Categoría: Santo Padre

Catacumbas de San Calixto


Cripta de los papas (9 papas y 8 obispos del siglo III) (Constantino y su edicto de milán fué en el 313)
placa conmemorativa mandada a escribir por el Papa Dámaso I, (Portugal, 304 – Roma, 11 de diciembre, 384) para el dia de nacimiento de la vida eterna de Sixto II (año 222), escrito para los peregrinos que llegaban a las catacumbas
“si lo buscan aquí reposa reunida una muchedumbre de santos, los sepulcros venerados guardan sus cuerpos, mientras que el rey del cielo acogió sus almas elegidas, aquí están los compañeros de sixto que triunfaron sobre el perseguidor, aquí yo también Dámaso, lo confieso hubiera querido ser sepultado, pero tuve miedo de estorbar las cenizas de los santos”

Las catacumbas de San Calixto

es el primer Cementerio oficial de la Comunidad romana, el glorioso sepulcro de los Padres del siglo III
Las catacumbas se construyeron a finales del siglo II,2 con algunos subterráneos cristianos privados y de un área funeraria directamente dependiente de la iglesia romana.3 Toman nombre del diácono Calixto I, propuesto por el papa Ceferino a la administración del cementerio mismo. Subió a su vez al trono pontificio, Calixto amplió el complejo funerario, que bien pronto se convirtió en una iglesia oficial.
Las catacumbas de San Calixto han alojado la sepultura de 16 papas, también si no es cierto el lugar de inhumación de San Ceferino:
San Ceferino (?), San Urbano I, San Ponciano, San Antero, San Fabián, San Cornelio, San Lucio I, San Esteban I, San Sixto III, San Dionisio, San Felipe I, San Eutiquiano,San Cayo, San Eusebio, San Melquíades, San Dámaso I.

Pez y pan eucarísticos, pintura sobre la pared de la cripta de Lucina, en la catacumba de San Calixto, Roma

LA TRADICIÓN DE LA ORACIÓN



La oración no se reduce al brote espontáneo de un impulso interior: para orar es necesario querer orar. No basta sólo con saber lo que las Escrituras revelan sobre la oración: es necesario también aprender a orar. Pues bien, por una transmisión viva (la sagrada Tradición), el Espíritu Santo, en la “Iglesia creyente y orante” (DV 8), enseña a orar a los hijos de Dios

La tradición de la oración cristiana es una de las formas de crecimiento de la Tradición de la fe, en particular mediante la contemplación y la reflexión de los creyentes que conservan en su corazón los acontecimientos y las palabras de la Economía de la salvación, y por la penetración profunda en las realidades espirituales de las que adquieren experiencia (cf DV 8).

Camina conmigo



Nosotros debemos prepararnos para sufrir grandes pruebas dentro de poco, tales que demandarán de nosotros una disposición a perder la vida, y una total dedicación a Cristo y por Cristo… Con vuestras oraciones y las mías es posible mitigar esa tribulación, pero ya no es posible apartarla, porque solo así la Iglesia puede ser efectivamente renovada. ¿Cuánto tiempo llevará la renovación de la Iglesia surgida de la sangre? Ese tiempo, demasiado, no será de otra manera. Nosotros debemos ser fuertes y estar preparados, y confiar en Cristo y en su Madre, y ser muy, muy asiduos en el rezo del Rosario
Juan Pablo II en Fulda (Alemania) en 1981

Religiosos que no dan la talla

Oh, qué grande era el fervor de todos los religiosos en los comienzos de su santa comunidad
Oh, qué devotos eran para orar, cuánto esmero tenían por progresar en la virtud, con qué austeridad y disciplina vivían, cuán respetuosos y obedientes eran para con los superiores que los dirigían.
Los recuerdos de su vida atestiguan que fueron gente santa y perfecta, que combatieron valerosamente contra los ataques del mundo, y pisotearon los engaños mundanales
Pero ahora ya se considera gran cosa que uno no desobedezca gravemente a los reglamentos que le obligan, y que acepte con paciencia las obligaciones, que se comprometió a sobrellevar con alegría.
Ah, qué tibieza, que negligencia en nuestra vida de piedad! que pronto hemos decaído del primer fervor, y de puros tibios y cansados ya hasta nos aburre la vida espiritual
Ojalá que no de adormescas completamente en el progreso, en la virtud, tú que has visto tantos buenos ejemplos de personas fervorosas
Hoy, si escuchas la voz de Dios, no endurezcas tu corazón (Salmo 94)
Tienes nombre de vivo, pero estás muerto, reanima lo que en ti está a punto de morir, pues Dios no ha encontrado perfectas tus obras. Arrepiéntete, pues Él, el Señor va a llegar de manera inesperada. El vencedor será revestido de blancas vestiduras, su nombre estará escrito en el Libro de la Vida, y Jesucristo, lo proclamará ante el Padre y sus ángeles (Apocalipsis 3)

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

El enojo del diablo



Pasemos a la segunda parte del cántico. Después de la escena dramática de la mujer encinta “vestida del sol” y del terrible dragón rojo (cf. Ap 12, 1-9), una voz misteriosa entona un himno de acción de gracias y de júbilo.

El júbilo se debe a que Satanás, el antiguo adversario, que en la corte celestial actuaba de “acusador de nuestros hermanos” (Ap 12, 10), como lo vemos en el libro de Job (cf. Jb 1, 6-11; 2, 4-5), ha sido ya “arrojado” del cielo y, por tanto, ya no tiene un poder tan grande. Sabe que “le queda poco tiempo” (Ap 12, 12), porque la historia está a punto de dar un viraje radical de liberación del mal y por eso reacciona “con gran furor”.

Por otra parte, destaca Cristo resucitado, cuya sangre es principio de salvación (cf. Ap 12, 11). Ha recibido del Padre un poder regio sobre todo el universo; en él se realizan “la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios”.

Juan Pablo II

Confrontación

«Ahora estamos parados frente a la mayor confrontación histórica que la humanidad ha experimentado alguna vez.
No creo que el gran círculo de la Sociedad Americana, o de todo el amplio círculo de la comunidad cristiana se dé cuenta de esto completamente.
Ahora nos enfrentamos a la confrontación final entre la Iglesia y la anti-iglesia, entre el Evangelio y el anti-evangelio, entre Cristo y el anticristo.
El enfrentamiento se encuentra dentro de los planes de la Divina Providencia. Está, por lo tanto, en el plan de Dios, y debe ser un juicio que la Iglesia debe asumir y afrontar con valentía.
Tenemos que estar preparados para someternos a grandes pruebas en un futuro no muy lejano. Pruebas que nos obligarán a estar dispuestos a renunciar a incluso nuestras vidas.
Y una entrega total de sí mismos a Cristo y para Cristo.
A través de sus oraciones y la mía, es posible aliviar esta aflicción, pero ya no es posible para evitar que suceda. ¡Cuántas veces la renovación de la Iglesia ha sido a través de la sangre! No va a ser diferente esta vez».
San Juan Pablo II

Conciliación

“La conciliación con el espíritu del mundo no solo debilita la fe, lleva a su perdida total.” San Pio X

La autoridad de Pedro

El más grande erudito de las Escrituras y de la antigüedad San Jerónimo, que tradujo toda la Biblia al latín, saludaba al Papa con estas palabras: Hablo con el sucesor del Pescador y el discípulo de la cruz. No siguiendo más que a Cristo como a mi primado, estoy también unido en comunión con su Beatitud; es decir, con la cátedra de Pedro. Sé que sobre esa Roca se construye la Iglesia. Quien coma el cordero fuera de esa casa es un pagano. Quién no esté en el arca de Noé perecerá cuando llegue el diluvio”

Sobre la Unidad de la Iglesia (San Jerónimo)

La autoridad de Pedro

Era, en muchos aspectos, como la de los demás apóstoles. Compartía la autoridad con ellos; les consultaba los diversos asuntos; recibía de ellos la corrección oportuna. Pero siempre le tocaba a él asumir la responsabilidad última. en Hechos 1, Pedro lideró al colegio apostólico para resolver la crisis abierta por la muerte de Judas. En Hechos 11, al tener que hacer frente al “partido de la circuncisión”, Pedro simplemente les explicó lo que Dios le había manifestado a él; y el recelo inicial se terminó inmediatamente, sin disenso, ni discusión, ni preguntas. “Al oír este se tranquilizaron (Hechos 11, 18) En el Concilio de Jerusalén (Hechos 15), fue Pedro quien clausuró el debate (Hechos 15, 7-12). Definió la doctrina que luego confirmó y concreto Santiago (Hechos 15, 14-18)