El 9 germinal del año II (29 de marzo de 1794) <«la Sociedad de los Jacobinos de Toulouse invita a los «representantes legales» a que ordenen la destrucción de cualquier objeto de culto, derriben los campanarios, cieguen los nichos de los santos y arranquen los pedestales de las cruces», Una oleada de iconoclastia se apoderó de la nación, con muy grave deterioro del patrimonio artístico; desaparecieron, por ejemplo, las veintiocho estatuas góticas-de los reyes del Antiguo Testamento que adornaban la fachada de la catedral de Notre-Dame de París. Pero había algo añadido en aquella operación que supe raba el racionalismo ilustrado: las imágenes se destruían o mutilaban como si de personas de carne y hueso se tratara. En Saumur, la imagen milagrosa de Notre-Dame des Ardilliers fue guillotinada en la plaza de la Bilange, ¡La Virgen María ejecutada públicamente! Se ordena también la destrucción de las Virgenes de Boulogne y del Puytan veneradas durante siglos. <La Revolución declara la guerra no solo a los signos sino al mismo Cristo. Se quiere derribar la Cruz, pero también se quiere humillar al crucificado>.205 Ordo ab chao… El caos ya se había enseñoreado de Francia; ahora podía empezarse a «ordenar»
Jean de Viguerie, o. c., p. 191
