La pérdida de la condición humana («Nada de esto es inmoral» Trotski)



En el camino que lleva a su exterminio, estos grupos pierden su condición humana, en primer lugar, por obra del discurso. Las palabras hacen de ellos entidades infrahumanas, insectos molestos, plagas imposibles de soportar. Las plagas se exterminan. En un ensayo de 1908 (« Lecciones de la comuna»), Lenin ya aplicaba el término «exterminio» para referirse a una necesidad política que un grupo debe cumplir en detrimento de otro: el proletariado debe exterminar a la burguesía. La guerra de clases es una guerra de exterminio. Cuando Hitler, en Mi lucha, llamó «sabandijas venenosas> y «manada de
ratas feroces» a los judíos y clamó por su exterminio, ya había aprendido de Lenin, quien tildaba a los kulaks de «araňas», «chupasangres» y «sanguijuelas», En 1918, en el marco de su guerra contra los campesinos, llegó a solicitar «la depuración en el terreno ruso de todo insecto dañino, toda pulga desvergonzada, toda chinche [..] los ricos, y así sucesivamente».

Maestros de la deshumanización a través del lenguaje, los bolcheviques entendieron muy bien
que el exterminio de categorías sociales enteras empezaba precisamente en el terreno de las
palabras.

A diferencia del mero autoritarismo, que resulta más violento cuanto menos firme se halla en el poder y menos violento cuanta menos oposición encuentra, el totalitarismo, por la índole misma de sus objetivos ingenieriles, y por medio de la redefinición sucesiva de las categorías de indeseables plagas a las que corresponde exterminar, resulta más violento cuanto más afianzado se encuentra el régimen.  El nacionalsocialismo fue infinitamente más asesino a partir de 1939 que en 1933. El terror bolchevique fue mucho más destructivo durante el estalinismo que durante la guerra civil que siguió a la revolución de 1917. Que el terror es un medio para rehacer la sociedadsu estructura, sus instituciones, sus valores dominantes– e incluso al hombre como tal- a la nueva sociedad le corresponde el «hombre nuevo» salta a la vista precisamente cuando consideramos que, a mayor dominio, mayores niveles de terror. La teoría en cuestión se expuso sin ambages en el pleno del Comité Central soviético, en febrero de 1937: «Cuanto más se avanza hacia el socialismo, más encarnizada es la lucha de los residuos de las clases moribundas», O sea, cuanto más se afianza el socialismo, más se debe reprimir a aquellos que no encajan enel paraíso igualitario. El terror se vuelve sistema; el terror es, de hecho, el núcleo duro del régimen totalitario. Ninguna ley hecha por los hombres puede poner a salvo a aquellas categorías de personas indeseables. Sobre ellas pesa el veredicto de la clave fundamentalle y de leyes-que la ideología ha develado: las «clases moribundas» de Stalin no son más que eso mismo, muertos que todavía viven, cuya desaparición definitiva ya ha sido decretada por las leyes de la evolución económica. Las «razas subhumanas» y los «defectuosos» identificados por Hitler, por su parte, tampoco son más que eso mismo: componentes desechables de la humanidad cuya extinción ya está predeterminada por las leyes de la evolución biológica, La ley humana jamás puede detener estos veredictos superiores; o los acompaña, o al menos no los estorba. De aquí surgen los niveles de inseguridad jurídica nunca vistos antes del totalitarismo; de aquí que el
Estado totalitario se presente como el reverso del Estado de derecho. Es la ideologia totalitaria, y no la ley, la que conforma el orden social. El fiscal general de la URSS, Andréi Vishinski, reconocía precisamente esto cuando escribía en 1935 que «la ley formal está subordinada a la ley de la revolución», Solo así se entiende que en importantes procesos judiciales las paredes se adornaran con consignas que rezaban: «Los obreros y campesinos juzgan conforme a los principios de la lucha de clases». Ni siquiera las normas morales se salvaron de su entera subordinación a la ideología cuando Lenin definió que <la moralidad es lo que sirve a la destrucción de la vieja sociedad de explotadores y a la unión de todos los trabajadores»,  De ahí que Trotski pudiera decir en 1917: «No hay nada inmoral en que el proletariado acabe con la clase moribunda, es su derecho».

Hitler, Mi lucha, pp. 133 y 230.
Pipes, La revolución rusa, p. 859.
Linz, Sistemas totalitarios y regimenes autoritarios, p. 519, y por Arendt, Los orígenes del totalitarismo, p. 570.
Courtois et al., El libro negro del comunismo, p. 269.
Nolte, La guerra civil europea, 191 7-1945, p. 402.

Nota: Arendt explica al respecto que «los nazis, previendo a conclusión del exterminio de los judíos, habían dado ya los pasos preliminares para la liquidación del pueblo polaco, mientras que Hitler proyectaba incluso diezmar ciertas categorías de alemanes; los bolcheviques, ha biendo empezado con los descendientes de las antiguas clases dominantes, dirigieron todo su terror contra los kulaks (en los primeros años de la década de 1930), que a su vez fueron sucedidos por los rusos de origen polaco (entre 1936 y 1938), por los tártaros y los alemanes del Volga durante la guerra, por los antiguos prisioneros de guerra y las unidades de las fuerzas de ocupación del Ejército Rojo después de la guerra y por la judería rusa tras el establecimiento de un estado judío» (Los origenes del totalitarismo, p. 573)
Nota: «Todo ocurrió comno si, entre 1917y 1938, el terror revolucionario, en lugar de debilitarse progresivamente, se acrecentase en la misma medida en que avanzaba la estabilización del régimen», nota Aron sobre la URSS (Democracia y totalitarismo, p. 284). En el caso del nacionalsocialismo, el terror se agudiza especialmente a partir de 1941, o sea, varios años después del acceso al poder.
Nota: Esta idea, que pertenece a Hannah Arendt, ya había sido esbozada de alguna manera por Isaac Steinberg, quien se desempeñó como comisario de Justicia de Lenin. Ya en 1920, Steinberg escribía: «El terror no es un gesto individual, ni una manifestación aislada, fortuita incluso recurrente- de la furia del gobierno. El terror es un sistema [. .J, un plan legalizado del régimen con miras a lograr la intimidación masiva, la coacción masiva, el exterminio masivo. El terror es un registro calculado de
castigos, represalias y amenazas mediante los cuales el gobierno intimida, seduce e impone el cumplimiento de su imperiosa voluntad. El terror es un manto pesado y asfixiante que se tiende desde arriba sobre toda la población del pais, un manto tejido con desconfianza, vigilancia acechantey sed de venganza» (citado en Pipes, La revolución rusa, pp. 861-862).
Nota: «Os indignáis ..] ante el terror ínfimo que ejercemos sobre nuestros enemigos de clase, pero sabed que en un mes más, como mucho, el terror habrá de adquirir formas mucho más aterradoras, siguiendo el modelo de los grandes revolucionarios franceses» (citado en Pipes, La revolución rusa, p. 860).

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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