Epifanía

¡Arriba, resplandece, que ha llegado tu luz, y la gloria de Yahvé sobre ti ha amanecido!

Isaías 60, 1

Amor

«Amor, amor a un Dios hecho hombre, que nos amó hasta el extreño de dar la vida por nuestro amor, hasta el exceso de morir en el infamante patíbulo de la cruz, cual si fuera el maś vil ladrón y criminal facineroso»

Camio recto y seguro para llegar al cielo. San Antonio María Claret. Arzobispo y fundador de la Congregación de Misioneros Hijos del Coraźon de María (1807-1870)

El Santo Sacrificio de la Misa



El historiador Flavio Josefo refiere que en el templo de Salomón, setecientos sacerdotes y levitas estaban empleados diariamente en inmolar las víctimas, purificar las y quemarlas sobre el altar y que esto se hacía en medio de un profundo silencio respeto. Sin embargo, estos sacrificios no eran más que una figura. ¡Con cuánto más fervor, silencio y atención debemos asistir al verdadero Sacrificio! Los primeros cristianos nos han dado admirables ejemplos a este respecto. Según el testimonio de San Juan Crisóstomo, al entrar en la iglesia besaban humildemente el umbral y durante la Misa estaban con al recogimiento que se hubiera creído estar en un desierto. Observaban exactamente el precepto y acotado de Santiago: «Cuando el Rey de los reyes, Nuestro Señor Jesucristo, viene a inmolarse y a darse en alimento a los fieles, todos saben permanecer en silencio, temor, recogimiento y en olvido completo de las cosas terrestres»

Explicación de la Santa Misa. R Padre Martín de Cochem O.F.M. Cap (Año 1712)

Oración

De los pecados ocultos y de las faltas que no recuerdo, perdóname también Señor

El nosotros hispanoamericanos



El mexicano Carlos Pereyra observó, ya hace años, un fenómeno muy curioso, por el cual los
hispanos europeos, tratando de reconciliar a los hispanos americanos con sus propios antepasados criollos, defendían la memoria de éstos. Según eso, Kel peninsular no se da cuenta de que toma a su cargo la causa de los padres contra los hijos> (La obra 298).

Esa defensa, en todo caso, es necesaria, pues en la América hispana,, en los ambientes ilustrados sobre todo, el resentimiento hacia la propia historia ocasiona con cierta frecuencia una Conciencia dividida, un elemento morboso en la propia identificación nacional. Ahora bien, «este resentimiento -escribe Salvador de Madariaga- ¿contra quién va? Toma, contra lo españoles. ¿Seguro? Vamos a verlo. Hace veintitantos años, una dama de Lima, apenas presentada, me espetó: «Ustedes los españoles se apresuraron mucho a destruir todo lo Inca». «Yo, señora, no he destruido nada. Mis antepasados tampoco, porque se quedaron en España. Los que destruyeron lo inca fueron los antepasados de usted». Se quedó la dama limeña como quien ve visiones. No se le había ocurrido que los con quistadores se habían quedado aquí y eran los padres de los criollos» (Presente 60).
En fin, cada pueblo encuentra su identidad y su fuerza en la conciencia verdadera de su propia historia, viendo en ella la mano de Dios. Es la verdad la que nos hace libres. En este sentido, Madariaga, meditando sobre la realidad humana del Perú, observa: <El Perú es en su vera esencia mestizo. Sin lo español, no es Perú. Sin lo indio, no es Perú. Quien quita del Perú lo español mata al Perú. Quien quita al Perú lo indio mata al Perú. Ni el uno ni el otro quiere de verdad ser peruano… El Perú tiene que ser indo español, hispano-inca»

Estas verdades elementales, tan ignoradas a veces, son afirmadas con particular acierto por el venezolano Arturo Uslar Pietri, concretamente en su artículo El «nosotros» hispanoamericano: <Los descubridores y colonizadores fueron precisamente nuestros más influyentes antepasados culturales y no podemos, sin grave daño a la verdad, considerarlos como gente extraña a nuestro ser actual. Los conquistados y colonizados también forman parte de nosotros [.. y] su influencia cultural sigue presente y activa en infinitas formas en nuestra persona. […] La verdad es que todo ese pasado nos pertenece, de todo él, sin exclusión posible, venimos, y que tan sólo por una especie de mutilación ontológica podemos hablar como de cosa ajena de los españoles, los indios y los africanos que formaron la cultura a la que pertenecemos> (23-12-1991).

Un día de éstos acabaremos por descubrir el Mediterráneo. O el Pacífico. Mucha razón tenía el gran poeta argentino José Hernández, cuando en el Martín Fierro decía:

«Ansí ninguno se agravie;
no se trata de ofender;
a todo se ha de poner
el nombre con que se llama,
y a naides le quita fama
lo que recibió al nacer>

Hechos de los Apóstoles en América,  José María Iraburu

Modernismo


Una corriente multiforme

Hacia el fin del siglo XIX, el mismo flujo revolucionario que había dado vida al catolicismo liberal y al catolicismo democrático, produjo una corriente multiforme más tarde englobada por el Papa S. Pío X bajo el nombre de «Modernismo». Somos muchos católicos, en Italia y fuera de Italia, eclesiásticos y laicos, que deseamos una reforma de la Iglesia – escribía en 1905 Antonio Fogazzaro – Deseamos reformas de la enseñanza religiosa, reformas del culto, reformas de la disciplina del clero, reformas también en el supremo gobierno de la Iglesia. (…) Muy probablemente hay en el mundo católico una grandisima cantidad de personas religiosas y cultas que piensan como nosotros»

La empresa modernista fue facilitada por la impresión de relativa tolerancia que caracterizó la última parte del pontificado de León XIII, que los liberales contrastaban con la prudente vigilancia de su predecesor. «Si la politica de Pío IX hubiera sido continuada por su sucesor, es improbable que hubiese surgido un movimiento modernista. (..) Modificando la política intransigente de Pio IX, León XIIl parecia favorecer la ilusión de que valía la pena tentar la empresa modernista», escribe Alec Vidler

Los primeros signos de Modernismo emergieron en el Institut Catholique de París, bajo el auspicio del P. Louis Duchesne, se aspiraba a un profundo renouveau de la teología. En 1880, Duchesne reunió un grupo de jóvenes discípulos, entre los cuales estaba Alfred Loisy, que se tornará la figura paradigmática de la herejía modernista. «La teologia en su forma actual está acabada, la vieja exégesis ya está agotada», explicaba Duchesne. Habían corrientes modernistas en toda Europa, especialmente en Francia, Alemania, Italia e Inglaterra. Era un movimiento heterogéneo. No todos sus miembros se conocían entre sí. Coordinaba la corriente el barón Friedrich von Hügel, noble austríaco nacido en Florencia y residente en Londres, apodado ‘el obispo laico del Modernismo».

Debemos recordar que, hasta la publicación en 1907 del Programma dei modernisti», anónimo pero presumiblemente escrito por el sacerdote Ernesto Buonaiuti, las doctrinas del movimiento nunca fueron presentadas de modo sistemático. Cada uno trabajaba por cuenta propia, desarrollando diferentes aspectos del credo modernista, a veces incluso en contradicción superficial unos con otros

Antonio FOGAZZARO, Il Santo, Baldini & Castoldi, Milano 1905, p. 58.
Alec R. VIDLER, The Modernist Movement in the Roman Church, p. 60.

sufrimientos

«Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24).

Exigencia a los políticos



La índole del problema que diagnostican pensadores como Burke, De Maistre y Rivarol atañe a la naturaleza de la ciencia política. Esta tiene que vérselas con el ordenamiento de la sociedad. Pero dicho ordenamiento, lejos de ser el producto de una razón abstracta que lleva adelante un plan ingenieril, deriva de la acumulación de experiencia a lo largo del tiempo. En contra posición al oficio de dirigente ideológico, se encuentra el trabajo del verdadero líder político.  Este último, lejos de ser como el jardinero que necesita imprimir sobre la vegetación la forma que su propia mente le dicta, es como el guardabosques a quien le conviene velar por la espontaneidad y la armonía de la vida que
se encuentra a su cargo

Esta ciencia política de carácter conservador se basa en el reconocimiento de las limitaciones intrínsecas a la razón individual. La materia prima de la política no son las abstracciones de los ideólogos, sino la realidad de las costumbres compartidas y las instituciones formadas por el concurso de una pluralidad de experiencias irreductibles a la vida de un único individuo. La sabiduría práctica está compuesta de mucho más que razón teórica, y la ciencia política es precisamente una ciencia práctica. Dice Burke:

Siendo tan práctica en sí misma, y estando destinada a propósitos tan prácticos, la ciencia de gobernar es materia que requiere experiencia, e incluso más experiencia de la que nadie pueda
acumular durante toda su vida, por muy sagaz y observador que sea; es, por tanto, con una precaución infinita cómo los hombres deben aventurarse a derrumbar un edificio que, durante años, ha servido de un modo aceptable a los propósitos de la sociedad, o levantar otro sin tener ante los ojos modelos y ejemplos de probada utilidad

Véase Kenneth Minogue, Politics. A Very Short Introduction (Oxford University Press, 2000), pp. 94-102.
Burke utiliza la metáfora del jardinero. Véase Reflexiones sobre la Revolución Francesa, p. 262. También Joseph de Maistre la emplea. Véase Consideraciones sobre Francia (Buenos Aires: Dic
tio, 1980), p. 41.
Burke, Reflexiones sobre la Revolución Francesa, p. 124.

Oración

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí

Evangelio

San Lucas 2:21-21
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le puso el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.