La mortificación debe practicarse con prudencia y discreción. Debe ser proporcionada a las fuerzas físicas y morales de cada cual, y al cumplimiento de las obligaciones de nuestro propio estado. Es importante mortificar todos los sentidos
Los ojos,
rechazando definitivamente el ver cosas deshonestas, evitando ver cosas peligrosas y ofreciendo alegremente el sacrificio de no ver cosas superficiales
