar el camino por su palabra, y guiarlo con su ejemplo. El Verbo de Dios se encarna y viene a pasar treinta y tres años entre nosotros, para sacarnos de las vías de la perdición y abrirnos el camino de una felicidad verdadera
LA CONJURACION ANTICRISTIANA EL TEMPLO MASONICO LEVANTADO SOBRE LAS RUINAS DE LA IGLESIA CATOLICA
Société Saint Augustin – Desclée, De Brouwer et Cia., Lille, 41, Rue du Metz
