Es así, cierto, que muchas veces me acordaba de cuando el Señor mandó a los vientos que estuviesen quedos, en la mar, cuando se levantó la tempestad y así decía yo: ¿Quién es éste que así le obedecen todas mis potencias, y da luz en tan gran oscuridad en un momento, y hace blando un corazón que parecía piedra, da agua de lágrimas suaves adonde parecía había de haber mucho tiempo sequedad? ¿Quién pone estos deseos? ¿Quién da este ánimo? Que me acaeció pensar: ¿de qué temo? ¿Qué es esto? Yo deseo servir a este Señor. No pretendo otra cosa sino contentarle. No quiero contento ni descanso ni otro bien sino hacer su voluntad (que de esto bien cierta estaba, a mi parecer, que lo podía afirmar). Pues si este Señor es poderoso, como veo que lo es y sé que lo es, y que son sus esclavos los demonios (y de esto no hay que dudar, pues es fe), siendo yo sierva de este Señor y Rey, ¿qué mal me pueden ellos hacer a mí? ¿Por qué no he yo de tener fortaleza para combatirme con todo el infierno?. Tomaba una cruz en la mano y parecía verdaderamente darme Dios ánimo, que yo me vi otra en un breve tiempo, que no temiera tomarme con ellos a brazos, que me parecía fácilmente con aquella cruz los venciera a todos. Y así dije: «ahora venid todos, que siendo sierva del Señor yo quiero ver qué me podéis hacer»
Ven, Oh Espíritu de Sabiduría y revela a mi alma los misterios de las cosas celestiales, su enorme grandeza, poder y belleza. Enséñame a amarlas sobre todo y por encima de todos los gozos pasajeros y las satisfacciones de la tierra. Ayúdame a conseguirlas y a poseerlas para siempre. Amén
San Mateo 19:27-29 Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?» Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna.
Sieyes definira la politica como un «arte social» que no se funda en <el conocimiento de lo que es sino de de lo que debe ser. En esto se diferencia la politica, como el arte de crear sociedades, de la ciencia natural: esta es descriptiva, aquella es prescriptiva y, mas todavia, demiurgica. Bajo esta nueva forma, la politica pasa al dominio de los ideólogos, que imaginaran por nosotros sistemas sociales y politicos de acuerdo con lo que el uso de la razon abstracta les dicta que debe ser, y reclamaran a continuacion el uso de los medios politicos necesarios para recrear en la realidad el contenido de sus teorias
Sieyès, <Ideas sobre los medios de actuación de que podrán disponer los representantes de Francia en 1789>, p. 99.
*Según Condorcet, en los filósofos hay que hallar nada menos que el motor mismo de la Revolución francesa: <La filosofía dirigió sus principios, y la fuerza popular destruyó los obstáculos que podíian detener sus movimientos>, El primer motor de esta filosofia, a su vez, lo halla Condorcet en el racionalismo cartesiano: <Desde el momento en que el genio de Descartes imprimió aquel impulso general, primer principio de una revolución en los destinos de la especie humana..> (Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano, pp. 202 y 204).
La Sabiduría ilumina la mente para discernir y apreciar las cosas de Dios, ante las cuales los gozos de la tierra pierden su sabor, mientras la Cruz de Cristo produce una divina dulzura, de acuerdo a las palabras del Salvador: “Toma tu cruz y sígueme, porque mi yugo es dulce y mi carga ligera”
San Lucas 1:26-31 Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y, entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús.
H. Charles Lea, enemigo encarnizado de la empresa española -a quien sin embargo Menéndez Pelayo destacara cierto esfuerzo – y su obra cargada de prejuicios anticatólicos, aunque moderada en comparación a la del apóstata español. Sobre la obra de Lea advierte el historiador español Bernardino Llorca: «Historia de la Inquisición española aparece en toda Su exposición un prejuicio constante, tan evidente y exagerado contra la Iglesia Católica y la Inquisición, que quita todo valor a su obra [..] el truncar los documentos; el interpretarlos conforme a su idea preconcebida; el torcer su significado: éstas y semejantes características de la exposición de Lea, son suficientes para desacreditarla de una manera definitiva. Así opinan, por ejemplo, Pablo M. Baumgarten y el protestante Haebel. Haebel, protestante, señala que el ensayo de Lea apunta a «echar en cara a la Inquisición el más voluminoso registro de crímenes que sea posible»
Haebler, Die Werke Von C. H. Lea und verwandte bucher, Munster, 1908/ Baumgarten, Historia Zeitsch, 100 (1908), 598 y s. Cit. en Bernardino Llorca, La Inquisición española, Editorial Labor, Madrid, 1946, p.11. Agrega Llorca (ob. cit., p.9) sobre Lea y Llorente: «La razón es, por las circunstancias particulares que en ellos concurren, por las cuales, en ellos se basan y ellos acuden casi todos los que hoy piensan y escriben sobre la Inquisición. Y sin embargo debemos afirmar, a fuerza de críticos y con la mayor serenidad de hombres de ciencia, que abominamos el espíritu tendencioso que empapa los escritos de estos hombres, y por consiguiente los rechazamos por no merecer históricamente ninguna fe. Dice de Llorente Caro Baroja: «En 1808 abrazo la causa francesa de modo inequívoco», en El Inquisidor otras vidas por oficio, Alianza Editorial, Madrid, 2006, p.47. Con respecto a la obra del apostata español, la califica como «frio y seco producto de la cabeza dieciochesca de un antiguo empleado del Santo Oficio». Refiriéndose al trabajo de Charles Lea dice que cuenta con «un aparato crítico más aparente que real», condenando por igual aquellas «interpretaciones marxistas de la Inquisición», a mediados del siglo xx. Dice el historiador protestante Haebler que el ensayo de Lea apunta a «echar en cara a la Inquisición el más voluminoso registro de crimenes que sea posible», y dado que ya «no podían mantenerse en la forma acostumbrada hasta el presente todos aquellos reproches de crueldad, ansia de persecución y opresión de la inteligencia, se han acumulado otra inmensa serie de pequeñas incidencias para ratificar aquellos puntos de vista \[.), con objeto de representar la imagen de la Inquisición lo más repugnante posible». Cit. en Palacio Atard, ob. cit. p.8
En Palacio Atard, Razón de la Inquisición, Publicaciones españolas, Madrid, 1954, p.8.
Es el don de la Sabiduría el que fortalece nuestra fe, fortifica la esperanza, perfecciona la caridad y promueve la práctica de la virtud en el más alto grado
San Mateo 25:1-13 «Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: `¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’ Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: `Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan.’ Pero las prudentes replicaron: `No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis.’ Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: `¡Señor, señor, ábrenos!’ Pero él respondió: `En verdad os digo que no os conozco.’ Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.