El enojo del diablo



Pasemos a la segunda parte del cántico. Después de la escena dramática de la mujer encinta “vestida del sol” y del terrible dragón rojo (cf. Ap 12, 1-9), una voz misteriosa entona un himno de acción de gracias y de júbilo.

El júbilo se debe a que Satanás, el antiguo adversario, que en la corte celestial actuaba de “acusador de nuestros hermanos” (Ap 12, 10), como lo vemos en el libro de Job (cf. Jb 1, 6-11; 2, 4-5), ha sido ya “arrojado” del cielo y, por tanto, ya no tiene un poder tan grande. Sabe que “le queda poco tiempo” (Ap 12, 12), porque la historia está a punto de dar un viraje radical de liberación del mal y por eso reacciona “con gran furor”.

Por otra parte, destaca Cristo resucitado, cuya sangre es principio de salvación (cf. Ap 12, 11). Ha recibido del Padre un poder regio sobre todo el universo; en él se realizan “la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios”.

Juan Pablo II

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