Categoría: Santo Padre

La Última Cena y el Reino de Dios

En la última cena, Jesús no entrega a otros su reino. Porque continúa refiriéndose a él como “mi Reino”. Los apóstoles no le sustituyen en ningún modo, aunque puedan compartir su reinado y su sacerdocio. El verdadero propósito de la nueva alianza, dice Jesús, es admitir a los discípulos “a comer y beber a mi mesa en mi reino”. Comparte el ejercicio de la autoridad en su Reino con aquellos con los que comparte su cuerpo, su alianza y su vida. La marca distintiva de esa autoridad es el servicio. Jesús mismo no se queda sentado, sino que sirve a los demás.

El signo del Reino será comer y beber en la mesa del rey. Pero Jesús hace notar que los discípulos están ya – en la Última Cena – comiendo y bebiendo a su mesa. No lo deja para una fecha posterior. La señal del Reino está allí, en presente, en la habitación superior, en el Cenáculo

¿Qué quiere decir esto? Significa que el Reino está ya presente en el alimento y en la bebida eucarística. La presencia del Reino seguirá cuando los apóstoles partan el pan en conmemoración de Jesús. La celebración de la Eucaristía manifiesta el Reino. El Reino y la eucaristía están vinculados estrechamente: el Reino de Dios es un Reino eucarístico.

La fe es razonable (Scott Hahn)

Antigua y Nueva Alianza


En el Evangelio de Lucas, Jesús se refiere al cáliz eucarístico como la “Nueva Alianza en mi Sangre” (22,20). Evoca las palabras de Moisés en Éxodo 24, 6-8: “Esta es la sangre de la alianza”; pero Cristo las combina con el oráculo de Jeremías -muy posterior a aquellas- referido a la promesa divina: Mirad que vienen días -oráculo del Señor- en que pactaré una nueva alianza con la casa de israel y la casa de Judá (Jr 31, 31)La “Nueva Alianza” de Jeremías iba a ser como la alianza rota del Sinaí (Jr 31, 32). El profeta aclaró (Jeremías 30-33) que, con la “Nueva Alianza”, se alcanzaría un nuevo nivel de intimidad con Dios (31, 33 -34); además de lograrse la reunificación del Reino dividido (31, 31), así como la restauración de la Casa de David (30, 9,33, 14-26), y de la alianza de David (33, 19-21) Eso era una gran noticia, una buena noticia, que sintoniza plenamente con las palabras de Jesús en la institución.
La fe es razonable (Scott Hahn)

Oración a san miguel arcángel

papa león xiii


san miguel arcángel defiéndenos de la pelea.
sé nuestro amparo contra la maldad y las asechanzas del demonio.
¡reprímele oh dios como rendidamente te lo suplicamos!

y tú, principe de las milicias celestiales,
armado del poder divino,
precipita al infierno a satanás y todos los espíritus malignos
que para la perdición de las almas,
vagan por el mundo

amén

Papa Urbano IV y el Milagro de Orvieto

en 1263, había en Bolsena, Diócesis de Orvieto, Italia, un sacerdote que, después de haber pronunciado sobre el pan las palabras de la consagración, cediendo a la instigación de Satanás, se puso a dudar de la transubtanciación. Este desgraciado se decía a sí mismo: No siento nada, no veo el menor indicio de cambio! No, no es cierto que Jesucristo esté bajo esta apariencia. No contento con alimentar esta duda, llegó a negar positivamente la presencia real de Jesucristo, cayendo así en una verdadera herejía. No obstante esto, continuó diciendo Misa y consagrando. Un día, al elevar la Hostia después de la consagración, la Sangre corrió como una lluvia que cae de las nubes. Ya se considerará el estupor del sacerdote al ver este espectáculo; permaneció inmóvil, muy emocionado, y se percibió que esta lluvia misteriosa venía de la Hostia. El pueblo veía el mismo milagro y exclamaba: !Oh Preciosa Sangre!, Oh Sangre Divina! ¿Cuál es la causa de tu efusión? Oh Lluvia Sagrada, corre sobre nuestras almas, purificados de nuestros pecados! Unos se daban golpes de pecho, otros derramaban lágrimas ardientes.

Al oír los clamores del pueblo, el sacerdote volvió en sí, bajó la santa Hostia y quiso colocarla sobre el corporal, pero éste quedó tan humedecido, que apenas encontró un lugar seco donde pudiera depositarla. Ante semejante manifestación, los ojos de su alma se abrieron, reconoció su falta, se arrepintió sinceramente de su incredulidad, y continuó la celebración de los divinos misterios con tal abundancia de lágrimas, que varias veces se vio en la necesidad de suspender sus oraciones. Después de la comunión dobló el corporal lo mejor que pudo, con objeto de que el prodigio quedase oculto; más cuando terminó la Misa los fieles fueron a interrogarle para cerciorarse de si era verdad lo que habían visto. El sacerdote se vió obligado a enseñarles el corporal, y al verlo, los asistentes cayeron de rodillas, golpeándose el pecho e implorando la Divina Misericordia. Este acontecimiento tan extraordinario atrajo gran número de curiosos a Bolsena. Urbano IV lo supo, y ordenó que el celebrante fuese con el corporal a Orvieto, donde él estaba. El desgraciado eclesiástico fué temblando, se prosternó ante el Papa pidiéndole perdón, le contó sus dudas pasadas, la efusión de la preciosa Sangre, y le mostró como prueba los vestigios sobre el corporal. El Papa, sobrecogido de emoción se arrodilló y besó el lienzo milagroso. Urbano IV hizo construir más tarde una iglesia magnífica en Bolsena, en honor de la preciosa Sangre, y ordenó que una procesión recorriese la ciudad, el día del aniversario de este prodigio. El milagroso corporal se ve hoy todavía en la catedral de Orvieto. Este admirable suceso fue una de las principales razones para que el Papa confirmase la institución de la fiesta del Santísimo Sacramento.

Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem)

Santo Ángel de la guarda



la creencia en la compañía y protección del santo ángel de la guarda ha sido una enseñanza que ha estado profundamente arraigada en el pueblo cristiano como nos lo recuerda el entonces Cardenal Ratzinger: “junto a los ángeles misteriosamente “caídos”, que recibieron un misterioso papel de tentadores, resplandece la visión luminosa de un pueblo espiritual unido a los hombres por la caridad… en él arraiga la confianza en esa nueva prueba de solicitud de Dios por los hombres cual es “el ángel de la guarda”, que ha sido asignado a cada uno, y al que se dirige una de las oraciones más queridas y difundidas de toda la cristiandad. Se trata de una persona benéfica que la conciencia del pueblo de Dios ha acogido siempre como una muestra de la Providencia, del interés del Padre por sus hijos

Los ángeles



Hoy en día es muy común escuchar hablar de los ángeles, lo lamentable es que esto se haga de una manera incorrecta y que se les tribute un culto que se sale de la ortodoxia de la fe católica; y es que la Nueva Era se ha convertido en la mayor promotora de esta desviación hablando de “¿Cuál es el nombre de tu ángel?”, “acoge la visita de tu ángel; deja la puerta abierta…” y un sin número de prácticas raras que nada tienen que ver con las enseñanzas de nuestra fe.

La doctrina católica nos enseña, respecto de los ángeles, que:

Son de naturaleza espiritual: «En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad» (Catecismo, 330).

Son criaturas personales (cf. Pío XII, encíclica. Humani Generis: DS 3891).

Inmortales (cf. Lc 20, 36).

Superan en perfección a todas las criaturas visibles.

Son mensajeros y servidores de Dios: «Desde la creación (cf. Jb 38, 7, donde los ángeles son llamados “hijos de Dios”) y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal (cf. Gén 3, 24), protegen a Lot (cf. Gén 19), salvan a Agar y a su hijo (cf. Gén 21, 17), detienen la mano de Abraham (cf. Gén 22, 11), la ley es comunicada por su ministerio (cf. Hch 7,53), conducen el pueblo de Dios (cf. Ex 23, 20-23), anuncian nacimientos (cf. Jc 13) y vocaciones (cf. Jc 6, 11-24; Is 6, 6), asisten a los profetas (cf. 1 R 19, 5), por no citar más que algunos ejemplos» (Catecismo, 322).

Es importante aclarar que «La existencia de seres espirituales, no corporales, que la sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición» (Catecismo, 328), es decir, su existencia no puede ser puesta en duda.

¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles, los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes apenas oyen la voz de su palabra! (Salmo 103,20).

Satanás



No hay tema como el del Diablo para suscitar el revuelo de una sociedad secularizada; esto porque muchos lo consideran -en palabras del Cardenal Ratzinger- como una “supervivencia folklórica”, como un aspecto “inaceptable para una fe que ha llegado a la madurez”.

Sin embargo, nuestra Santa Madre Iglesia no cesa de reafirmar las enseñanzas de nuestra fe; así lo hizo claramente, y en repetidas ocasiones, el Papa Pablo VI, que no se calló ante las reacciones y presiones de la prensa, y que aquel famoso 15 de noviembre de 1972 afirmó: “el mal que existe en el mundo es el resultado de la intervención en nosotros y en nuestra sociedad de un agente oscuro y enemigo, el Demonio. El mal no es ya sólo una deficiencia sino un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa. Se sale del marco de la enseñanza bíblica y eclesiástica todo aquel que rehúsa reconocerla como existente”.

Así pues, partiendo de la enseñanza de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio, a lo que también se suma la experiencia de grandes exorcistas de la Iglesia, debemos reafirmar hoy que el demonio existe y es un ser concreto, personal y que actúa en la vida del hombre. Para comprender el origen, su naturaleza y la forma cómo actúa debemos empezar por conocer el mundo de los ángeles

Los ausentes


El sacerdote no dice solamente. “Este es el cáliz de mi sangre”, sino que añade: “Derramada por vosotros y por muchos otros, para la remisión de los pecados”. Así como las primeras palabras han sido cumplidas infaliblemente, las últimas deben serlo también. “Por vosotros y por muchos otros”, es decir , por vosotros que asistís a la Misa, por los ausentes, por aquellos que la hacen celebrar, por todos aquellos que asistirían si pudiesen, (pero que se los impide la enfermedad, el cautiverio o negocios importantes), con tal que se unan al sacrificio o que se encomienden a él, ¡Qué sublime misterio!
Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem)

La libre interpretación



El Espíritu Santo no puede revelar a una secta una verdad y a otra decirle algo diferente; no puede decir a unos que María fue siempre virgen y a otros que no lo fue; no puede decir a unos que se deben bautizar de pequeños y a otros que el bautismo solo es para los adultos, y etc. El espíritu Santo no se puede contradecir, el enseña la verdad que es una sola. Por ello no pueden existir diversas interpretaciones y enseñanzas sobre la Palabra de Dios; existe una sola y ésta es custodiada por la única Iglesia que Cristo fundó.

“La Iglesia es pilar y fundamento de la Verdad” (1 Tim 3, 15), por tanto, es a ella a quien le corresponde interpretar adecuadamente la Palabra de Dios. Además, Jesús pide unidad en Jn 17,21; con la libre interpretación no se cumple con la Voluntad Divina, pues cada interpretación da pie a una nueva doctrina, y ésta, a una nueva «iglesia». La razón humana individual, al ser limitada, variable y contradictoria, tomando carácter de juez, termina por despojar la Palabra de Dios de su carácter sobrenatural. Por estas razones la Sagrada Escritura no puede ser interpretada por cuenta propia, y esto ya nos lo advertía el apóstol Pedro:

2 Pe 1, 20: “Pero tengan presente, ante todo, que nadie puede interpretar por cuenta propia una profecía de la Escritura”.

2 Pe 3,16: “En ellas hay pasajes difíciles de entender, que algunas personas ignorantes e inestables interpretan torcidamente -como, por otra parte, lo hacen con el resto de la Escritura- para su propia perdición”.

Fue la Iglesia quien, bajo la luz del Espíritu Santo, definió el Canon bíblico en el Concilio de Cartago en el año 397, por tanto, con la autoridad con la que definió los libros sagrados, con esa misma autoridad los interpreta. ¿Cómo pueden los hermanos separados creer firmemente en la Sagrada Escritura y dudar de la autoridad que la definió? ¡Absurdo! Dudar de la autoridad de la Iglesia es dudar de la Sagrada Escritura.

Servidores de la oración



Los ministros ordenados son también responsables de la formación en la oración de sus hermanos y hermanas en Cristo. Servidores del buen Pastor, han sido ordenados para guiar al pueblo de Dios a las fuentes vivas de la oración: la palabra de Dios, la liturgia, la vida teologal, el hoy de Dios en las situaciones concretas (cf PO 4-6).