Oración

Jesucristo, Tened piedad de nosotros

Evangelio

San Lucas 2:42-52
Cuando cumplió los doce años, subieron como de costumbre a la fiesta. Al volverse ellos pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo su padres. Creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero, al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron quedaron sorprendidos y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.» Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos, vino a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Sobre el temor

Sobre el temor

San Martín se sujetaba estrictamente a esta recomendaciones. Jamás se sentaba en la iglesia y permanecía siempre arrodillado o de pie y oraba poseído de un santo temor. Alguien le preguntó la razón de su actitud, ¿Cómo no he de temer (respondió) estando en presencia del Señor? con sentimientos análogos exclamaba David:  Penetrado de vuestro temor, os adoro en vuestro templo (salmo 5, 8)

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Prepárame Señor



con la eficacia de tus bendiciones para que me acerque lo más digna y devotamente al Santo sacramento de la eucaristía. Despierta mi corazón de la pereza y del sueño espiritual que lo adormecen y eleva lo hace a ti por medio del fervor y la devoción
Acuérdate de mí oh Señor por tu amor a tu pueblo y visítame con tu gracia salmo 105
Para que mi alma goce de la dulzura infinita que está escondida en este sacramento como una fuente inagotable

Imitación de Cristo Tomás de kempis 1473

Por eso muero en el destierro

Por eso muero en el destierro

Por fin lleno de virtudes y merecimientos desterrado y perseguido a su agonía falleció el monasterio de Francia el 24 de octubre de 1870 grabándose con toda propiedad sobre su lápida se logrará la celebérrimas palabras de San Gregorio VII
Amé la justicia y aborrece la maldad y por eso muero en el destierro

San Antonio María claret

Los franciscanos y los Reyes



Un conjunto de circunstancias adversas al proyecto del marino y geógrafo genovés Cristóbal Colón (1451-1506) fue lo que hizo que su idea, tenida por descabellada, triunfase finalmente mucho más allá de lo que él mismo había soñado. Su proyecto, rechazado en diversos Lugares y cortes, había de ser patrocinado por la mayor potencia de la época, la Corona española, cabeza de un gran pueblo, cuyas formidables energías iban a manifestarse sorprendentemente en las próximas décadas.

Poco y malo hubiera sido el descubrimiento, si sólo hubiera dado lugar a unos enclaves comerciales en las costas. Poco hubiera sido el descubrimiento, si no se hubiera visto seguido de la inmensa acción evangelizadora y civilizadora realizada por España. Pues bien, el medio providencial para el encuentro de Colón y la reina Isabel fueron unos humildes y cultos franciscanos de la Rábida. En efecto, el rey Juan II de Portugal, centrado en la exploración de las costas occidentales de Africa, no había querido interesarse por los sueños de Colón, que pretendía llegar a las Indias navegando hacia occidente. Por eso, en la primavera de 1485, en parte por despecho, y en parte por temor a que, descubiertas sus intenciones, pudiera ser apresado por el rey portugués, emprendió Cristóbal Colón, con su hijo Diego, de ocho años, un viaje a pie hacia Huelva.

Así llegó, agotado y sin recursos, con su hijo, a las puertas del convento franciscano de La Rábida, junto a Palos de la Frontera. Quiso Dios que allí conociera a fray Antonio de Marchena, un franciscano de mente universal, que pronto se entusiasmó con el proyecto colombino. Y quiso Dios también que el superior del convento fuera fray Juan Pérez, antiguo confesor de la reina Isabel la Católica.

Los franciscanos, pues, que habían de tener un protagonismo indudable en la evangelización de América, fueron los que facilitaron a Colón el encuentro con la reina, y quienes le apoyaron después en las arduas discusiones con los doctores de Salamanca y con los funcionarios reales. Finalmente, el 17 de abril de 1492, tras varios años de tenaces gestiones, se formularon las Capitulaciones de Santa Fe, en las que se determinaron las condiciones de la expedi ción en la que Colón iba a descubrir un Mundo Nuevo.

Hechos de los Apóstoles en América,  José María Iraburu

Obispo Robert Barron

Entiendo que uno de los temas que se debaten en el Consistorio de Cardenales es la sinodalidad. Hablo como obispo que fue delegado electo en ambas rondas del Sínodo y de la Sinodalidad en Roma, y que acaba de presidir un sínodo local en mi diócesis. Los sínodos son
herramientas útiles para determinar estrategias pastorales prácticas. pero no deberían ser foros de debate doctrinal. Cuando la enseñanza establecida se convierte en tema de determinación sinodal, la Iglesia cae en el relativismo y la inseguridad, como se evidencia claramente en el mal concebido «Camino Sinodal» en Alemania. Simpatizo con los fundadores de la revista «Communio» – Joseph Ratzinger, Hans Urs von Balthasar y Henri de Lubac- , quienes rompieron con la revista Concilium, cuyo propósito declarado era perpetuar el «espíritu de Vaticano II». Los grandes teologos de la Communio afirmaron que los concilios son, sin duda, necesarios en la vida de la lslesia, pero que uno suspira de alivio al final de un concilio, pues la Iglesia puede entonces retomar su labor esencial. Mientras se reúne en concilio, la Iglesia está en suspenso, insegura, retorciéndose las manos. Fue precisamente la perpetuación del espíritu del Vaticano Il lo que provocó tanta vacilación y desvío en los años en que yo estaba alcanzando la mayoría de edad.

Por lo tanto, si debemos continuar con la sinodalidad, que se dedique a considerar medios prácticos para que la Iglesia pueda realizar con mayor eficacia su labor de adorar a Dios, evangelizar y servir a los pobres. Y que no se convierta en un rasgo definitorio y permanente de la vida de la Iglesia, para no perder nuestro brío y enfoque.

Documento Final

El Papa (Francisco) afirma que, con el Documento Final, devuelve a la Iglesia lo que ha desarrollado durante estos años (2021-2024) a través de la “escucha” (del Pueblo de Dios) y del “discernimiento” (¿del Episcopado?).

Pregunto:

¿Los laicos presentes representan al Pueblo de Dios?

Cardenal Joseph Zen
Sínodo extraordinario 2026

Los muertos

Los muertos están más vivos que nosotros. Ellos solo esperan Una cosa: que recemos por ellos

Padre Pío
En Fr. Alessio Parente, Send Me Your Guardian Angel, 1994.

La nueva mentalidad, se convierte, así, en ideología



que ha irrumpido en el mundo moderno. La mentalidad del ingeniero social supone un modelo de ciencia política que se basa en la negación radical de los fundamentos de la sociedad; es decir, en la negación de lo que la experiencia histórica ha acumulado. El <arte político> de Sievès es la consumación del nuevo paradigma; es el principio mismo de la ingeniería social. La revolución es, ante todo, el trastocamiento radical de la mentalidad política. La política debe despreciar los hechos, renegar de la historia, deshacerse de las costumbres y las tradiciones que el tiempo ha acumulado como razón práctica nacional. Los nuevos fundamentos no están en la realidad dada, sino en la mente de los que teorizan sobre la política. Esta se convierte, así, en ideología. Existe como idea que reclama las cuotas de poder que sean necesarias para hacerse realidad. Burke arremete contra los ideólogos:

Poseídos, como están, de estas nociones, es inútil hablarles del sistema de sus antepasados, de las leyes fundamentales de su país, de una forma estable de Constitución, cuyos méritos se basan en la sólida prueba de la larga experiencia y en el incremento del poder público y la prosperidad nacional. Desprecian la experiencia como si fuera la sabiduría de los ignorantes; y, en cuanto a lo demás, han puesto bajo el suelo una mina que volará con una tremenda explosión todos los ejemplos de la antigüedad, todos los precedentes, todas las cartas y las actas del Parlamento

Burke, Reflexiones sobre la Revolución Francesa, p. 120.