El totalitarismo

El totalitarismo

no se contenta con hacerse obedecer. El temor despótico, que funciona tan solo con el objeto de inhibir resistencias, se distingue del terror, totalitariol en tanto y en cuanto este funciona principalmente como medio para rehacer la realidad. Dicho de otra forma, el terror en el totalitarismo es un medio no tanto para permanecer en el poder como para llevar adelante un ambicioso proyecto de ingenieria social. Lejos del temor que refrena y detiene el movimiento, y que se conforma por lo tanto con una sumisión petrificada, el terror totalitario se concibe como un acelerador del movimiento inherente a las claves ideológicas preestablecidas que dan forma y contenido a sus delirios ingenieriles. De esta manera, también a través del terror, el totalitarismo deja ver su radical modernidad

De la dialéctica del despotismo, que produjo aquel embrión de totalitarismo tras la Revolución francesa, surgio por primera vez el terror como medio político para la ingeniería social. La práctica del terror consolidada a partir de 1793 tuvo por objetivo no simplemente inhibir resistencias sino redefinir la sociedad francesa como tal. Los revolucionarios bolcheviques tenían muy bien estudiada aquella experiencia, conocían sus ventajas y peligros, y atribuían a los jacobinos un descubrimiento que, a su turno, los bolcheviques también tendrían que aprender a usar

Entiendo que el terror, a diferencia del mero temor, surge de la falta total de previsibilidad. El fenómeno del terrorismo, por ejemplo, se basa en la incertidumbre de no saber si uno puede ser o no la próxima víctima. No hay cálculo posible, no hay cursos de acción que eleven los ni veles de seguridad, no hay decisiones a la vista que logren ponerlo a uno a salvo: el terror es el fruto de la más desesperante imprevisibilidad.

«Así como el principio del gobierno despótico es el temor, su objetivo es la tranquilidad» (Montesquieu, Del espiritu de las leyes, p. 94).

Nikita Kruschev, en su discurso revisionista de 1956, en el que se enfrenta directamente a la figura del
ya fallecido Stalin, expresará sobre el régimen de terror construido por este útimo que «no podemos decir que fuesen las acciones de un déspota loco, él consideró que esto debía hacerse en el interés del partido, de las masas trabajadoras, en nombre de la defensa de los logros de la revolución. En esto está toda la tragedia» (Linz, Sistemas totalitarios y regimenes autoritarios, p. 515)

Furet, Marx y la Revolución Francesa.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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